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Abril 18, 2011

La naturaleza maltratada pasa la cuenta

Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubasindical.org) - A las muchas penurias de los cubanos se suma la aguda escasez de agua. El diario oficial Granma anuncia que “el abasto de agua puede complicarse más en la capital.” El número de personas perjudicadas alcanza 1 084 657 (la población permanente capitalina suma un millón 200.)

Los acuíferos Aguada del Cura, las Mercedes y las represas La Coca y La Zarza colapsaron. La presa Bacuranao tiene agua para 79 días.  La cuenca Almendares-Vento está a un metro 43 centímetros por debajo de los valores normales, y la Cuenca Sur y Ariguanabo disminuyen aceleradamente. Otras 34 fuentes van camino del colapso. El déficit alcanza 519 307 metros cúbicos de agua diarios. En enero era de 328 119.

Ciento veintiséis camiones cisternas, que consumen más de 56 mil litros de combustible semanales, entregan pocos de agua a la sedienta capital en ciclos de hasta cuatro días. El mustio arbolado de avenidas y parques no cuenta con raciones de agua. El sol es más ardiente.

Resulta paradójico que casi el 70 % de la escasísima agua se pierda irremediablemente en el recorrido de 3 158 kilómetros por deterioro de las conductoras hasta en un 70 %, que no es poca cosa. Muchos tubos tienen más de un siglo de explotación y no aguantan más. Se hacen remiendos o sustituciones parciales en tuberías a la carrera. Cincuenta años de abandono casi total de las redes hídricas es bochornoso. Parecido ocurre en los acueductos del resto de la isla.

El derroche en los sectores estatal y residencial es otro mal endémico por falta de cultura conservacionista. Científicos cubanos han advertido desde hace años que los períodos de sequía son cada vez más extensos e intensos, pero faltó la enérgica conjunción de  previsión y acción. Al contrario, políticas desacertadas en el último medio siglo  han contribuido al acelerado menoscabo del clima y del entorno.

La consigna ¡Ni una gota de agua al mar! dio paso a una carrera desenfrenada por construir grandes y hasta enormes represas. Se anegaron kilómetros de tierras fértiles, perdidas para la agricultura y gran afectación ecológica: incontables especies de la flora y fauna quedaron afectadas.

Surgieron colosales espejos de agua hasta con siembra de peces foráneos, depredadores de las especies endémicas, con vistas a la alimentación humana, pero desaparecieron los ríos y arroyos más abajo por falta de agua y con ellos el hábitat vegetal y animal. Las aguas quedaban en el llenado de los embalses. La estrecha isla no tiene ríos extensos ni caudalosos. Quedó roto el equilibrio del medio.

Otra desafortunada idea tan costosa económica y políticamente para la nación –y peor para la endeble naturaleza– fue la pretendida producción en 1970 de  diez millones de toneladas de azúcar. Se necesitó  sembrar decenas de miles de hectáreas de la gramínea, arrasando enormes extensiones de siembras tradicionales y la importante vegetación rala y bosques remanentes.

Queda claro que el evento atmosférico “La Niña”, muy intenso en el período actual y el cambio climático mundial, no tienen toda la culpa del pase de cuenta de la naturaleza por los desmanes en el archipiélago cubano.

El archipiélago cubano está situado en el cinturón de los grandes desiertos. Los vientos alisios y terrales, los frentes fríos y los huracanes, refrescantes y portadores de lluvia, permitieron su clima benigno y naturaleza paradisíaca. Eso fue antes. Cuba, cual destino fatal, está en trance de desertificación. Será parte del cinturón de desiertos si antes no ocurre el milagro de revertirse el desastre ecológico.

Por ahora, fieles de la iglesia católica saldrán en procesión para rogar a Dios permita que llueva. Que llueva mucho.

cosanoalen@yahoo.com

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