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El presidente de Bolivia empieza
a superar la crisis
Las primeras huelgas han finalizado pero continúan las
protestas por el alza de los precios de los carburantes
Por Vanesa Camargo, América
Económica, 14 de enero de 2005.
Bolivia acaba de superar los indicios de una revuelta popular al
estilo de la que causó la dimisión del anterior presidente,
Gonzalo Sánchez de Lozada, al menos temporalmente. El actual
mandatario, Carlos Mesa, anunció que si la huelga que comenzó
el pasado lunes llegaba a ser violenta, renunciaría a su
cargo, pero de momento todo ha transcurrido de forma pacífica.
El Gobierno ha tenido que ceder en una de las principales reivindicaciones
del pueblo: la anulación del contrato con la empresa transnacional
que gestiona el agua potable. No así en lo que se refiere
al aumento de los precios de los carburantes. Mesa reitera su postura
de no revocar el decreto vigente desde el 30 de diciembre de 2004
y aunque las primeras movilizaciones han finalizado, las organizaciones
sindicales han anunciado que a partir de hoy viernes se radicalizará
el movimiento social.
Una marcha multitudinaria que llegó ayer jueves a La Paz,
la capital boliviana, dio por concluida una huelga indefinida que
había paralizado desde el lunes a la ciudad de El Alto, la
más pobre de Bolivia. Los alteños habían conseguido
que el Gobierno cediera un poco con el anuncio de Mesa de la ruptura
del contrato con la compañía Aguas del Illimani, filial
de la transnacional francesa Lyonnaise des Eaux, con el argumento
de que la compañía cobra tarifas excesivas y no da
servicio a los barrios pobres.
Sin embargo, otro movimiento en la provincia de Santa Cruz, considerada
el motor económico del país, anunciaba casi al mismo
tiempo la radicalización de su postura, tras haber concluido
también un paro cívico de 48 horas y convocaba una
huelga de hambre que aún continúa.
La Federación de Juntas Vecinales de El Alto (Fejuve) celebraba
la expulsión de la empresa extranjera que "explotaba"
al pueblo desde su llegada a Bolivia, en 1997. La marcha tomó
durante varias horas el centro urbano de La Paz y los manifestantes
dieron al presidente un nuevo plazo para que anule el "gasolinazo",
como se conoce ya al decreto que incrementa el precio de la gasolina
un 10% y del diesel un 23%.
Según el presidente de Fejuve, Abel Maman, las demandas
pendientes de El Alto serán analizadas inmediatamente por
comisiones compuestas por funcionarios gubernamentales y dirigentes
cívicos y laborales. Pero Maman ha asegurado que esto "sólo
será una pausa" y que la huelga sería retomada
si no se llega a un acuerdo entre las partes.
Pero la salida de Aguas del Illimani y la anulación del
"gasolinazo" no son las únicas reivindicaciones
de los huelguistas. También pretenden que Mesa se vaya de
la Presidencia.
Así, el líder del Movimiento Al Socialismo (MAS),
Evo Morales, ha pedido al mandatario Carlos Mesa que adelante las
elecciones presidenciales si no es capaz de asumir los cambios estructurales
que su país necesita y calificó al mandatario como
el "enemigo número uno de del pueblo boliviano".
Según la Constitución de Bolivia, Mesa debe terminar
su mandato en 2006 o renunciar a su cargo, pero no tiene capacidad
de convocar elecciones anticipadas. En el caso de que el presidente
dimitiera, debería reemplazarlo el presidente del Congreso,
el senador Hormando Vaca Díez, del Movimiento Izquierda Revolucionaria
(MIR), que tampoco es del agrado de Morales. En su discurso, el
diputado del MAS también arremetió contra el mirista,
a quien llamó "corrupto" y "miembro de las
mafias políticas".
El MAS es la principal fuerza política de oposición
en Bolivia y también la primera que se sumó a la convocatoria
de huelga que hicieron la semana pasada las centrales obreras y
los movimientos cívicos del país.
Octubre de 2003, "la guerra del gas". Hace ya 15 meses,
una serie de enfrentamientos entre civiles y policía acabaron
con un saldo de más de 60 muertos y varios centenares de
heridos. El 17 de octubre de 2003, después de una multitudinaria
concentración en La Paz por parte de todos los sectores civiles,
Sánchez de Lozada se vio obligado a dimitir y huyó
a Miami. Mesa, su vicepresidente en aquel entonces, le retiró
su apoyo días antes de ser destituido.
Las revueltas populares que echaron al presidente explotaron por
la cuestión de la exportación del gas boliviano como
detonante. La política energética de Lozada consistía
en vender gas a cualquier país, ya fuera México, EEUU,
Paraguay o incluso Chile, el peor enemigo de Bolivia por su eterna
negativa a concederle una salida soberana al Océano Pacífico.
Por supuesto, las grandes beneficiadas de tales exportaciones eran
las petroleras extranjeras, que disponían a su antojo de
los recursos energéticos de Bolivia, la segunda mayor reserva
de América Latina, después de Venezuela.
Todos los gremios laborales, colectivos sociales y partidos de
izquierda iniciaron huelgas por la desconfianza en que los ingresos
de las exportaciones de gas revertieran en todos los bolivianos.
Y Carlos Mesa se erigió nuevo presidente en medio de la algarabía
popular. Al comienzo de esta semana, parecía que la historia
iba a volver a repetirse.
BLV PLT
Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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