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Septiembre 10, 2009

Decepciones

Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.

LA HABANA, Cuba - Septiembre (www.cubasindical.org) - Mi interlocutor hablaba con cautela. Cada una de sus frases era acompañada por gestos aprensivos. Sentado en la silla de metal bruñido y con los codos apoyados sobre la mesa, su cuello hacía giros de 90 grados en busca de potenciales policías disfrazados  de clientes.

-Esto es estalinismo –me dijo casi en un susurro.

Las críticas sobrevenían unas tras otras. La necesidad de compartir sus decepciones era más poderosa que sus miedos. 

-No puedo contar esto al regreso, mis compatriotas se burlarían de mí. Yo que siempre defendí esto con tanta vehemencia. De veras, que ni por asomo pensé que Cuba estaría bajo tan dramáticas condiciones.

-Pues, no creo que sería saludable callarse estas cosas que me has contado. Sólo tienes que ser objetivo, decir la verdad. La realidad con sus luces y sus sombras –le sugerí.

-¡Cuidado!

La advertencia fue apoyada con su dedo índice en diagonal sobre sus labios instándome a ampliar los márgenes de la prudencia.

-No te confíes que podemos terminar en la estación de policía por abordar estos asuntos en público.

En el desarrollo de las pláticas pude cerciorarme de la paranoia que afectaba a aquel profesor jubilado de una escuela de arte de nivel medio.

-Me llevo fatales recuerdos de mi primer viaje a Cuba. Nada funciona. Esto es absurdo.  El país se quedó detenido en el pasado –sentenció en uno de los lapsos en que los temores cedían para dar paso a una  animada secuencia de  reproches.

-La mayor parte del tiempo la pasé en un local perteneciente a la Escuela de Medicina en Santa Clara donde viven decenas de estudiantes latinoamericanos que estudian la profesión. Allí las condiciones no son las mejores. Todo es pura fachada. ¡Qué pena!

Al término de la intervención prendió el cuarto cigarro. Fumaba con una frecuencia impresionante.

-En la cafetería de la Terminal de Ómnibus interprovinciales me dio por tomar un refresco. Al parecer el agua estaba contaminada. Al rato aparecieron los cólicos y las diarreas. Si te cuento en qué condiciones estaba el baño de la Terminal no me lo vas a creer. Aquello parecía un corral de cerdos. Para colmo de males, ni soñar con el papel higiénico. En fin que lo que pasé no se lo deseo a nadie.

Más adelante pude conocer de una odisea anterior, esta vez en el momento de abordar un autobús para realizar un viaje intermunicipal.

Según me dijo, la enardecida multitud lo lanzó hacia el interior del vehículo. –Fue como un asalto. Pensé que destruirían la puerta. De milagro no resulté lesionado –expresó en un tono comprendido entre la sorpresa y la consternación.

-En La Habana ya me asaltaron, por las inmediaciones del Zoológico cerca de la casa donde estoy hospedado. Tuve que entregar todo el dinero que llevaba. Por suerte no era mucho.

También supe de su frustrada visita al Museo de Bellas Artes. Al guiarse por una información tomada de internet sobre las actividades de este centro cultural, resultó que ser que mucha de las cosas plasmadas en el sitio digital no coincidían con el programa  de la institución. Horarios trastocados, salas expositivas cerradas, entre otros contratiempos, le agriaron el día.

-Te juro que no vuelvo más. Me he gastado más de 1500 dólares sin poder disfrutar del paraíso socialista –aseveró con ironía.

-En Argentina hay serios problemas sociales. No puedo decirte lo contrario, pero lo que he visto en Cuba es penoso, trágico, increíble –agregó.

En total departimos poco más de una hora. Al día siguiente mi interlocutor regresaría a Río Ceballos, un pueblito situado en las afueras de ciudad argentina de Córdoba, de donde es oriundo.

Al salir de la cafetería, ubicada dentro del antiguo edificio Bacardí en la Habana Vieja, abrió los ojos con desmesura. No me había percatado que a unos metros cuatro policías detenían a un transeúnte. Jorge, el amigo argentino, me pedía con discreta expresión, silencio absoluto.

oliverajorge75@yahoo.com

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