Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Junio 15, 2009

Papelucheros en el aula magna

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubasindical.org) - En un país donde el mayor aval es la participación en actividades políticas y no el desempeño de la capacidad profesional, es de vida o muerte acumular papeles.

No por gusto algún chino comunista expresó que “papelito jabla lengua”.

Si desde que nos traen al mundo entregan a nuestros padres la partida de nacimiento, luego los papeles para las compotas, el talco Bebito, el tarjetón de las vacunas y la inscripción en el registro de direcciones, cómo evitar que seamos adictos a la papelería.

Y aún más cuando sumamos la inscripción en el punto de leche, la bodega, la policlínica, el círculo infantil, y comienzan a exigirnos la entrega de papeles que nos acrediten como forjadores del futuro.

Ya en la escuela primaria, allá te van “hago constar” para el uniforme, certificados de Ya aprendí a leer, diplomas de buena conducta contra el enemigo, reconocimientos como pionero explorador, y otras hazañas que debemos arrastrar hacia el nivel secundario, el pre y la universidad.

Apenas aterrizados en el sector laboral (previa presentación de documentos que nos avalen como miembros plenos del Comité y desmovilizados del servicio militar) comienzan las acreditaciones por méritos en el sindicato, los bonos por horas voluntarias, las marchas combativas, las movilizaciones  al domingo de la defensa, la participación en eventos deportivos y otros guateques que engordan el colchón de nuestra papelería político social.

De no ser así, los últimos serán los primeros, o cualquier zocotroco que muestre un contenedor de papel que acredite su papelacera trayectoria, te deja a la vera del camino.

Por eso no me extraña que ciertos universitarios cubanos muestren una fiebre de pedir papelitos con el fin de armar un colchón probatorio de integralidad que les permita hasta el posible vuelo futuro a otra latitud, como señala Osviel Castro Medel en su artículo Por favor, mi papelito.

Tampoco que muchos de ellos exijan al dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) un documento ramplón que les asegurará sumar puntos y encumbrarse mañana en el escalafón, por asistir como espectadores a un juego de quimbumbia entre brigadas, o participar de lejos y sin ciencia en una jornada científica, añade el empapelado Osviel.

El problema está en el dudoso encumbramiento de quienes sobre una loma de certificados sacuden un carné de militante comunista, un reconocimiento como vanguardia nacional, y hasta un posible título no ganado en las aulas, si no en la humedad de un surco, o en  la risible incondicionalidad ideológica.

Pero nadie que haya nacido en Cuba desconoce que sin un papelito que lo avale como miembro de una organización política o social, tiene derecho ni a morirse.

No obstante a la imposibilidad de saber si los que muestran decenas de certificados son unos fingidores en busca de ventajas, quien no tenga un papel de destacado vivirá en la sombra.

Yo certifico que la fiebre de reconocimientos mostrada por los papelucheros de la universidad no es una moda: es la única posibilidad de vivir en una revolución de papel.

IMPRIMIR