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Julio 17, 2009

Peligro de extinción

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubasindical.org) - Se acaban los cubanos. Si a los cerca de 30 mil hijos de la Patria que deciden ser huérfanos cada año les sumamos igual cantidad que mueren en el papeleo, más los cientos de miles que intentan trasplantar su raíz en otras tierras, muy pronto estaremos despoblados.

Y no es falsa alarma si sabemos que las proyecciones del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE) calculan que a la vuelta de 16 años la Isla tendrá cien mil habitantes menos.

De mantener también el ritmo de envejecimiento acelerado y contracción de la fecundidad, seremos la nación más añeja de la región, con cerca de un 26 por ciento de personas mayores de 60 años. Algo así como la Isla de los viejitos.

Según otros estudios realizados en materia de fugas, muertes y nacimientos, en el 2032 el monto de la población cubana habrá disminuido por debajo de los 11 millones.

Pero esto tiene sus ventajas. Si calculamos bien no es lo mismo distribuir una canasta básica a cada  núcleo familiar que un bastón y un paquete de cerelac en cada domicilio.

Además, la treintena de jóvenes que todavía aguarden a que baje la marea o liberen la salida del país, disfrutarán lo que nunca tuvieron ni sus tatarabuelos: seis habitaciones para cada persona en vez de seis personas para cada habitación.

La simiente emprendedora del cubano y su espíritu de sacrificio han sido demostrados en los últimos 50 años.

Pueden dar gracias las autoridades cubanas que más de 125 mil manifestantes pacíficos de todo el país fueran engañados y conducidos al puerto del Mariel cuando se dirigían a la Plaza de la Revolución para exigir fueran solucionados sus problemas.

Y ni hablar de los miles balseros que, confundidos por la falta de pan, despertaron en carpas ubicadas en la Base Naval de Guantánamo, en lugar de hacerlo en los almacenes de la reserva alimentaria del país como estaba previsto.

Eso, sin contar con los cientos que abandonan misiones de todo tipo en cualquier rincón del universo, por tal de respetar el derecho a crecer libre que tiene el marabú, antes que violarlo sembrando berenjenas.

Hasta los jóvenes  se sacrifican en el altar con algún vejestorio extranjero para que sus padres cumplan su viejo sueño de andar desnudos por la casa antes de morir, comerse dos pancitos de la cuota y no tener que ir por arroz a la bolsa negra.

Dejar el campo libre para que ganen en movimiento quienes quedan atrás hasta que puedan hacer lo mismo y así hasta el infinito, es la vía de mayores aportes a la despoblación de Cuba.

Este  acto de generosidad nos va dejando solos. Muy viejos. Ya faltan pocos años para que no tengamos que ahorrar por primera vez en cinco décadas de revolución.

Las luces de la Patria se mantendrán a media asta, no por temor a los apagones si no porque no habrá a quién iluminar.

Sólo la luz del Castillo del Morro se mantendrá alumbrando, como eterna señal que los cubanos estamos en peligro de extinción.

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