Diciembre 22, 2009
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, Cuba – Diciembre (www.cubasindical.org) - Ha pasado de un año a otro por casi cincuenta años y por ahora se queda el bochorno de la eufemísticamente llamada Libreta de Abastecimientos, que muchos prefieren llamar de Des-abastecimiento.
Ni siquiera en la vieja Europa devastada por dos guerras mundiales perduró tanto.
El tema de la “libreta de la comida” saltó a la palestra hace varios meses. La discusión bizantina en los medios y corrillos en la calle y centros de trabajo es de si se queda o si se va en 2010.
Una especie de debate nacional, un espejismo de libertad de expresión sin llegar a la esencia ni poner en entredicho la política del gobierno, quien decide qué y cuánto come el pueblo.
Por ahora se queda. En días próximos la nueva-vieja Libreta estará en uso confeccionada y distribuida por la oficial Oficina de Control de Alimentos (OFICODA), pero el propósito del gobierno es eliminarla a escopetazos.
“En reciente reunión a puertas cerradas del Ministerio del Comercio Interior con administradores de todas las bodegas (de propiedad estatal) del municipio capitalino Diez de Octubre, los funcionarios plantearon la política del gobierno de poner en venta libre artículos controlados por la Libreta mediante la fórmula del aumento exorbitante de precio de alimentos básicos de la canasta familiar actualmente subvencionados, aunque apenas son escasos los renglones alimenticios”, expone Argelio Martínez Avalos, sindicalista independiente, residente en ese municipio.
Sin embargo, la “metodología” no es nueva. Hace alrededor de quince años se implantó el mercado paralelo. Algunos artículos subvencionados fueron desvalijados de la Libreta por completo y pasaron a venta liberada en pesos o en divisa a precios hasta más de un 150 y hasta 1000 por ciento de su valor original.
Entre uno y otro tipo de mercado, el mercado negro está siempre presente, a la mano y resolviendo necesidades, perseguido pero inextinguible, como en un país en guerra. La otra variante para adquirir mercancías que nunca antes, cincuenta años atrás, fueron deficitarias.
Con su casi medio siglo engañando al estómago de los cubanos, la Libreta de Racionamiento bien merece estar inscripta en el Libro Guiness de Récords por su longevidad en uso.