30 de julio de 2005
 

 

Entrevista a Gregory Mysyurin y Ludmila Salina

CIOSL en Línea.

"Nuestros sueldos son realmente demasiado bajos para poder vivir decentemente"

Bruselas, 26 de julio de 2005 (La CIOSL EnLínea): En Kaliningrado (*), como ocurre en todo Rusia, la brecha entre ricos y pobres continúa profundizándose. En el enclave de Kaliningrado, donde más salta a la vista esta situación es en Yantarny, una aldea tan desprovista de todo como miles de otras de Rusia, salvo que es la capital mundial del ámbar. A finales de junio, los trabajadores y trabajadoras del ámbar llevaron a cabo una huelga de hambre de cinco días que culminó con un aumento salarial del 100 por ciento. La entrevista a Gregory Mysyurin, funcionario sindical de la fábrica de extracción, y a Ludmila Salina, una obrera del taller de orfebrería, se hizo durante la huelga.

¿Cómo se inició el conflicto?

G. M.: El conflicto se inició porque la patronal no quería reconocer nuestra organización sindical y se negaba a aumentar los salarios. En mayo hablé con la patronal para negociar un aumento salarial. Al día siguiente, los guardias no me dejaron entrar en la fábrica. Me quitaron el pase. El director no quiere ni oír hablar de sindicatos y considera que yo ya no tengo derecho a entrar en la fábrica. Queremos que se haga justicia.

¿Por qué no entablaron juicio antes de llegar a tales extremos?

G. M.: ¡Los juicios llevan demasiado tiempo! Ayer el adjunto del fiscal me confirmó que lo que había hecho el director era ilegal. Pero con las advertencias y las multas no se consigue nada. Le doy un ejemplo: el año pasado unos inspectores que actuaban dentro del marco de la lucha contra la delincuencia financiera tuvieron que entrar por la fuerza para poder llegar a los expedientes contables. La patronal se oponía a ello. Nosotros queremos que se nos paguen inmediatamente salarios decentes, del orden de los 10.000 a 15.000 rublos mensuales. Mire los recibos de sueldo: el promedio se sitúa entre 1.500 y 3.000 rublos. ¿Cómo se puede vivir con eso? Por eso los obreros decidieron iniciar esta medida de protesta aunque continúen trabajando. Entre pasar hambre aquí o en casa no hay ninguna diferencia.

¿Cómo evoluciona el conflicto?

G. M.: Antes de empezar a trabajar nos revisa un médico. A quienes tienen problemas de salud debido a la huelga de hambre les da un justificante médico. Por el momento, hay 7 trabajadores en esa situación. Continuamos con la huelga porque no se han producido adelantos significativos. A lo más, el director declaró estar dispuesto a instaurar un sistema de sobresueldos para que los salarios lleguen a los 6.000 rublos. Pero los trabajadores se negaron a aceptar tal cosa. Correríamos el riesgo de que se paguen los sobresueldos únicamente durante los meses en que extraemos ámbar. Cabe señalar que durante la mitad del año -es decir, durante el invierno- no se puede extraer ámbar. En ese período hacemos labores de mantenimiento.

¿Es una empresa estatal?

G. M.: Sí. Se designó una nueva dirección para sanear la empresa, cuyas deudas se elevaban a 40 millones de rublos. Se crearon dos nuevas firmas: una para la extracción y otra para la orfebrería. Pero hoy en día las deudas se elevan a 100 millones de rublos. Ahora bien, el valor del ámbar que se extrae aquí mensualmente es de 150 millones de rublos. Según parece, a muchos les interesa que ambas empresas vayan a la quiebra.

Ludmilla, ¿qué significa la presencia de todas estas mujeres en torno a los huelguistas de hambre?

L. S.: Durante la hora del mediodía y al cabo de la jornada laboral venimos para brindarles apoyo moral. Los salarios de todos, hombres y mujeres, son demasiado bajos para que podamos vivir decentemente. Hace cinco años que no los suben. Durante el período de reestructuración, durante el cual muchas personas quedaron sin trabajo, no nos movimos, pero ahora ya estamos hartos. No es que odie al director actual pero ¿por qué nos deniega un salario normal o nos acusa de robar ámbar? La existencia de algunos casos aislados no le da derecho a generalizar.

¿Cómo son sus condiciones de trabajo?

L. S.: Los aparatos de calefacción son vetustos. En invierno hace un frío tremendo y en verano el calor es agotador. No se pueden abrir las ventanas. El transporte y la comida corre a nuestro cargo. Solamente los guardias contratados en San Petersburgo tienen un buen salario y las comidas pagadas.

¿Y los salarios?

L. S.: La mayoría de las obreras no ganan más de 2.000 rublos. No entiendo cómo hacen. A mí me cuesta muchísimo llegar a fin de mes a pesar de que gano 7.000 rublos (confecciono joyas). Vivo con mi marido y mi hijo de 12 años en casa de mis padres, jubilados. El apartamento es minúsculo. Mi marido acaba de perder su empleo de marino. Su empleador le debía muchísimo dinero. No se lo pagarán nunca. La calefacción cuesta cada vez más. Lo mismo sucede con los alimentos. Todos los negocios del pueblo se ven obligados a dar mercadería al fiado a los trabajadores. La carne es un lujo y las huertas particulares han pasado a ser vitales. Nos vestimos con ropa de segunda mano. Pero eso ya ni siquiera nos da vergüenza porque todos hacen lo mismo.

¿A todo el pueblo le afecta en cierta medida la suerte que corran los trabajadores?

L. S.: Sí. La mitad del pueblo trabajaba en el Kombinat. Mis padres también. Le mostraré todos los certificados de honor que tiene mi padre. Trabajaba allí como carpintero. Antes, a los padres no les preocupaba que sus hijos no tuvieran carreras buenas porque sabían que tenían la posibilidad de trabajar en el Kombinat. Ahora, sumando ambas empresas, los puestos de trabajo no llegan a 1.000. Tanto los hombres como las mujeres se ven obligados a tratar de que los contraten en la fábrica de hornos de microondas de Kolosovka o en la de pescado de Pionerski, mientras que antes, el ámbar hacía que centenares de trabajadores de esas localidades vinieran aquí.

Entrevista realizada por Jacky Delorme.

(*) Kaliningrado festeja con gran pompa su 750 cumpleaños. La ciudad acaba de acoger principalmente a los Presidentes Putin, Chirac y al Canciller Schroeder. Esta antigua capital de Prusia oriental, arrasada en 1945 y transformada en bastión militar durante la guerra fría, constituye hoy un enclave ruso separado del resto de la Federación por Lituania, Polonia y el Mar Báltico. El oblast (región administrativa) de Kaliningrado tiene la categoría de "zona económica especial", lo que supuestamente debería hacer que se transforme en una "región piloto", en un puente entre la Federación Rusa y la Unión Europea. Pero hasta ahora, las exenciones fiscales y aduaneras solamente han dado provecho a unos pocos rusos.

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