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Julio 20, 2009

El reverso de la autocrítica

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubasindical.org) - La prensa oficial se rasga las vestiduras. Los tirones son aparentemente bruscos, pero sus efectos no pasan de ser puro alarde. Decir que “aún le falta bastante oficio” y de mostrar demasiada solemnidad, es poco menos que abordar hechos con dudosa posibilidad de sobrepasar los límites de la retórica.

Tales señalamientos autocríticos parten de una introspección con sospecha de haber venido en un sobre lacrado. Dentro, el manual de instrucciones acuñado por el Departamento de Orientación Revolucionaria: una de las oscuras instituciones a cargo de diseñar los perfiles informativos según el interés del Partido y supervisar su estricto cumplimiento.

¿Qué pasa cuando un menesteroso tira de sus harapos?  Lo más lógico es que muchos de los resultados pasen inadvertidos. De hecho su estado se considera lo suficientemente desastroso como para contabilizar con éxito las consecuencias de los desgarramientos.

Este ha sido el ejercicio escenificado por el diario Juventud Rebelde en saludo al 46 aniversario de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

¿Acaso el citado  órgano periodístico va a dejar de ser parte de una prensa a la imagen y semejanza de sus eternos patrocinadores, siempre en busca del contubernio para asaltar la verdad y vestirla con ropas de su ajuar ideológico?

Existen algunos medios escritos con destellos de objetividad y mayor nivel en la cobertura, pero es difícil apostar por que esto sea un acto legítimo.

Aquí nadie puede salirse del guión. Esas intenciones terminan atascadas en el  subconsciente. Ningún periodista formado en las escuelas de la revolución quiere terminar defenestrado o en la cárcel por ser fiel a los dictados de su conciencia. 

Otros de los fallos a subsanar, señalados en el llamado periódico de la juventud cubana, se destacan: la epidérmica visión  de los fenómenos sociales, el discurso ampuloso, la necesidad de ser más ameno e ingenioso en el lenguaje.

La publicación de esos errores es como pulsar las teclas de un piano roto. El sonido es falso, destemplado, de mal gusto. El problema no radica en la interpretación de esa infernal melodía, sino en su reiteración y en la esmerada entrega de quiénes se prestan a esos menesteres.

Como el hilo y la aguja para acometer los remiendos y el mercurio cromo para curar las magulladuras, más adelante se señala que “el periodismo cubano habla desde la verdad……, nunca desde el engaño, las tergiversaciones y la oratoria  de manipulación típica de algunas prensas”.

En aras de la eficacia, se conjuga la autoagresión con los servicios de primeros auxilios. Al final debe sobrentenderse que no todo está perdido. Ese es el mensaje que aparentemente salva de la insolvencia ética y moral, pero que lejos de esa utilidad, se convierte en otra marca del desprestigio.

Las dictaduras, y menos las totalitarias, no pueden abandonar el instrumental mediático que utilizan en sus amputaciones y otros actos quirúrgicos en la conformación de una sociedad domesticada y moldeable.

Manipular, ocultar, mentir. Sobre esas premisas es que se asienta la prensa oficial cubana. Los que establecen la línea editorial son los mismos personajes o sus discípulos más aventajados.

No hay novedad en esas posturas más histriónicas que reales. Todo seguirá igual. Ese fragmento de la tragicomedia, que publicó Juventud Rebelde, me lo sé de memoria.

oliverajorge75@yahoo.com 

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