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Octubre 30, 2009

Sin plaza en el paraíso

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubasindical.org) - Cyndi Ferreiro Rodríguez sueña con estudiar ingeniería informática. Sin embargo, los escalones de la esperanza en Cuba muestran un cartel actualizado que dice “Sólo para bajar”.

Las paredes del rancho grande de la patria, levantadas con tablas de palma, banderolas en los ventanales, un tocororo enjaulado en el portal y como música de fondo Yo soy el punto cubano, están resquebrajadas y las penetra el polvo del olvido.

De nada le sirvió a Cyndi ser el primer expediente de su graduación, si aún quedan cadáveres por integrar al batallón de refuerzo al Che en el mausoleo a los héroes en Santa Clara.

Mucho menos graduarse de bachiller en el Instituto Politécnico de Informática (IPI) del municipio Cotorro, cuando las zarzas y las espinas de los marubazales tejen una corona en las entrañas políticas del país.

Es demasiado pedir que por incorporarse a dar clases en el IPI de su localidad –y pese a las promesas- se le otorgara un curso regular para trabajadores en la Ciudad Universitaria José Antonio Echevarría (CUJAE), mientras en Africa existen millones de niños desnutridos.

Nuestros expertos en promesas y técnicos en el bla-bla-bla han congelado los expedientes de los soñadores, y limpian piso en los salones de espera del FMI, cruzan pirañas con alevines en las riberas del Orinoco, y desentrenan su lengua del español para incursionar en el pekinés.

En medio de una realidad así, donde la magia usa charreteras, los sueños andan a pie, y las promesas no atraviesan los cristales de los autos que corretean gerentes y perseguidores, de nada valen cartas, llamadas telefónicas o visitas al Ministerio de Educación Superior.

Si las promesas arruinaran Cuba sería una Pompeya en el Caribe, o cuando menos una versión socialista de Babilonia o Tikal. Pero aún está en pie, alimentada por las corrientes del golfo y los vientos monzones del Yangtzé.

Por eso no es de extrañar que a Cyndi se le prometiera estudiar en la CUAJE gracias a los convenios de colaboración existentes entre el MES y el MINED.

Pero un convenio no es más que un compromiso escrito,  firmado y listo para romper cuando convenga a los directivos de la educación, en un país que garantiza el derecho a leer aunque sin reclamar.

Entre lo prometido y el hecho crecen cincuenta años de frustraciones y un Estado arlequín fuera del escenario que aún presume de actuar.

La educación pública y gratuita anda dando traspiés aquejada por la falta de profesores y la mala calidad de una enseñanza sin rumbo fijo.

Cyndi podrá seguir luchando por estudiar ingeniería informática. Los sueños no están prohibidos. Pero alcanzarlos como premio al esfuerzo de una estudiante destacada no es más que una falsa ilusión.

El paraíso de la informática no está al alcance de todos. Y los ángeles de Miramar y un empujoncito de mamá gerente o papá el coronel tienen ventajas sobre los del Cotorro.

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