Agosto 18, 2009
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubasindical.org) - En tiempos de crisis económicas los animales alcanzan su más alto nivel de protagonismo.
Unos porque salvan a sus dueños de un robo. Otros por acallar el concierto de tripas y bostezos que suena entre el estómago y la boca. El resto, por servirles de mascotas cuesta abajo por la vida.
Muchos cubanos aún no pueden olvidar aquellos platos exquisitos de “gato encerrado a la barbacoa”, “perro al pincho” en una esquina de Belén o San Isidro, y “pollito al caldo” en un jarrón de La Güinera.
Fueron tiempos crueles por difíciles. Etapas de una vida que aún asoma sus pulgas y ladridos por las calles desbordadas de perros en el país.
Sin embargo, “la repulsa a los métodos masivos e indiscriminados de saneamiento canino”, está dando que hablar.
Según una denuncia enviada por José Luis Díaz a Juventud Rebelde, el Sectorial de Salud en Sagua la Grande, para enfrentar la proliferación de perros callejeros, los ejecuta por envenenamiento en plena calle y a la luz del día, y crea un deplorable espectáculo de esos animalitos convulsionando, ante las lágrimas de los niños.
Si eso no es crueldad, o un acto merecedor de castigo, que venga Nerón y me desmienta.
Por eso me alegré ante la perplejidad mostrada por el periodista Hugo Rius al recorrer una tienda en la avenida Lexington, de Nueva York.
Cuenta este declarado amante de los perros que allí se vendía la más inusitada variedad de artículos para estas mascotas. Desde ropajes con diseños exclusivos, botines, collarines, collares y champú, hasta espejuelos para el sol.
Además, ironizó, la sección de alimentos exhibía un interminable repertorio de sabores, olores y colores en envases de lujos. De acuerdo con su filosofía de trinchera estalinista, “así la posesión de un canino deja de concebirse para la protección y compañía y funciona, contra natura, como un mero adorno de lujo y ostentación”.
Si cuidar a un perro hasta la sinrazón o el ridículo que facilitan las posibilidades de cada cual es contra natura, ¿cómo denominar el envenenamiento de perros en la vía pública por un organismo estatal? ¿De qué forma nombrar el maltrato y el abandono a que son sometidos cada día cientos de perros a lo largo y ancho del país?
Ningún cubano que haya tenido la posibilidad de entrar a un restauran, un hotel, una escuela, una oficina, un hospital, si tenía ojos para ver, oídos para oír y nariz para oler, puede negar la presencia de perros callejeros en el lugar.
La miseria material o moral de los amos se refleja en sus perros. Si no tienes conciencia o recursos para mantenerlos, lo mejor es que se compre un juego de dominó.
El amor a los perros no puede convertirse en un perro amor contra natura. Los canallas contrastes entre una sociedad y otra, aunque por diferentes causas, de igual forma ponen en subasta los ladridos.
De perro a perro, corren mejor suerte los de Nueva York.