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Sindicatos en directo
Editorial. Libertad
Digital, España, 12 de julio de 2005.
No se puede confiar en la plantilla fija de RTVE para elaborar
ningún programa. El trabajo lo lleva el personal contratado
porque, de no hacerlo así, esos espacios no saldrían
adelante. Escribía recientemente Philippe Nemo que los sindicatos
y los altos funcionarios son en Francia quienes realmente dirigen
el país, al margen de lo que pueda interesar o convenir a
la clase media que paga impuestos y que está dejando de votar
al ver que hacerlo no cambia nada. En nuestro país la situación
no es, ni de lejos, tan dramática, pero los sindicatos mantienen
unos reductos donde ningún gobierno se atreve a entrar. El
más delirante ejemplo es RTVE.
A pesar de que todos los gobiernos que en la España democrática
han sido han visto en la televisión pública un altavoz
complaciente a su propaganda, en muchas ocasiones se ha visto demasiado
claro que el altavoz podía salirles algo más barato,
dejando un poco de dinero suelto con el que bajar los impuestos
o comprar otras voluntades, según el caso. Pero no se atreven
a enfrentarse a un mastodonte de miles de trabajadores fijos que
saben que su día a día puede consistir exclusivamente
en tocarse las narices, o írselas a tocar al que intente
molestarles, porque los contribuyentes pagarán las pérdidas.
Esa defensa numantina de sus privilegios, obtenidos por medio del
dinero que nos quitan de la nómina a los demás, se
ha mostrado en todos su esplendor con las protestas con que han
recibido el nuevo espacio "España Directo".
Es curioso que unos sindicatos que aún siguen anclados, en
sus siglas y sus delirantes propuestas de política económica,
en la izquierda más rancia, sean sin embargo los mayores
defensores de los fuertes -los empleados fijos- y enemigos de los
débiles -los contratados- en RTVE. Es asombroso, sí,
para quien de verdad se haya creído alguna vez que la izquierda
es algo más que la defensa de la coacción. UGT asegura
que lo hace para evitar que se siga contratando a gente "en
precario". Por supuesto, esos trabajadores contratados tan
precariamente siempre tienen la opción de no aceptar el empleo.
Si lo hacen es porque la alternativa es algo peor pagado o, directamente,
el paro. Por otro lado, a los políticos no les importaría
nada poder mantener su aparato de propaganda con menos dinero, y
la mejor manera de lograrlo es elaborando los programas con los
trabajadores fijos del ente, ahorrándose así todos
esos sueldos tan precarios. Si no lo hacen es, simplemente, porque
no se puede confiar en la plantilla fija de RTVE para elaborar ningún
programa. El trabajo lo lleva el personal contratado porque, de
no hacerlo así, esos espacios no saldrían adelante.
Los sindicalistas están saboteando un producto de su empresa.
Sólo por eso deberían ser despedidos inmediatamente;
pocos despidos pueda haber más justificados que el de un
trabajador que intenta perjudicar a su propia empresa. Por supuesto,
en el mejor de los casos, no sucederá nada. En el peor, suspenderán
el programa o aceptarán incorporar la cuota de vagos oficiales
que marquen los sindicatos. Una razón más para exigir,
no la privatización, sino el cierre de RTVE.
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