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Abril 29, 2009

Ocaso de un experimento laboral

Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press

LA HABANA, Cuba – mayo 2009 (www.cubasindical.org) - Un microbrigadista de La Habana del Este explica: “La construcción hoy día de un edificio  estándar de cinco plantas con 45 apartamentos puede demorar hasta diez años. Si la empresa envía cemento es un buchito, no llega completo. Si hay cemento faltan las cabillas, o la arena o la gravilla o se fue el carpintero encofrador o el plomero está de vacaciones. Todo era más dinámico veinte años atrás.”

Cuenta que lleva catorce años en la micro “y no llega el santo día que me entreguen las llaves de mi apartamento. Mi esposa y los niños llevamos quince años albergados. El edificio donde vivíamos se derrumbó. ¿El horario? De siete a seis de la tarde seis días a la semana. El domingo, descanso; digo, si no hay trabajo voluntario. Ese es el horario a pie de obra. Si vives lejos debes sumar dos o tres horas de transporte público.”

Llevar años de trabajo en una microbrigada de la construcción es sólo una aproximación al beneficio de recibir un apartamento en arrendamiento, pero no garantía absoluta.

El derecho lo otorgan la asamblea de trabajadores y el Partido Comunista del centro laboral contrapesando méritos laborales: horas acumuladas de trabajo voluntario (extras), cumplimiento de horarios sin ausentismo ni llegadas tarde y otros parámetros -incluído el profesar lealtad a los dictados del Partido. Tienen igual y democrático derecho a aspirar por un apartamento el microbrigadista de todos los días como el funcionario que nunca cargó una carretilla de concreto o recogió escombros.

El trabajo de la microbrigada es agotador y “muchos, con un pretexto u otro, le han sacado el cuerpo. El gobierno cubre las deserciones con presos en libertad condicional o con trabajo correccional. Yo sí tengo que morir quema'o si quiero tener mi apartamento'', concluye el microbrigadista.

El déficit habitacional acelerado y la falta de mantenimiento constructivo dio origen al Movimiento de Microbrigada en la isla y necesitó de gran cantidad de recursos materiales y de fuerza laboral. ¿De dónde sacar tantos constructores? De las empresas. Miles de hombres y mujeres que nunca habían cogido en la mano un martillo, una cuchara de albañilería, usado la plomada o batido cemento quedaron de repente convertidos en albañiles, plomeros y carpinteros.

El lugar con mayor atractivo constructivo por el sistema de microbrigadas fue Alamar, barrio a 15 kilómetros de la capital concebido como ciudad satélite para descongestionar la apiñada urbe. Eran tiempos de bonanza entre Cuba y la Unión Soviética. Leonid Brezhnev en su visita a La Habana en enero de 1974 fue paseado por la ciudad en expansión, que quedó a medias.

Las microbrigadas en la isla languidecieron, aumentado el déficit de viviendas. El derrumbe de la Unión Soviética, sus subvenciones financieras y el período especial pusieron en ocaso el experimento constructivo. Pero el declive inmobiliario comenzó mucho antes, con la confiscación  de grandes y pequeñas compañías constructoras en los primeros años de la Revolución.

El decreto ministerial de 13 de marzo de 1968 centralizó en el Estado las nuevas construcciones y reparación de viviendas. Pronto estarían en ruinas. 

cosanoalen@yahoo.com

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