Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Junio 12, 2009

Pedid ¿y se os dará?

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubasindical.org) - Las mismas quejas vuelven al ruedo. Los decibelios de la indignación atizando el fuego del debate. El planteamiento heredado del año anterior ahora con otras voces que también buscan, al igual que sus predecesoras, un ápice de atención al urgente reclamo. Se retoma el lenguaje como única manera de aliviar la impotencia. Es natural advertir que “solución” es un término pueril que no traspasa la línea que separa el valor gramatical del concerniente a su estructuración práctica.

Ahí están los que viven en ciudadelas y edificios doblegados por la erosión, a la espera de sus pedidos para aliviar los temores de un derrumbe. Aún aguardan por las bolsas de arena y cemento, las vigas de madera que aplacen la caída del techo o el impermeabilizante para atenuar el efecto de las lluvias en otras de las áreas más frágiles del inmueble.

El anciano que clama por que se repongan los bombillos fundidos del alumbrado público debe ponerle las mismas palabras a un discurso que se disuelve en otro mar de promesas y justificaciones. No importa que exhiba los golpes de las últimas caídas provocadas por la combinación de baches y sombras.

Traer a colación la escalada de robos y asaltos estimulados por la densa oscuridad, promueve un coro de apoyo en el auditorio, pero con el paso de los días sale a flote la frivolidad de esas convocatorias de los órganos de poder municipales que se hacen llamar Asambleas de Rendición de Cuentas.

De acuerdo a la prensa oficial se han efectuado un total de 11 706 reuniones en la capital con la asistencia del 76% de los ciudadanos. Se estima que la participación crezca a medida que concluyan el resto de las asambleas.

Ir a estos cónclaves que se celebran en todos los vecindarios del país se ha convertido en un ritual donde se asiste por motivos apremiantes. Que no haya tan siquiera un representante del núcleo familiar en los referidos encuentros podría generar cuestionamientos políticos de muy adversas consecuencias. En Cuba ese precio pocos están dispuestos a pagarlo.

En honor a la verdad, en estos concilios a nivel de barrios se airean protestas, exigencias, denuncias, con la salvedad de que rara vez ponen en entredicho las bases del sistema generador de esos niveles de negligencia e ineptitud  a la hora de enmendar los problemas más críticos en la comunidad.

Los delegados de circunscripción -rango que se equipara al de un alcalde- no interrumpen la descarga del atribulado, le dan cierto margen para que se desahogue. Estos funcionarios tienen a su disposición un amplio arsenal de gestos, frases y discursos, según  la intensidad y el tono del planteamiento.

La calibrada reprensión ante un desborde de pasiones, la disculpa en clave de sermón por el continuo e interminable aplazamiento de la respuesta a la dificultad, las promesas retocadas con nuevas palabras, el gesto de humildad: todo se repite con una exactitud impresionante.

Creer en la reconsideración de una fórmula tan desgastada e inútil es imposible. En esas asambleas se refleja una de las aristas de la quimérica democracia socialista. Lo figurativo vuelve a ocupar el sitio de lo real.

El drama de los que sufren la crónica escasez en el suministro de agua, el clamor ante los basurales en cada esquina, las reiteradas reclamaciones para que eliminen la rotura que provoca el vertimiento de aguas albañales. Esos temas difícilmente se borren de la agenda. Lo más probable es que se agreguen otros con su profusa lista de afectados.

Abrir un resquicio para que refunfuñen y supliquen es algo para toda esa gente sumida en el vórtice de las tribulaciones.

Una pequeña dosis de libertad de expresión es un antídoto eficaz para canalizar las frustraciones de la plebe. El rey y sus secuaces lo saben muy bien.

Más de media centuria en el poder, frente a esa tibieza generalizada de la sociedad ante el cúmulo de problemas irresueltos, es un hecho que merece la repulsa o una mirada suspicaz. Nunca el aplauso, ni gesto alguno que promueva la admiración.

Subjetivas y absurdas son gran parte de las causas. Profundo  el dolor ante el rosario de excusas, promesas y otros artificios retóricos. 

oliverajorge75@yahoo.com 

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