Mayo 19, 2009
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubasindical.org) - El cubano promedio no evade los problemas. Flota sobre ellos. Se sumerge y forma una conga en sus alrededores, una mesa redonda en el centro y alguna que otra marcha combativa en los puntos menos vulnerables de su interior.
Aquí no hay tregua para el tiempo malo, pues siempre ha ido de mal en peor. Sólo el exilio o la muerte nos alejan del constante lidiar contra las dificultades, al menos en un cuerpo a cuerpo de mono amarrado y león.
Y es por eso que a diferencia de los habitantes de algunos países del Primer Mundo no acudimos a los productos de evasión en tiempos de crisis.
Según las estadísticas, más de 60 millones de norteamericanos acudían al cine cada semana en los primeros años de la Gran Depresión (1929), aunque no tuvieran empleo ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca.
Ahora, en 2009, lo que más se vende en materia literaria dentro de los Estados Unidos son libros de terror o propuestas sentimentales “corintelladescas”. Y como si fuera poco, y pese a que el precio del boleto subió en un 15 por ciento en este año, la asistencia a las salas de cine ha crecido en un 14 por ciento.
Esto demuestra que los norteños sólo pueden escaparse a través de productos de evasión ajenos al pensamiento y al verdadero arte.
En Cuba no. Los cubanos no pueden eludir la realidad, ni acuden a la literatura o al cine para escaparse. Aquí se fugan del país o convierten su pellejo en un tambor.
En primer lugar porque los precios de los libros se han elevado por encima de las posibilidades de un trabajador, y la diversidad temática aún oscila entre los paralelos de Pasajes de la guerra revolucionaria y El Capital, Habana-Babilonia y Naná.
En segundo, debido a que la mayoría de los cines están clausurados, en reparación, con el proyector y el aire rotos, o los han convertido en almacenes, guaridas de Brigadas de Respuesta Rápida y otros usos más cercanos al vertedero municipal que al Séptimo Arte.
Las diferencias son enormes y nuestros métodos de escape también.
En lugar de ver filmes como Rápido y Furioso o La Venganza, los cubanos con empleo se sientan en el muro del malecón a mirar la estrella del Norte y muchas cubanas con pan salen en busca de turistas a que se lo embarren aunque sea de mantequilla.
De optar por quedarse en casa para escapar acuden al DVD, la antena clandestina, el dominó, la música, el ron, el palomar, la venta de coquitos o mirar la puesta de sol.
Es decir, que nadie como un cubano sabe lo que significa luchar cada instante por evadirse y siempre tropezar con un discurso, la FOTO, un acto de reafirmación o de repudio, y como fondo los tambores que llaman a la guerra en medio de la oscuridad.
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