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Abril 26, 2011

“Cambiar para que todo siga igual”

José Azel

MIAMI, abril - El recién concluido VI Congreso del Partido Comunista de Cuba ratificó, como era de esperar, el programa económico del General Raúl Castro previamente anunciado en su “Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social” – el documento de 32 páginas que propone guiar la economía de Cuba en el futuro.

El Congreso también seleccionó al General Castro como Primer Secretario del Partido Comunista, reemplazando oficialmente a Fidel Castro. El nombramiento de los históricos José Machado Ventura, 80, como Segundo Secretario, y del Comandante Ramiro Valdés al tercer lugar en la línea de sucesión despide la esperanza de que habrá un rejuvenecimiento en el liderazgo del Partido. La edad media de los15 miembros del nuevo Buró Político es de 68.2 años, comparada con una edad media de 69.8 años previamente. El Buró Político de Raúl Castro aumenta en carácter militar, con 6 generales, 2 ex coroneles y ex oficiales del Ejército Rebelde.   
El General Castro continuó enfatizando temas militaristas de eficiencia, disciplina, y control. Asimismo reafirmó que la planificación central, y no el mercado, dictará la actualización del modelo económico, y advirtió contra la influencia del capitalismo. Incongruentemente, el General se quejó de que la economía de estilo soviético en Cuba está “excesivamente centralizada” insistiendo a la vez, en la fijación de precios según los dictados de la planificación central. También estableció que no se permitirá la acumulación de riqueza provente de las nuevas actividades económicas “no estatatales”.

El General dejó claro que no está interesado en introducir reformas al estilo del socialismo de mercado de Deng Xiaoping,  quien declaró que “enriquecerse es glorioso”. En Cuba, la planificación central incluirá no solamente las empresas estatales y negocios mixtos, sino también las actividades “no estatales”, que serán controladas con “nuevos métodos de planificación y control estatal sobre la economía”. Sumémosle a esto el aparente lapsus freudiano de Fidel Castro cuando dijo que el “modelo cubano ya ni siquiera trabaja para nosotros” y obtenemos una receta de desconcierto ideológico, parálisis burocrática, oportunismo, incertidumbre y la formulación de políticas absurdas.

No es sorprendente que Raúl Castro y sus generales se sientan más cómodos con la jerarquía  de orden y mando de una economía de planificación centralizada que con las vicisitudes de un mercado libre. Lo que desconcierta es su inhabilidad para percibir los principios fundamentales necesarios para el desarrollo económico. El gobierno parece desconocer qué se debe hacer.

Un elemento central del programa del General Castro es el despido de hasta 1,3 millones de trabajadores gubernamentales –alrededor del 20 por ciento de la fuerza laboral– y permitirles trabajar por cuenta propia. Irónicamente, el anuncio oficial de los despidos lo hizo obedientemente la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) –el sindicato oficial, controlado por el Partido.

Para poder apreciar la incongruencia y el desconcierto ideológico del programa del General Castro, es solamente necesario examinar un puñado representativo de las 178 ocupaciones que se autorizarán para autoempleo. Los reformadores cubanos, con gran ansiedad,  han decidido permitir que los  cubanos que queden desempleados soliciten permiso para auto-emplearse en actividades como:

# 23 Comprador-vendedor de libros usados
# 29 Cuidador de baños públicos (aparentemente para sobrevivir solicitando propinas)
# 34 Desmochador de palmas (evidentemente, otros árboles serán desmochados por el Estado)
# 49 Forrador de botones
# 61 Limpiabotas
# 62 Limpiador y comprobador de bujías
# 69 Mecanógrafo
# 110 Reparador de bastidores de cama (no se debe confundir con el oficio número 116)
# 116 Reparador de colchones
# 124 Reparador de paraguas y sombrillas
# 125 Reparador y llenador de fosforeras
# 150 Cartománticas
# 158 Pelador de frutas naturales (independiente del oficio #142, vendedor de frutas en quioscos)

Está claro que esta extraña lista de actividades de servicio permitidas no impulsará el desarrollo económico del país. Es igualmente revelador que los tecnócratas del gobierno consideren necesario catalogar las actividades económicas que serán permitidas con este grado de regulación y control.

No hay que ser economista para apreciar, por ejemplo, que rellenar fosforeras (ocupación permitida #125) no es una actividad industrial que contribuirá al desarrollo económico del país. Las medidas revelan cambios anclados, no en un deseo de reformas político-económicas para ayudar al pueblo cubano, sino centrados en la supervivencia del régimen. Estas no son reformas para desatar la “mano invisible” del mercado, si no para reafirmar el puño cerrado de los Castros.

En una economía de mercado con sectores privados desarrollados y competitivos, empleados cesanteados de una empresa tienen grandes posibilidades de obtener empleo en otra empresa. Pero en el sistema económico de Cuba, donde el gobierno controla la mayoría de la actividad económica, los cesanteados tendrán que valerse por sí mismos. No hay sector privado capaz de absorber a los desempleados. ¿Dónde van a encontrar empleo en una economía como la de Cuba en la que el Estado emplea 85% de los 5 millones de personas en la fuerza laboral?

La medida de despido parece asumir que todas las personas poseen la aptitud y habilidad para ser empresarios capaces de ganarse la vida en actividades muy distintas a su experiencia laboral y formación profesional.

En términos de desarrollo económico real estas medidas no funcionarán; no son medidas diseñadas para ayudar  al desarrollo del país. Pero por si acaso, el gobierno pretende cobrar impuestos onerosos, del 25% para la seguridad social y hasta del 40% sobre los ingresos dependiendo de la actividad económica (por ejemplo, la producción de alimentos se tributará al 40%, los artesanos, al  30%, etc.).

Si las intenciones del gobierno cubano fueran esbozadas a iniciar un cambio importante hacia una economía de mercado no limitarían las actividades económicas permitidas a solamente 178 ocupaciones ,casi todas de carácter individual, ni insistirían en imponer impuestos y regulaciones asfixiantes. Se  requiere una  imaginación de soñador muy vívida para divisar en estas medidas una evolución hacia una economía de libre mercado.

Explícitamente y entre líneas la retórica del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba subrayó el estado lamentable del modelo político-económico cubano. Sin embargo, la hostilidad del General Castro hacia las libertades y el éxito empresarial apuntan al fracaso inevitable de sus reformas económicas.

Los cubanos se burlan de las ineficiencias del sistema económico con la vieja broma Soviética que explicaba el sistema de planificación centralizada como uno en el que “nosotros pretendemos trabajar y ellos pretenden que nos pagan”.  Tras el confuso mensaje del VI Congreso ahora pueden añadir la frase cubana: “Cambiar para que todo siga igual”.

jazel@miami.edu
José Azel es analista investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miam,  y autor del reciente publicado libro, Mañana in Cuba.

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