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Julio 12, 2010

Tarjeta blanca

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - Los cubanos siempre estamos fuera de juego durante las celebraciones de un evento deportivo mundial. No importa si tienen lugar en España o Haití. Los graderíos de cualquier estadio del mundo aguardan hace medio siglo por un cubano de a pie. Si acaso ondea una bandera cubana la empuña un diplomático, un marinero, o un músico de paso por ese país. Y esta Copa Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 no ha sido la excepción.

Mientras los fanáticos alientan a sus equipos sonando las vuvuzelas en los estadios, los cubanos enronquecen frente al televisor. De nada sirve que decenas de ellos se pintarrajeen el rostro con la bandera holandesa en un solar de Atarés. Tampoco que algunos se envuelvan en la enseña argentina para gritar de la sala al fogón.

El  deseo de asistir en persona a un evento internacional no lo impide el pitazo de un árbitro camerunés, o la tarjeta amarilla sacada por un alemán. Tampoco la tarjeta roja mostrada por un silbante de Seúl. Nuestra condena al fuera de juego permanente la impone una tarjeta blanca gubernamental que decreta quién puede viajar y quién no. No importa que tengas dinero o una invitación en el bolsillo.

La banderola de outsider la levanta el Estado. El pitazo para sacarnos la tarjeta blanca y condenarnos a sufrir un penal en un juego que nunca termina, también. No obstante, el entusiasmo es mucho y las esperanzas violadas recobran cada día la virginidad. Somos así. Aparentemente conformistas, pero nos preparamos desde la zaga para un desbordamiento que ponga fin al juego con un golazo.

Ya este partido necesita cambios, pues los jugadores y su estrategia se han puesto viejos sobre el área de contención, y los aficionados en la isla añoran gritar por Cuba en cualquier escenario internacional. Ojalá y no tengamos que esperar a la Copa del Mundo en Río de Janeiro. Cuatro años resultan demasiados para bailar la samba o  tocar un tambor, confundidos en un graderío donde sólo nos diferencie la enseña nacional.

Mientras tanto, entre prohibiciones y pachanga, que siga el mundial, que ya toca a su fin. Ya estamos listos para el saque de esquina, y no habrá tarjeta blanca que nos impida concretar el gol.

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