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Entrevista a Sergei Danilenkov
(RPD-KTR -Rusia)
La lucha de los trabajadores portuarios de Kaliningrado
CIOSL en Línea.
Bruselas, 19 de julio de 2005 (La CIOSL EnLínea): En el
puerto de Kaliningrado (*), pulmón industrial de la región,
que este mes de julio festeja con gran pompa sus 750 años
de existencia, se concentran las luchas sociales rusas de estos
últimos años. Desde 1997 hay un conflicto entre la
patronal del puerto comercial y un puñado de trabajadores
del mismo. Entrevista a Serguei Danilenkov, del sindicato de estibadores
de Rusia (RPD-KTR).
¿Podría hacer una breve reseña de estos
diez años de lucha?
En 1995 creamos nuestra propia organización -el sindicato
ruso de estibadores - siguiendo el modelo de otros sindicatos alternativos
creados en otros puertos de la Federación Rusa. Esos sindicatos
lograban hacer que mejoraran los salarios y las condiciones de trabajo.
Nosotros no estábamos contentos con el convenio colectivo
que había hecho el otro sindicato situado en el puerto comercial.
No se trataba únicamente de una cuestión salarial.
Entraban también en juego la atención médica
gratuita y cuestiones inherentes a la dignidad. Los estibadores
teníamos que trabajar en medio del carbón y el polvo.
Sin embargo, apenas si podíamos conseguir un pedacito de
jabón por mes que se nos terminaba en un par de días.
La patronal se negaba de plano a dialogar con nosotros. Dadas esas
condiciones, lo único que nos quedaba era hacer huelga. Eso
hicimos en octubre de 1997. Conseguimos aguantar dos semanas. De
los 500 trabajadores del puerto comercial, algo más de la
mitad formaba parte de nuestro sindicato y la mitad de nuestros
miembros se adhirieron a la huelga. El trabajo en el puerto se atrasaba.
La patronal continuó haciendo caso omiso de nosotros y contrató
esquiroles. Intentamos que las autoridades municipales y el gobernador
se solidarizaran con nuestros problemas, pero sin éxito.
Comprendimos entonces que estaban todos aliados contra nosotros
y tuvimos que volver al trabajo. Como represalia, la patronal decidió
agrupar a los miembros de nuestro sindicato en equipos de unos cincuenta
trabajadores, es decir, alrededor del triple de los trabajadores
necesarios.
¿Querían impedir que ganaran lo mismo que ganaban
antes de la huelga?
Efectivamente, porque se nos paga a destajo. Ésa fue una
maniobra de la patronal para que tuviéramos mucho menos trabajo
y cobráramos nada más que de 1.000 a 2.000 rublos,
mientras que los demás seguían ganando unos 5.000
rublos. La vida se hizo muy difícil, sobre todo para quienes
tenían familiares a cargo. Se hostigaba a los parientes que
trabajaban en el puerto. La presión era monetaria y sicológica.
Se utilizaban todos los métodos posibles. La patronal incitaba
a los compañeros a abandonar el sindicato prometiéndoles
primas de 1.000 rublos. Nos anunció asimismo que no tendríamos
más que 40 horas de trabajo por mes. Y siempre se nos daban
las tareas más ingratas: cavar zanjas, sacar la nieve o limpiar
los baños. Progresivamente, el trabajo de carga y descarga
lo iban asumiendo trabajadores menos calificados que nosotros. En
lo concerniente a las pruebas que tenemos que pasar todos los años
para verificar nuestra capacidad de trabajar en condiciones peligrosas
(durante los 14 años que trabajé en el puerto hubo
varios accidentes mortales), curiosamente, en 1998 fui reprobado,
cuando antes siempre obtenía el puntaje máximo. Tampoco
aprobaron muchos otros miembros del sindicato.
¿Los ayudaron los demás sindicalistas?
Sí, los sindicatos aliados de los puertos de Múrmansk
et de Novosibirsk nos mandaban cartas de apoyo y dinero. En el plano
internacional, la campaña que llevó a cabo la ITF
tuvo una gran repercusión. Las amenazas de bloquear el puerto
hicieron que la patronal diera marcha atrás. Nuestra situación
mejoró durante algunos meses pero después se reanudaron
los ataques de la patronal. Ya no ganábamos casi nada y nos
veíamos obligados a buscar trabajitos suplementarios. Al
igual que decenas de miles de habitantes de la región, no
me quedaba ningún medio de supervivencia más que pasar
la frontera polaca varias veces por semana llevando cigarrillos
y vodka. Es ilegal pero no tenía alternativa. Luego, en 2001,
al entrar en vigencia el nuevo código laboral, que restringía
un poco más nuestros derechos, la patronal no vaciló
más y despidió a los 24 últimos miembros del
sindicato con el pretexto de que el trabajo había disminuido.
Sin embargo, unos días después de que nos despidieran,
en una entrevista para el diario Pravda de Kaliningrado, un ejecutivo
del puerto explicaba exactamente lo contrario. Es más, se
crearon nuevos puestos de trabajo.
¿Y el juicio que hicieron?
Durante mucho tiempo los tribunales se declararon incompetentes
para juzgar este asunto. En 2002, el tribunal de Kaliningrado ordenó
que se nos reincorporara e indemnizara. Lamentablemente para nosotros,
en el puerto comercial hubo varias reestructuraciones. Se crearon
sucursales. La patronal aprovechó la confusión para
reincorporarnos a la antigua estructura, donde ya no había
estibadores ni licencia para operaciones de flete. Luego, nos despidió
por segunda vez acusándonos de ausentismo.
¿Y entablaron juicio una vez más?
Sí, y todavía no se pronunció el fallo. No
obstante, ahora podría acelerarse el trámite, con
la decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos que declaró
aceptable nuestra queja. Eso sucedió en octubre de 2004 y
a partir de entonces tenemos la impresión de que las autoridades
nos escuchan más. Se aceleró el pago de las indemnizaciones.
¿Piensa volver a trabajar algún día como
estibador?
Haré todo lo que esté a mi alcance para que así
sea. En este momento trabajo en el ferrocarril. Mi trabajo está
bien pagado y me dan propinas. Cargo y descargo los vagones. Es
una tarea que se parece bastante a la que hacía antes. Pero
el puerto es mi vida. Allí el ambiente es especial y las
responsabilidades son mucho mayores. Los estibadores no tenemos
a alguien que nos vigile permanentemente. Todos los días,
a uno le dan una tarea y la hace lo mejor que puede.
¿Tiene familia?
Estoy divorciado y tengo un hijo de 7 años.
¿Cree que sus problemas laborales tuvieron algo que ver
con sus problemas conyugales?
Por supuesto. Durante la huelga mi esposa estaba embarazada. Fueron
épocas muy duras. Sufrió mucho, estaba muy nerviosa
y casi pierde el niño. Pidió el divorcio dando por
motivo que yo no podía seguir manteniendo a la familia. Mi
hijo no está bien de salud. Me gasto la mitad del sueldo
en medicamentos. Hace falta mucha fuerza de voluntad para correr
el riesgo de perderlo todo. Aquí, en Rusia, la gente no tiene
la costumbre de luchar, a pesar de los bajos salarios. Sin embargo,
se puede conseguir que las cosas cambien. Con el sindicato comprendimos
que cuando estamos unidos somos más fuertes. Todavía
no hemos ganado pero ya sentimos que mucha gente nos respeta por
lo que hemos hecho.
Entrevista realizada por Jacky Delorme.
(*) Antigua capital de Prusia oriental, arrasada
en 1945 y transformada en bastión militar durante la guerra
fría, constituye hoy un enclave ruso separado del resto de
la Federación por Lituania, Polonia y el Mar Báltico.
El oblast (región administrativa) de Kaliningrado tiene la
categoría de "zona económica especial",
lo que supuestamente debería hacer que se transforme en una
"región piloto", en un puente entre la Federación
Rusa y la Unión Europea.
La CIOSL representa
a 158 millones de trabajadores y trabajadoras de 231 organizaciones afiliadas,
repartidas en 150 países y territorios. La CIOSL es asimismo miembro de
la agrupación Global Unions (Sindicatos
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