Diciembre 4, 2009
Jorge Olivera Castillo, Sindical Press.
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubasindical.org) - No sé si me estaré refiriendo a cadáveres, a apacientes internados en alguna sala de terapia intensiva o a ilesos sobrevivientes.
Mi referencia tiene en la mirilla a los inquilinos de la vetusta cuartería situada en el número 819 de la Avenida de Bélgica, en la Habana Vieja.
Paredes cuarteadas, techos reventados, segmentos del pasillo intransitables a causa de la caída de parte de sus componentes, son las marcas del tiempo y el abandono.
“Tenemos que caminar con cuidado. Es como si estuviéramos sobre una cuerda floja. Un salto o una pisada fuerte sería el fin”. Ramón Boulet habla con pesadumbre. Teme que de un momento a otro ocurra la catástrofe.
“Hace unos días hubo un derrumbe parcial. Vinieron los bomberos y advirtieron que el edificio estaba listo para evacuar. El asunto es que no tenemos un lugar para donde ir. No hay ni albergues colectivos. Esto es desesperante”, alega Boulet.
La crisis habitacional en Cuba es, en la actualidad, uno de los asuntos más dramáticos. Anualmente, cientos de núcleos familiares, sobre todo en la capital, pierden sus viviendas a causa de derrumbes. Un número indeterminado de personas habitan en tugurios o edificios que no reúnen las condiciones mínimas para ser habitados. Esto es un fenómeno que no tiene solución a partir del cúmulo de afectaciones y la falta de financiamiento para acometer la enorme tarea reconstructiva.
Desde el anonimato, expertos en la materia creen que harían falta 15 o 20 años para equilibrar modestamente el déficit existente, pero todos se preguntan como costear algo que requiere de cifras multimillonarias en una época de severa crisis económica y financiera.
Según informaciones brindadas por un empleado de la oficina municipal que atiende estos asuntos en la Habana Vieja, la cifra de muertos y lesionados a partir de los súbitos desplomes crece cada año.
El municipio de Centro Habana, se lleva las palmas en una tragedia que tiene garantizada su continuidad.
Un breve periplo por la capital cubana es suficiente para cerciorarse de que no es falsa la alarma ante lo que podría considerarse una anomalía cercana a la ficción.
Morir bajo los escombros de algún inmueble, no es algo relativo. Es una posibilidad real que amenaza tanto a sus moradores como a despreocupados transeúntes.
Allí, en el 819 de la Avenida de Bélgica, hay dos menores de edad que quizás no puedan arribar, sanos y salvos, a la adolescencia.
Un movimiento brusco bastaría para enterrarlos junto a sus progenitores. Es posible que ese momento esté cerca.
Al asomarse a esta historia, surge una pregunta. ¿Qué tiene en común ese segmento de marginalidad con Bélgica? .Lo desconozco.
De lo que sí se puede estar seguro es que esas desafortunadas familias estarían deseosas de mudarse para algún suburbio de Bruselas.
Un albergue para desamparados en Amberes también les vendría de maravilla. Al menos allá, las probabilidades de morir aplastado por un derrumbe son remotas.