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Crisis sindical y ansias de
paz hacen fracasar huelga en Bolivia
Miércoles, 5 de Mayo de 2004. EFE. Invertia.
La Paz, 5 may (EFECOM).- La decadencia del movimiento sindical,
la necesidad de paz de los ciudadanos, la popularidad del presidente
Carlos Mesa y la coyuntura política regional son señalados
por los analistas como los principales factores del fracaso de la
huelga general convocada para esta semana en Bolivia.
El especialista Jorge Lazarte afirmó hoy a EFE que "era
previsible" el resultado negativo de la convocatoria de la
Central Obrera Boliviana (COB), la unión de sindicatos del
país, que también pretendía la ejecución
de un bloqueo de carreteras a nivel nacional.
"Antes paralizaban fábricas y les hacían caso",
indicó al recordar que, en la segunda mitad del siglo XX,
esta institución era capaz de poner en jaque a cualquier
gobierno.
Para el experto Carlos Toranzo, "desde 1985 prácticamente
no existe una dirección unificada del movimiento obrero",
que en los últimos meses pareció restituirse "al
calor de la situación generada en octubre pasado".
Aquel mes, una gran ola de protestas y la respuesta represiva de
las fuerzas del orden contra los manifestantes causaron la muerte
de al menos 58 personas y la dimisión del presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada, sustituido por su vicepresidente Carlos
Mesa.
Según Lazarte, Bolivia, el país más pobre
de Sudamérica, vive "una crisis sin salida", en
la que "la población no está conforme con lo
que le pasa, pero no viendo mejor salida hacia adelante, prefiere
vivir en paz".
Esta situación "se expresa probablemente en la popularidad
que tiene el (actual) presidente de la república", cuya
aceptación se sitúa en un setenta por ciento, de acuerdo
con las últimas encuestas realizadas.
Toranzo consideró hoy que el hecho de que Mesa tomara la
determinación de componer un Ejecutivo sin fuerzas políticas
hace "frágil" a su gobierno, porque no tiene "ni
un solo diputado ni un solo senador" en el Congreso.
No obstante, sostuvo que lo que parece ser "un gran problema"
es también "un gran capital porque no lo identifican
con los partidos" tradicionales, que estuvieron en el ojo del
huracán de la convulsión social de octubre.
Estos elementos apuntan "a que haya mayor presencia de movimientos
ciudadanos para destrabar las radicalizaciones excesivas que están
trabando el desarrollo del país", añadió
en una entrevista con EFE.
Desde los graves disturbios que llevaron a Mesa al poder, centrados
en la ciudad de La Paz y la vecina localidad de El Alto, las marchas
sindicales se han chocado con el rechazo de la ciudadanía,
como se evidenció el 17 de marzo pasado, cuando se registraron
enfrentamientos entre la población y los manifestantes en
el centro de la sede de Gobierno.
"Hasta ahora el apoyo a Carlos Mesa era solo estadístico",
dijo Lazarte, quien aclaró que, sin embargo, está
apareciendo un movimiento embrionario que podría beneficiar
al gobernante, no tanto por su figura y el éxito de su gestión,
como por la necesidad de paz en el país.
Una organización de muy reciente creación, denominada
"Somos Bolivia. Queremos paz", ha llamado a los habitantes
de las distintas ciudades del territorio boliviano a participar
en un gran encuentro el próximo domingo, precisamente para
dejar patente el talante pacifista de la mayor parte de la ciudadanía.
"Antiguamente, los sectores de clase media preferían
confiar en las Fuerzas Armadas, cuando había situaciones
de inestabilidad", como la actual, opinó Lazarte, quien
negó que esa opción sea viable ahora.
Toranzo convino en que la llegada de un régimen de facto
no es posible, sobre todo porque "está bloqueado por
la política de EEUU y la cláusula democrática
de la Organización de Estados Americanos (OEA)".
"En octubre, que era el momento ideal para el golpe (de Estado),
no hubo golpe. En veinte años hubo algo de maduración
democrática", sostuvo en referencia al restablecimiento
de la democracia en 1982.
Respecto a la posibilidad de una nueva revuelta popular, el analista
manifestó que "en la geopolítica, frente a problemas
de gobernabilidad duros en Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador,
es difícil que los EEUU y la OEA permitan que haya una caída
de gobierno empujada por movimientos populares".EFECOM rac/jcz/cw
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