17 de enero de 2005
 

 

Periodistas y sindicalistas

Por Justo Fernández, La Razón, España, 16 de enero de 2005.

Durante años, he venido abordando la peligrosidad de ser sindicalista. También lo he hecho, sobre los riesgos de otra profesión, la de periodista. Contar la verdad sobre lo que, realmente, sucede y defender los intereses de los trabajadores enfrenta a periodistas y sindicalistas con enemigos comunes, gobiernos y poderes económicos.

No me refiero a los sindicalistas o jerarcas profesionalizados, siempre dispuestos a "comprender" las reivindicaciones empresariales y las "orientaciones" gubernamentales. Tampoco a los periodistas acomodados, "mimados" por el poder, fáciles al elogio y que ocultan lo que les pueda molestar.

Cientos de corresponsales arriesgan su vida en países próximos o remotos para poder ofrecer al mundo los abusos, las injusticias, el hambre, la represión y los asesinatos individuales o masivos, por conflictos territoriales, religiosos, étnicos, tribales o de bastardos intereses económicos.

La defensa de la libertad sindical, la negociación colectiva y el derecho de huelga; resistirse al aumento de las desigualdades, a la explotación infantil y de los inmigrantes; luchar contra el despido libre y el aumento de la desprotección social, en una buena parte de países, conduce a muchos sindicalistas al despido, la prisión, la tortura o la muerte. Según la OIT, 15.000 delegados sindicales han sido asesinados en el mundo, en los últimos diez años. La mayoría en América Latina, Asia y África.

El pasado mes de junio, la Confedeación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) presentaba su último informe anual sobre las violaciones de los derechos sindicales en 134 países. El informe constata que la globalización ha venido acompañada por una ofensiva empresarial y gubernamental antisindical.

129 sindicalistas asesinados son un escalofriante testimonio de los peligros que acechan a quienes intentan defender a los trabajadores y sus derechos. Se han incrementado las amenazas de muerte, los encarcelamientos, la intimidación fisica, las torturas y los despidos de sindicalistas.

Las empresas multinacionales siguen avasallando los derechos sindicales en las fábricas de confección de Asia y América Central. En Corea del Sur se llegaron a detener 1.900 sindicalistas. Oriente Medio continúa siendo la región más represiva hacia los sindicatos. China persiste en la represión de toda actividad sindical independiente. El despido masivo continúa siendo un arma empresarial de los países de Asia y del Pacífico. 353.000 despidos se produjeron por actividades sindicales.

Colombia volvió a ostentar el triste récord de ser el país más peligroso para los sindicalistas. 90 fueron asesinados. En Venezuela, el Gobierno de Chávez sigue negándose a reconocer la CTV, favoreciendo la creación de sindicatos afines en el sector público. En Brasil, pese a Lula, los empresarios recurren a las "listas negras", donde se intercambian el listado de trabajadores que han presentado alguna queja a su empresa.

En el mundo industrializado, EE UU continua con sus duras prácticas antisindicales. En Canadá, se han introducido nuevas restricciones a la negociación colectiva y al derecho de huelga. En Europa Oriental, se han promulgado alarmantes medidas antisindicales, en la mayor parte de los países.

La Federación Internacional de Periodistas (FIP), que representa a más de 500.000 periodistas de más de 110 países, ha denunciado que, en 2004, la cifra de periodistas fallecidos, como consecuencia de su profesión, puede haber superado los 120. De ellos, 56 fueron asesinados, lo que convierte esta trágica cifra en la peor de los últimos diez años. Como de "un año de horror sin precedentes para el periodismo" fue catalogado por el secretario general de la FIP, Aidan White.

Según Reporteros Sin Fronteras, más de un tercio de los habitantes del mundo vive en países donde no hay libertad de prensa, como Birmania Cuba, China, Haití, Marruecos o Zimbabwe.

Los países más peligrosos para los periodistas son Iraq, Filipinas, Israel, Palestina, Eritrea, Zimbabwe, Colombia y Ucrania. Muchos de los asesinatos han sido cometidos en Iraq, donde 67 periodistas han muerto desde el inicio de la invasión en 2003. En Filipinas, desde 1985, han sido asesinados 61 periodistas. Brasil y México, con cinco muertes cada uno, fueron los países más peligrosos de América Latina, para los periodistas.

128 periodistas permanecen en prisiones de diversos países. Cuba es la mayor cárcel del mundo para los periodistas. 29 se encuentran encarcelados, con condenas entre 14 y 27 años, después de juicios sin garantías para los acusados. Le sigue China con 27, Irán (15), Eritrea (14), Nepal (12) y Birmania (11).

Adain White lamentaba que "muchas de estas muertes no podían ser evitadas, pero los asesinatos premeditados, como en Filipinas, Iraq y Gambia, deben ser investigados de manera exhaustiva y los asesinos, llevados ante la justicia".

Lamentablemente, no existe ni un solo dato práctico que pueda hacernos creer que la violencia contra periodistas y sindicalistas vaya a disminuir. Los derechos sindicales y la libertad de prensa continuarán siendo represaliados en demasiados países.

Justo Fernández es ex sindicalista.