Julio 12, 2010
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press
LA HABANA, Cuba, julio (www.cubasindical.org) - La economía cubana está más sola que un equilibrista en la cuerda floja y sin redes que la protejan.
El vacío productivo, la terquedad en cruzar la cuerda con los mismos métodos que durante medio siglo la han condenado al fracaso hacen de su sobrevivencia un milagro.
De mirar hacia abajo sólo encontrará la negrura de la improductividad, el aleteo de las plantillas infladas, la caída en picada de las ineficientes infraestructuras, y a millones de espectadores que le gritan que acabe de dar el salto.
Sin embargo, mantiene su paso terco. Hace fintas pequeñas y malabares trucados que le impiden avanzar con celeridad.
Pero de acuerdo con el artículo Ante el dilema de las plantillas infladas, publicado por el economista Ariel Terrero en la sección Cuentas Claras, de la revista Bohemia, la velocidad de las transformaciones dependerá de la respuesta a una interrogante: ¿Dónde se meterá el millón de trabajadores sobrantes?
Según el analista, ante tamaña empresa no caben dislates como el despido masivo, aunque asegura que sectores como la construcción y la agricultura son una opción limitada para absorber el personal que sobra en otros lugares.
Además, no considera factibles para solucionar las plantillas infladas el trabajo por cuenta propia y el arrendamiento de locales para gastronomía, barbería y otros servicios.
Si la cosa es así, entonces yo me pregunto: ¿Qué harán con él más de un millón de trabajadores sobrantes?
¿Mantenerlos en plantilla hasta que ocurra un milagro? ¿Enviarlos al extranjero a laborar como zacatecas, maromeros, rellenadores de fosforeras, parqueadores o vendedores de churro en Viena o Estambul?
¿O tal vez pagarle una prima a cada trabajador sobrante por espantar los mosquitos, darle masajes, decirles el parte del tiempo y cómo está el salario en la Conchinchina a los vinculados directamente a la producción?
Las aguas de aquella falsa imagen de igualdad trajeron estos lodos de desesperación, que ahora los promotores del aguacero de ruinas no encuentran cómo hacer escampar.
Sin embargo, aunque tímidamente, Ariel Terrero pone el pie sobre el terreno que puede reubicar, a largo plazo, a tanto personal.
De acuerdo con su opinión, el reordenamiento del entorno laboral pasa por la apertura de nuevos modos de propiedad, que favorezcan la creación de cooperativas y otras formas de organización empresarial. Como colofón, un despliegue de inversiones por parte del Estado.
Pero él sabe que por ahí no está la solución mientras que los nuevos modos de propiedad sean del Estado cubano. Además, el demostrado fracaso de las cooperativas y de las otras formas de organización empresarial bajo el mismo e ineficiente propietario, que como si fuera poco no tiene para invertir, impedirían el avance.
Generar empleo a partir de la búsqueda de una diversidad económica lastrada por la improductividad, la corrupción, el desvío de recursos y otras calamidades, es como escribir otra crónica de una muerte anunciada.
La solución está –al menos hay que probar– en torno a la liberación de la fuerza laboral, la creación de pequeñas empresas, la inversión sin trabas del exterior (incluidos los cubanos que lo puedan hacer) en los sectores de más utilidad en el país, entre otros factores alejados de una política económica errática y controladora.
Y el reordenamiento del más de un millón de trabajadores sobrantes tiene que pasar por ahí. No por equilibrar la ya podrida cuerda con promesas, ni continuar haciendo los malabares con supuestas buenas intenciones.
Es hora de estirar la cuerda con nuevos mecanismos que liberen las diversas estrategias del mercado, aunque sea como en China y Viet Nam, o de lo contrario el equilibrista está condenado a caer, por medio siglo más, sobre la cabeza de la población.