Sitio oficial del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba

Agosto 3, 2009

La muerte por otros medios

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubasindical.org) - Por ahora no se escucha el sonido de los proyectiles. Entre los intersticios de esas ausencias que invitan a pensar en el pacifismo, se consigue visualizar la herida que sangra, el cuerpo que agoniza, la mente que se embota de sufrimientos y otras penalidades infligidas por cualquiera de los hacendosos personajes del bestiario insular.

Las pistolas están ahí, en el cinturón de los jefes, visibles y lustrosas para ser usadas en eventualidades de mayor connotación o simplemente como un instrumento que traza en las psiquis de los potenciales discrepantes el plano del miedo a escala natural.

Basta pasar revista a las golpizas que le dan el punto final a algunas reuniones convocadas para discutir algún asunto social o político desde la óptica del pensamiento no gubernamental.

Los parapoliciales no portan armas en sus faenas. Sus superiores quieren eficiencia, soluciones a mano limpia y si acaso discretos garrotazos en caso de que la operación represiva se complique.

Las andanadas de puñetazos y puntapiés sobre los cuerpos escogidos para el abuso de turno, causan traumas y lesiones que el tiempo envuelve, poco a poco, en el olvido.

El ciclo se repite sobre el telón de la impunidad y la aciaga indefensión de las víctimas. Así transcurre la historia de un genocidio sui géneris. En Cuba se padecen los rigores del despotismo a un grado que suele pasar inadvertido pero que aporta sobrados elementos de una tragedia de dimensiones nacionales.

Ser maltratado física o verbalmente por actitudes o manifestaciones antagónicas a las reglas impuestas por el partido de gobierno ha pasado a ser una probabilidad con demasiadas perspectivas de estructurarse en la práctica.

El alto nivel de violencia política, en sus diversas gradaciones, se asocia a la decadencia del sistema y el agotamiento de una ideología que ha perdido sus esencias en un mar de disparatadas experimentaciones y perniciosos voluntarismos.

La metodología de demonizar al adversario y, si así lo amerita, proceder a su paulatina eliminación sigue siendo una estrategia con ciertas sofisticaciones y que le ha permitido al régimen mantener el control de la sociedad pagando un precio relativamente pequeño al compararlo con el número y la naturaleza de las tropelías.

Campañas mediáticas de desprestigio, actos de repudio, cárcel, represalias laborales.

Tales descripciones apenas revelan un parte ínfima del arsenal dispuesto para destruir a quienes discrepan de las políticas oficiales, al margen del tono y los procedimientos empleados en la conformación de esas posturas.

Hay muchas maneras de causar daños, incluso matar sin dejar evidencias del crimen. Cientos de cubanos han terminado suicidándose como consecuencia de una sostenida política de asedio diseñada en los cuarteles de la policía política.

Otras estadísticas escondidas bajo un manto de silencio y complicidades describen una elevada cifra de muertes que se añaden al expediente de un gobierno psicópata.

En estos momentos un lugar donde es factible descubrir un fatal cúmulo de evidencias de este tipo es en la cárcel.

Ariel Sigler Amaya, según relata su esposa Noelia Pedraza, lo han desecado en más de seis años de reclusión por sus actividades contestatarias. De su anterior peso corporal superior a las 200 libras ha perdido al menos la mitad, además de tener serias dificultades de locomoción. Sus traslados son posibles gracias a una silla de ruedas.

La información agrega que todavía no hay un diagnóstico sobre las causas de ese pronunciado deterioro.

Este drama es una brizna que no llega a ilustrar las gigantescas dimensiones de la catástrofe.

Expresar una opinión verdaderamente libre podría ser el inicio del camino a la parte más profunda del infierno. La muerte, el dolor, la enajenación y la locura esperan nuevos huéspedes. En esas geografías se asienta el pasado y el presente de unos verdugos que matan lentamente, con alevosía, como lo hacen los asesinos en serie.

oliverajorge75@yahoo.com 

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