Octubre 29, 2009
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba – Octubre (www.cubasindical.org) - Con más nombres que estatura, Fray José Manuel Fernández González del Valle, de la Orden de los Dominicos, rescató dos importantes instituciones de la Iglesia Católica cubana: el convento San Juan de Letrán, en El Vedado, La Habana y la iglesia a su lado.
Tan pronto conoció que su querido convento y hogar por varios años fue ocupado, tomó la decisión unipersonal, suprema e impostergable de rescatarlo sin otra arma que su fe en Dios y el coraje que le imprimió esa fe.
''Los dominicos habían marchado a España en el verano de l961. El último fue el Padre Feliciano, expulsado de Cuba en septiembre de 1961. Ese día el convento amaneció deshabitado y los militares lo ocuparon inmediatamente'', cuenta el Padre Fernández.
Inspirado en el Señor y en Santa Rosa de Lima (1586-1617) de quien es muy devoto, vistió el hábito blanco y se presentó en Letrán.
Habló con los ocupantes con paciencia y cordura, pero con firmeza, en nombre de la Iglesia.
''Sostuve una larga conversación. Dios ponía las palabras en mis labios. Hablé con amabilidad. Me reciprocaron. Dijeron que no tenían interés en que convento e iglesia lo perdiéramos, pero debían consultarlo con sus superiores. Quedé sentado con el rosario en la mano en uno de los sillones de la iglesia mientras ellos iban a sus asuntos''.
El Padre Pepe, como lo llaman sus feligreses, último sacerdote ordenado por Manuel Arteaga, primer cardenal de Cuba, fallecido en 1963, quedó completamente solo en el inmenso edificio. La milicia custodiaba el inmueble.''Solo no, el Señor me acompañaba'', puntualiza.
Las horas pasaban. El Padre tuvo suficiente tiempo de repasar en su memoria los espeluznantes relatos escuchados en España, donde inició los estudios sacerdotales, sobre incontables atropellos a la iglesia durante la República: confiscaciones, saqueos y fusilamientos de religiosos.
Más atrás, el derrocamiento de los Romanov, en Rusia, con igual desfavorable saldo de agresiones anticlericales.
Poco antes la revolución mexicana, con rompimiento con el Vaticano y parecida secuela de desmanes antirreligiosos.
Pero el cura habanero no tenía que remontar la memoria. ¿Acaso no estaba viviendo en su país momentos de grandes tensiones y disturbios entre la secular iglesia y el nuevo estado revolucionario?
Corría 1961. Tiempos muy difíciles para la religión en Cuba. Se sucedían ataques verbales, la expulsión de la mayoría de los sacerdotes, confiscación de escuelas religiosas y una universidad católica, supresión de programas doctrinarios por radio, televisión y la prensa plana, prohibidas las procesiones fuera del templo, confiscación de imprentas, enfrentamientos callejeros, éxodo, prisión, alzamientos armados, episodio de la invasión armada de la Brigada 2506 por Playa Girón y Playa Larga. Época en que los feligreses escondían las imágenes de santos y la iglesia sus copas y cálices de oro y plata para protegerlos. Templos casi vacíos, en penumbras.
Efectos del tsunami político que irrumpió en la vida de la nación en 1959, la consigna populista Libertad con Pan por delante.
Primero, hubo un tiempo de armonía entre la iglesia y el estado.
La celebración central del primer (no hubo ningún otro) Congreso Católico Nacional a mediados de 1959, en la entonces Plaza Cívica (después Plaza de la Revolución) en la Habana, presidida por la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, traída desde su Santuario Nacional en las antiguas minas de cobre próximo a Santiago de Cuba, daba idea de la importancia del evento nacional católico.
La plaza estuvo colmada de fieles y con la presencia de todos los obispos de Cuba y principales dirigentes de la Revolución con Fidel Castro al frente, autentificando la bonanza de la relaciones.
Semanas después, el 25 de diciembre, se efectuó una gigantesca cena de Navidad, al aire libre, en esa misma plaza que por su masividad es digna de figurar en el libro Guinness de Récords. También presentes altos dignatarios eclesiales y altas figuras gubernamentales. Una vez más Fidel Castro era uno de los miles de comensales y autentificó la cristiana cena. La última pública y masiva.
En el convento de San Juan Letrán hace años funciona el aula Fray Bartolomé de las Casas, centro de reflexión abierto al pueblo.
La audaz acción del Padre Pepe hace recordar, aunque muy diferente y distante en épocas, al Papa San León Magno. Con palabras sabias logró en el año 452 D.C. la retirada del feroz Atila, rey de los hunos. Atila llegó a las puertas de Roma y no la tomó ni arrasó, sino que retrocedió. Roma se salvó. El convento de San Juan de Letrán se salvó.