Julio 17, 2009
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubasindical.org) - No está mal otro peldaño para la escalera. Haría falta un reforzado suministro de materias primas. De lo contrario la ascensión se quedaría en el intento.
Barack Obama deja ver otra vez su disposición a poner los materiales en función de llegar, algún día, a la cima.
Ya es un hecho pretérito la reanudación de las conversaciones sobre temas migratorios. Este suceso es un nuevo escalón en la empinada ladera que terminaría en el pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.
Alcanzar esas alturas no es coser y cantar. El terreno es escabroso y la altura considerable. El avance de la obra en construcción depende de múltiples factores, entre ellos, la voluntad de ambas partes en juntar esfuerzos en igualdad de condiciones y en la consecución de un fin que debería sobrepasar el mero interés político y tocar a los pueblos perpendicularmente.
De la parte cubana hay tibias señales en cuanto a querer compartir el tiempo y las acciones en armar esas artesanías que empiezan en el diálogo transparente y terminan en la negociación.
En la superficie no se nota vocación alguna por facilitar un escenario que propicie este tipo de dinámica. Es posible que hacia el interior del poder absoluto existan otros perfiles, pero sus portavoces prefieren callar y someterse a los dueños del látigo y el garrote.
Tal tipo de arquitectura requiere de un cambio sustancial donde el tono se establezca a partir del respeto y la elemental cortesía.
Esa manía por crear remolinos y centellas de manera tan apasionada, no responde a una actitud responsable. Es hora de que las autoridades de la Isla activen el interruptor de la concordia y la sensatez. Poner más sombras sobre el destino del país es continuar apostando por la jugada incorrecta.
Los remanentes de la guerra fría que aún subsisten entre las dos naciones, hay que verlos como sobras a la espera de ser trasladadas al basurero. Los tiempos demandan poner los ojos y el pensamiento en fórmulas que remonten las ecuaciones en que la confrontación y el odio visceral determinan el valor del producto.
El gobierno cubano debe acometer sin más dilaciones lo que le insinúa la historia. De continuar resistiéndose terminará sepultado en el lodazal del descrédito. Hacía allí ha ido por propia voluntad arrastrando a todo el rebaño en su descaminada elección.
Por más salvavidas que le lancen, se las arregla para seguir en el chapaleteo triunfal, además de enfrascarse en ofrecer una lección práctica de cómo se sobrevive en un fanguero.
Esos son los “heroísmos” que retardan las soluciones y tuercen, más de lo que ya está, el camino hacia el futuro.
Hablar de temas migratorios no es una bagatela cuando se trata de dos interlocutores habituados a mirarse con el ceño fruncido y los puños en posición de combate.
Obama espera que Raúl acabe por ponerse a pie de obra, pues aún son pocos los escalones para llegar a la cumbre.
El General en Jefe debe arremangarse la camisa del uniforme y emplearse a fondo.
Entre las sugerencias para empezar las faenas podrían señalarse, entre otras, la definitiva entrada en vigor de las libertades económicas, la liberación de los presos políticos y de conciencia y la garantía para ejercer el derecho a la libre expresión.
Voy a rezar para que no aparezca en los sacos, en vez de cemento, dinamita. Al menos esa no parece ser la pretensión de Obama.
Es oportuno reconocer que él ha puesto los primeros peldaños de la escalera. Otros pueden estar pensando en su prematura demolición.