|
Abusos contra trabajadores
en la Industria estadounidense del empaquetado de carne y aves
Human Rights Watch, 27 de
enero de 2005.
(Chicago, 25 de enero de 2005)-Los trabajadores de la industria
del empaquetado de carne y aves en los Estados Unidos están
sometidos a condiciones de trabajo extremamente peligrosas y las
compañías que los emplean utilizan tácticas
ilegales para aplastar los intentos de organización sindical,
señaló Human Rights Watch en un informe publicado
hoy.
Los inmigrantes de México y América Central constituyen
una proporción grande y creciente de la mano de obra en esta
industria. Según Human Rights Watch, las empresas se aprovechan
de la vulnerabilidad de los trabajadores inmigrantes con el fin
de que no se quejen de los abusos de sus derechos humanos y que
no se organicen en sindicatos.
Human Rights Watch descubrió en plantas de matanza y empaquetado
que muchos trabajadores se enfrentan a un peligro real de perder
una de sus extremidades, e incluso sus vidas, por las condiciones
inseguras de trabajo. También descubrió que las compañías
niegan frecuentemente la compensación a los empleados lesionados
en el trabajo e intimidan y despiden a trabajadores que intentan
sindicalizarse.
En la investigación de campo para el informe se examinó
el empaquetado de carne de res en Nebraska, matadero y plantas de
procesamiento de carne de cerdo en Carolina del Norte y de aves
en Arkansas. El informe examina de cerca a compañías
como Tyson Foods Inc., Smithfield Foods Inc., y Nebraska Beef Ltd.
"El empaquetado de carne es el trabajo de fabrica más
peligroso de Estados Unidos", señaló Lance Compa,
autor del informe e investigador sobre derechos laborales para Human
Rights Watch. "Mantener condiciones peligrosas sale más
barato para las compañías-y el gobierno no hace prácticamente
nada para insistir que se las mejoren", agregó.
En el informe de 175 páginas, "Blood, Sweat, and Fear:
Workers' Rights in U.S. Meat and Poultry Plants" (Sangre, Sudor
y Miedo: Derechos de los trabajadores en las plantas cárnicas
y avícolas de Estados Unidos), se muestra como el volumen
y la velocidad de producción sigue creciendo, y este crecimiento
combinado con la estrechez del espacio, la mala formación
de trabajadores nuevos, y la carencia de garantías han hecho
peligroso el trabajo.. En cada turno de trabajo, los empleados realizan
hasta 30.000 movimientos de corte con cuchillos afilados, lo que
provoca frecuentes laceraciones además de daño grave
al cuerpo por esfuerzos repetidos. Con frecuencia, los trabajadores
no reciben compensaciones por las lesiones laborales debido a que
las compañías retrasan o niegan sus peticiones y toman
represalias contra los trabajadores que las reclaman.
"Un siglo después de que Upton Sinclair escribiera 'La
Jungla', los trabajadores de la industria cárnica siguen
sufriendo heridas graves ", señaló Jamie Fellner,
directora del Programa de Estados Unidos de Human Rights Watch.
"Las agencias públicas intentan proteger a los consumidores
de la carne, pero hacen poco por proteger de condiciones inseguras
a los trabajadores que empaquetan la carne", agregó.
Human Rights Watch documentó también las iniciativas
agresivas e ilegales de las compañías para descarrilar
los intentos de sindicalizarse de los trabajadores.
"Cuando los trabajadores intentan defenderse mediante la formación
de sindicatos, los empleadores utilizan el miedo y la intimidación
para derrotarles", señaló Compa. "La legislación
estadounidense hace poco por proteger a los trabajadores que intentan
organizarse. Los esfuerzos de hacer cumplir las leyes se prolongan
durante años, y aun las decisiones a favor de los trabajadores
suelen ser muy pocas y llegan demasiado tarde".
Un ejemplo de las tácticas ilegítimas son las adoptadas
por Smithfield Foods en respuesta a los esfuerzos sindicales en
su planta masiva de procesamiento de cerdos en Tar Heel, Carolina
del Norte, donde 5.000 trabajadores matan , cortan y empaquetan
25.000 cerdos al día. En una elección sindical de
1997, la gerencia de Smithfield despidió a simpatizantes
del sindicato, amenazó con cerrar la planta, puso a policías
a la entrada de la planta para intimidar a los trabajadores y orquestó
un asalto contra activistas sindicales. El 16 de diciembre, la Junta
Nacional de Relaciones del Trabajo (National Labor Relations Board)
ordenó la celebración de nuevas elecciones, a lo cual
Smithfiled apeló inmediatamente.
En 2000, Smithfield creó una fuerza de seguridad interna
de la compañía con estatus de "agencia especial
de policía" de acuerdo con legislación de Carolina
del Norte, lo que permite a los agentes de seguridad de la empresa
ejercer facultades policiales públicas. En 2003, la policía
de la compañía utilizó acusaciones falsas para
detener a trabajadores que defendían activamente al sindicato.
"La compañía tiene policías armados paseando
por la planta para intimidarnos", dijo a Human Rights Watch
un trabajador de Smithfield que había venido a Estados Unidos
procedente de El Salvador. "Es especialmente aterrador para
los que venimos de Centroamérica. De dónde venimos,
la policía le dispara a los sindicalistas", agregó.
Los trabajadores inmigrantes constituyen una proporción creciente
de la mano de obra de la industria cárnica. Human Rights
Watch descubrió que algunos empleadores amenazan con llamar
a las autoridades de inmigración si los trabajadores intentan
organizarse o reclaman la protección de la legislación
laboral. De acuerdo con un fallo de la Corte Suprema de 2002, los
trabajadores indocumentados que sean despedidos ilegalmente por
sindicalizarse no tienen derecho a recibir los salarios debidos.
"Las compañías cárnicas contratan a trabajadores
inmigrantes porque con frecuencia son los únicos dispuestos
a trabajar en estas condiciones tan terribles", señaló
Fellner. "Y explotan la situación ilegal de los trabajadores
indocumentados para mantenerlos callados", agregó.
Human Rights Watch incluye recomendaciones detallas en el informe.
En términos generales, la organización propone lo
siguiente:
o Se necesitan nuevas leyes para reducir la velocidad de las cadenas
de las plantas de empaquetado y para establecer nuevas normas ergonómicas
para reducir las heridas por esfuerzos repetidos. Las autoridades
encargadas de la salud y la seguridad deben aplicar medidas de vigilancia
más firmes. Los Estados deben desarrollar leyes y mecanismos
de aplicación más eficaces sobre la compensación
a los trabajadores.
o Los empleadores no deben participar en campañas agresivas
e intimidatorias contra los sindicatos ni deben aprovecharse de
los vacíos y las debilidades del sistema de justicia laboral
de Estados Unidos. El Congreso debe promulgar leyes que hagan compatible
la legislación estadounidense con las normas internacionales
(por ejemplo, prohibiendo la sustitución permanente de trabajadores
en huelga) y debe crear también remedios contra las violaciones
de los derechos de los trabajadores.
o Se necesita nuevas leyes y políticas que garanticen el
respeto por los derechos humanos de los trabajadores inmigrantes,
sean indocumentados o no. Los inmigrantes deben contar con las mismas
protecciones en el lugar del trabajo que los no inmigrantes, lo
que incluye la cobertura de acuerdo con las normas del trabajo justo
y otras leyes laborales, y las mismas acciones de defensa cuando
se violen sus derechos.
"Blood, Sweat, and Fear" sigue los pasos del innovador
informe publicado por Human Rights Watch en 2000, "Unfair Advantage",
escrito también por Lance Compa, en el que se documentaban
los esfuerzos de los empleadores por frustrar la sindicalización
de trabajadores en varios sectores de la economía estadounidense.
© Copyright 2003, Human Rights
Watch
|