Octubre 27, 2009
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba – Octubre (www.cubasindical.org) - En Cuba hay un nuevo oficio, por raro que parezca: celador de torres de transmisión de electricidad de alto voltaje.
La inédita ocupación comenzó en agosto de 2007 para enfrentar el robo de líneas y partes metálicas de las torres.
El trabajo tiene sus riesgos, pero es también muy peligroso para los ladrones. El objeto de sus robos son torres de 42 metros de altura y ocho toneladas de peso que sostienen cables de hasta 220 000 voltios.
El celador –u Operario Auxiliar de Electricidad, nombre oficial del cargo- recorre cada día decenas de kilómetros a pie o a caballo por intrincados campos cubiertos de marabú o por trochas destrozadas con buldózer o a golpe de machete.
El trabajo comienza al clarear y termina al anochecer; contrario al trabajo del ladrón que comienza de noche y termina antes que amanezca.
El celador busca pistas para impedir el delito. El caco procura borrar huellas.
El operario auxiliar de electricidad, oficio inconcebible años atrás, descubre e informa sobre sustracciones, y denuncia la presencia de sospechosos por la zona. Reporta también anormalidades técnicas, como cortocircuitos y cables caídos.
No falta la anécdota simpática en el nuevo empleo.
Un domingo avisan a Lucilo, celador de la provincia Ciego de Ávila, de tres ladrones encaramados en una de las torres a su cuidado. Allá fue Lucilo a galope. En efecto, los tres hombres estaban subidos en la torre. Lo más extraño es que al advertir el galopar y a Lucilo que se acercaba, los ladrones no se dieron a la fuga. Al contrario, saludaron afectuosamente al celador. Eran trabajadores de la Empresa Eléctrica y hacían reparaciones.
Serio inconveniente es la escasez de celadores. La extensa y despoblada provincia Ciego de Ávila, por ejemplo, sólo tiene cuatro.
Un custodio refiere: “El trabajo es muy difícil, riesgoso, en solitario. Tenemos que andar grandes distancias bajo sol, lluvia, haga frío o calor y la posibilidad de ser atacados por delincuentes”.
Torres y tendidos eléctricos atraviesan fincas estatales, cooperativas o fincas de particulares. Sus representantes tienen el compromiso de cuidar los bienes de la estatal Empresa de Electricidad.
El robo de angulares y cables era un delito inaudito en el pasado, extendido hoy a todas las provincias. Conlleva implicaciones económicas costosas en reposición de piezas, pago de salarios y perjuicios en el servicio eléctrico.
El mayor daño está en debilitar la resistencia físico-técnica de las torres y tendido frente a los embates de huracanes y tornados. Perjudica el servicio de electricidad en localidades y hasta provincias completas por semanas y aun meses. El delito es severamente castigado.
Loa angulares y cables sustraídos, junto a otras chatarras, por lo general terminan en fundiciones clandestinas de particulares.
Las coladas se emplean en fundir marcos para puertas y ventanas, y en la producción de muebles, cacharros de cocina y otros artículos deficitarios producidos clandestinamente para la comercialización en el mercado negro.