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Junio 15, 2009

Las torceduras de la razón

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubasindical.org) - Si una madre cubana se desgasta en confeccionar toallas para la exportación, además de coser ropa de sus vecinos y pedir sancocho por el barrio para cebar un puerco que le permita satisfacer un capricho de su hija, más que una extravagancia es una proeza laboral.

No importa que el objetivo sea regalarle un par de senos de silicona por sus 15 años. Como decía Descartes, el corazón tiene razones que la razón desconoce.

Por eso el amor maternal a veces tuerce la razón, pues no sólo de pan (racionado por la libreta) viven los adolescentes.

En un país donde trabajar 16 horas sin que se retribuya el tiempo extra es considerado un acto de entrega voluntario a cambio de nada, no es lógico criticar uno que otro capricho.

Y menos cuando para satisfacer necesidades básicas como un par de zapatos, un colchón, una olla eléctrica y hasta un bisté se debe realizar parecido sacrificio al de la señora de marras.

Tarifas para caprichos, el título del artículo publicado en el Juventud Rebelde por  Marianela Martín, si bien trata de discernir entre lo fútil y lo esencial, se queda en el intento.

Nadie puede pensar por cabeza ajena ni sentir igual a los demás. La escala de valores no es universal si lo que para uno es azul, para el otro es rojo.

Querer parecerse a Beyonce, bailar como Chakira o tener el glamur de Nicole Kidman, si bien puede considerarse una quimera para una adolescente nacida en el trópico y criada con arroz y frijol, es parte de su derecho a buscar una apariencia que la deje en paz consigo misma.

Loca estaría si quisiera parecerse a Juana Bacallao, más allá de los méritos que se le atribuyen por sus payaserías y no porque tenga dotes para el canto. Digna de atar si soñara con amanecer sobre una combinada cañera, o con el fango por encima de la rodilla en un canal  arrocero en el Sur del Jíbaro espirituano.

En este breve paso por la vida, lo más grande que los padres regalan a sus hijos es un arsenal de sentimientos que sirven para distinguir lo que vale la pena y lo insustancial, dice la periodista, sin distinguir que siempre tienden a combinarse.

Es muy fácil juzgar cuando se tiene todo lo necesitado por otros. Los deseos de una adolescente que se sienta fea y rechazada no son simples caprichos, y menos en una nación donde muchos hacen cualquier cosa por obtener lo soñado, casi siempre a través de ilegalidades.

Un premio habría que darle a esta señora que, sin emplear recursos que constituyen en Cuba vías expeditas para lograr algo, como la mentira, la prostitución o el robo, más que por unos senos de silicona, lucha por devolverle a su hija el deseo de vivir.

Eso, aunque la periodista diga que es un capricho con la tarifa muy alta, y sobre todo, alejado de lo esencial.

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