3 de noviembre de 2003
 

 

Uruguay: Una semana de huelga de hambre; no convence a los trabajadores la propuesta de la comuna

Ayunantes reclamaron el despido de 50 "ñoquis" como señal de buena voluntad

La ciudad de Canelones presenta un aspecto tranquilo los sábados por la mañana:la cotidianidad de la feria, los más veteranos que buscan un lugar en la plaza, partidos de fútbol que transcurren en forma anárquica. En definitiva, una atmósfera bucólica que esconde la otra cara del conflicto que enfrenta a los empleados municipales con la administración comunal.

Wilmar Umpierrez. Sindicato Mercosul, noviembre 2, 2003.

Desde hace una semana, siete trabajadores mantienen una huelga de hambre que intenta ser un camino para solucionar un amplio abanico de complejas situaciones financieras. Los municipales reclaman que se les paguen los dos meses de salarios adeudados, además de exigir un nuevo convenio de salud y que la IMC se comprometa a "limpiar" la plantilla de "ñoquis", que según los trabajadores es una de las principales causas del desequilibrio económico de la Intendencia. Con la angustia propia de la incertidumbre, los huelguistas saben que esta situación provocará algo, aunque no se sabe aún muy bien que es lo que pasará. Se sienten apoyados por el entorno social, el que por ahora no ha dejado huérfano al esfuerzo realizado. En las últimas horas las negociaciones entre las partes se han acelerado en la búsqueda de la solución, pero de momento no es tomada muy en serio por el gremio. El miedo es tomado como un elemento clave y hace que muchos observen la situación con interés pero con distancia. La medida se toma en el cómodo local de la filial local de AEBU.

"Con el correr de los días nos vamos sintiendo más débiles, un poco mal, pero hay que hacerse fuerte cuando viene la familia", reconoce Luis Rodríguez, veterano empleado municipal, quien junto a Carlos Cambón son los últimos trabajadores en sumarse a la extrema medida.

"La familia apoya, pero también nos alientan los demás compañeros, gente que dice sentirse mal cuando comen un plato de comida y se acuerdan de nosotros", dice Rodríguez, con la emoción contenida en la expresión de su rostro. Sobre el apoyo brindado por el resto del funcionariado comunal, afirma que "hay gente que recién está tomando conciencia de lo que estamos haciendo".

La huelga de hambre, como recurso de trabajadores en conflicto, quizá en pueblo chico -por aquello del infierno grande- se observe con otra óptica. Pero Rodríguez asegura que "le estamos moviendo el piso a mucha gente que está atornillada a sus puestos. A mí no me preocupa que no se muestren los compañeros que sienten miedo". Desde el comienzo del conflicto, los municipales han insistido cada vez que han podido con el hecho de la existencia de "noquis" y de una estructura paralela adosada a la administración. Desde ésta se ha negado, o en todo caso, se ha dicho que poco se puede hacer con gente que hace mucho que está en esa situación. "Eso lo sabe todo el departamento", sostiene desde su cama Carlos Cambón, que con sus 21 años de trabajador se veía venir la actual situación. "Estas medidas de lucha las dictó nuestra conciencia", agregó.

Sobre la propuesta que en las últimas horas la IMC acercó como fórmula de solución, Cambón estima que "es inaceptable, pero además nos han tratado sin el menor respeto, no son serios para negociar". Otra parte de la mitología canaria es el constante ingreso de nuevos funcionarios, algo que desde el gobierno comunal se niega terminantemente. "Eso pasa todos los días", afirman los trabajadores.

Los jerarcas indican que los movilizados y los huelguistas significan una minoría respecto a los más de 4.000 funcionarios con los que cuenta la IMC. "La realidad indica que somos un porcentaje menor, pero ellos juegan con el miedo de la gente a perder el trabajo. Si te quedás sin el trabajo no tenés otra cosa para hacer acá", agrega Rodríguez, quien se muestra asombrado por el apoyo brindado por los comerciantes y las diferentes gremiales del departamento.

En la habitación ocupada por Luis Rodríguez y Carlos Cambón, ambos ayunantes, se observan fotos y recuerdos que hacen a la memoria familiar, sustento de las emociones cuando llegan los momentos de mayor flaqueza. Se encuentran también las botellas con los líquidos que deben tomar casi en forma permanente. El té, el jugo de manzana y el mate son el sustento diario.

En la habitación contigua se encuentran Bettina Lugo y Gabriela Perrone, las únicas mujeres que se plegaron a la medida, para las que su condición de madres problematiza aún más la situación. "Tenemos que hacer de madres a distancia", dice Lugo, quien acaba de hablar con su hija adolescente que la espera en Santa Lucía.

Ojerosa y con muestras de agotamiento, la férrea voluntad de Lugo por continuar adelante con el ayuno se debe a que "nos está alimentando el apoyo de la gente". La familia en el caso de ambas se ha convertido en el sostén y dique para contener la amargura y el estrés del momento.

"La familia es todo en este momento", dice Perrone mientras ingiere los sesenta gramos de chocolate que le exigen los médicos. Ella también es madre y se muestra escéptica respecto a la posibilidad de sensibilizar a las autoridades con la medida. "A ellos nada les importó cuando la gente no ha tenido para comer o le han cortado la luz o el agua", asegura. Junto a ellas cuelgan banderas por el SI del 7 de diciembre. La militancia no conoce de padecimientos alimenticios.

No nos dejaron otro camino

Un poco más allá se encuentra el presidente de Adeom-Canelones. Luis Barreiro, con el rostro visiblemente afectado por el agotamiento de la semana en la que no ha probado alimento, reconoce que la medida se generó "porque no nos dejaron otro camino". Sobre la propuesta más reciente de la administración comunal, el principal dirigente de los trabajadores se sonríe y asegura que "no es serio lo que nos ofrecen, lo que nos entregaron es gracioso, es una pulseada, no tiene ningún valor". Luis Barreiro sostiene que la propuesta entregada por la Intendencia "los habilita para tomar toda la gente que quieran en tiempos preelectorales". En relación al apoyo que está recibiendo el grupo de funcionarios que se encuentra realizando la huelga de hambre, Barreiro se siente alentado "por un montón de funcionarios que jamás se plegaron a ninguna movilización y ahora están ahí, dando una mano y ayudando". La cara seria del gremialista se tensa cuando reconoce que "estamos bastante deteriorados, pero esto es normal", al tiempo de exigirle a quienes toman las decisiones que "tengan una señal de credibilidad hacia la gente. Si no recaudan con esta amnistía que acaban de poner en funcionamiento no será por nuestra culpa. Deberían despedir a 50 de esos 'ñoquis' como para que la gente pudiera confiar un poco. La confianza es todo. Esta Intendencia no cumple los convenios, firman los documentos sabiendo que después no los piensan cumplir".

La atención sanitaria de los trabajadores corre por cuenta de dos médicos que se acercan al local dos veces al día para realizar los controles pertinentes. Consultados, reconocen que se observan a simple vista los efectos del desgaste, pero aseguran que aún se encuentran estables.

Es la otra cara de la lucha, donde la dignidad puja por no perder una pelea que dejará huellas en unos y otros. (©La Republica)

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