Diciembre 18, 2009
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba – Diciembre (www.cubasindical.org) - Ernesto Labala Domínguez, de 41 años, fue tabaquero en la fábrica de tabaco “Briones Montoto”, antigua “Romeo y Julieta”, en Belascoaín 152, La Habana, fundada en 1875.
“Yo producía 1400 dólares diarios con cuatro cajas de habanos de 25 unidades cada una. El precio por caja es 350 dólares. Mi salario mensual era 350 pesos (unos 14 dólares). Si además ganaba el estímulo mensual de diez dólares (240 pesos) me daba por dichoso con el bolsillo más abultado para resolver las necesidades familiares más urgentes en la primera quincena del mes”, cuenta Labala.
Elaborar cien puros con calidad en cada jornada laboral es agotador, dice. “Nadie piense que es un trabajo fácil, ganarse el estímulo es una verdadera sofocación. Hay que cumplir las metas productivas, no tener ausencia, y participar en las tareas del Partido y del Sindicato. Por cualquier ligera falta se pierde el plus. Al final, la cuenta no daba. Busqué otro empleo”.
Lo laborioso de la producción y el pobre salario incitan al robo y a la corrupción. El final es la comercialización ilícita, principalmente con turistas extranjeros.
“Las ventanas y puertas de las tabaquerías a la calle están reforzadas con barrotes y mallas metálicas para evitar la filtración de tabacos. Además hay custodios. Parecía que trabajáramos en una prisión”, recuenta.
Otra situación de ilegalidad ocurre con la elaboración de habanos para visitantes. Expertos tabaqueros particulares compran en el mercado negro lo necesario: tabaco en rama, anillas de marcas y las pequeñas cajas de envase oficiales o perfectamente falsificadas.
Está prohibida la producción independiente de cigarrillos y tabacos, el Estado tiene en sus manos el monopolio de la industria tabacalera.
La Real Fábrica de Tabaco Partagás, en La Habana, fue fundada por Jaime Partagás en 1844. Aún activa, era suministradora principal de habanos para la corte española.
La capital cuenta con doce humidores, para uso exclusivo de extranjeros. Estas casas especializadas están vedadas a los nacionales.
“Nosotros tenemos que conformarnos con tabacos de muy mala calidad; esos que traen un bombero dentro, porque se apagan mucho'”, comenta el anciano Chicho Abreu, un fumador empedernido.
“Cuba produce el mejor tabaco del mundo, pero los abundantes recursos financieros que genera apenas rozan los bolsillos de quienes los elaboramos. La cuenta no da”, sentencia Labala.