Diciembre 3, 2009
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubasindical.org) - Parece que el castrismo se diluirá a cuenta a gotas. Apenas hay asideros para valoraciones que tengan como premisa la llegada, más o menos rápida, de la democratización.
Las señales tienen el tono gris del continuismo y dudo que los desafíos actuales o venideros determinen un cambio, a fondo, de la élite de poder respecto a su talante dictatorial.
Los discretos reajustes llevados a cabo en los últimos dos años – y otros que aún maduran al amparo de las teorías, el oportunismo y la circunstancialidad- tienen más en común con las tácticas para la supervivencia de una clase política que con la voluntad de reformar un modelo de gobierno carcomido por la ineficiencia económica y el indiscriminado uso de la fuerza.
En medio de una crisis económica internacional, sólo comparable a la Gran Depresión de 1929, el tema cubano pierde relevancia en la agenda internacional. Aunque no ha desaparecido totalmente de la lista de los asuntos pendientes, es obvio su desplazamiento hacia una posición que de cierta manera favorece a la nomenclatura y afecta a quienes intervienen, desde la oposición y la sociedad civil, a favor de la apertura.
Algunos insisten en negarlo, pero el régimen de La Habana aún cuenta con los soportes políticos necesarios para evitar el naufragio. Hacia el interior logra conservar los mecanismos de control social a través de una represión de baja intensidad. En el ámbito externo no logra una total aceptación, pero sí convenientes ventajas para apropiarse de parcelas de legitimidad a un costo relativamente barato.
Las acciones humanitarias en diversas áreas del Tercer Mundo, el manejo del embargo estadounidense como coartada para justificar el desastre interno y en la captación de apoyos políticos y diplomáticos, y la manipulación de unos niveles de igualdad en intramuros cada vez más erosionados, son parte de la aureola mística con que la gerontocracia pasa las pruebas del tiempo sin que se vislumbre el rompimiento del hechizo en el corto plazo.
Es muy probable que se esté apostando porque el cambio se dinamice a partir de la desaparición biológica de los principales referentes del actual gobierno.
Quizás con echar los primeros cimientos, la élite cumpla con los presupuestos mínimos exigidos tanto por países amigos con una clara visión de la realidad y adversarios que, desde hace muchos años abogan por ver un país ajustado a las imperfectas pero primordiales reglas de la democracia.
Raúl Castro se desplazará por ese camino a paso de tortuga. Tiene el garrote en óptimas condiciones y un respaldo internacional, a veces a regañadientes, pero a fin de cuentas efectivo para los propósitos de la camarilla.
La política es demasiado compleja. Es difícil desentrañar todas sus causas y consecuencias. Hay elementos que se mueven más allá de los pronósticos y que podrían ser determinantes en las conclusiones.
El factor sorpresa no puede descartarse. También está presente en el abanico de posibilidades.
Lo cierto es que la esencia de la revolución cubana, se disuelve entre el agotamiento y su inviabilidad. El proceso puede que dure algunos años más. ¿Cuántos? Temo que la respuesta no esté disponible.
Un detalle a tener presente es que esa perpetuidad anunciada por sus dueños es pura habladuría. El dictador Francisco Franco creyó que su legado era transferible. Poco después de su muerte floreció la democracia en España. Dicen algunos que en Cuba habrá que esperar por dos cadáveres para ver prosperar la misma semilla.