Octubre 15, 2009
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubasindical.org) - Muchos periodistas cubanos escriben como si desayunaran en Florida, hicieran un almuerzo de trabajo en Chicago y, antes de regresar al Poligráfico Granma, cenaran en Washington, D.C.
Nada de lo que acontece en territorio estadounidense lo dejan de informar con minuciosidad.
Ya sea un tiroteo en Detroit, la deportación de inmigrantes desde California o el acoso policial a las minorías en Nueva York, los describen como si hubieran estado en el lugar.
Al parecer, su Norte no es el Sur y prefieren acceder a “un arma de destrucción masiva como Internet” y desde allí elaborar un refrito con ingredientes que arranquen a los cubanos el deseo de emigrar.
En el artículo Bajo sospecha razonable, el estado policiaco, publicado este domingo en Juventud Rebelde, Juana Carrasco asegura que los métodos de las autoridades estadounidenses para disminuir el índice de criminalidad son discriminatorios.
De acuerdo con la periodista, más de un millón de personas son detenidas anualmente en las calles por la gendarmería bajo la práctica llamada parar-y-registrar.
Pero como si fuera poco, agrega, la gran mayoría de los “sospechosos” son negros o latinos, y por ahí se escapa el tufillo de los prejuicios y la discriminación.
Y el colmo es, asegura, que la justificación de los guardias descansa en que sólo así pueden encontrar armas ilegales o drogas y prevenir crímenes más graves.
Todo está muy bien documentado. Pero si Juanita en vez de navegar en internet caminara por Ciudad de La Habana, vería que un 90 por ciento de los “sospechosos” en nuestra práctica de parar-y-registrar también son negros o provincianos.
Y no para encontrar armas o drogas, sino para saber si en esas jabas llevan tabacos Cohiba, un galón de aceite o carne de res sin comprobantes de compra en CUC o autorización gubernamental.
La gravedad de un delito así los condenaría a una multa, la cárcel o la deportación. Además, para conocer otras injurias sólo tiene que dirigirse al ferrocarril y verá como son deportadas personas sin permiso de estancia en la capital.
Es decir, que no tenemos nada que envidiar a los norteamericanos. Si ellos discriminan, nosotros también. Si deportan a los extranjeros, acá se hace con los nacionales.
En cuanto a las víctimas de persecución, si ellos humillan sólo a negros o latinos, acá lo hacemos con quienes no sean blancos, desde un mestizo hasta cualquier especie de jabao: malayo, guayabú, rúcano o capirro.
Sin embargo, en Cuba tenemos ciertas ventajas. Mientras allá los hostigados pueden acudir a organismos u organizaciones de los derechos civiles, acá no queda otra opción que dejar la jaba en la estación de policía y echar un pie.
Nuestro estado policiaco es selectivo, Juanita, pero nuestro. Por eso no comprendo que tenga que buscar tan lejos cuando aquí también se practica la discriminación.
El método parar-y-registrar es tan común a los negros estadounidenses y cubanos como el color. Y eso si es una sospecha razonable, lo mismo en Washington que en La Habana. IMPRIMIR