10 de febrero de 2006
 

 

Una profesión de cuidado

ORIT, 2 de febrero de 2006.

Colombia.-El día nacional del periodista se celebra en un entorno particular, donde, pese a que en el último año y medio han descendido significativamente la violencia directa y los asesinatos de periodistas, han aumentado las amenazas, sobre todo contra periódicos y emisoras regionales, provenientes por lo general de sectores vinculados al paramilitarismo o a la corrupción política. Según un reciente informe de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), entre el 2004 y el 2005 se pasó de 39 a 64 amenazas.

Es una situación bien preocupante, que demanda acciones más visibles de las autoridades, las cuales deben redoblar esfuerzos para detectar a los autores de las amenazas (¿en qué va, por ejemplo, la investigación por el caso de Daniel Coronell, donde hay una denuncia concreta de la víctima sobre la presunta autoría intelectual?).Solo así el Estado puede garantizar condiciones reales de seguridad para un ejercicio verdaderamente libre del periodismo. La libertad de prensa es un requisito esencial de una democracia verdadera.

La Flip dice en su informe que "la autocensura es la característica predominante del periodismo en Colombia". Hay que precisar que esto es una realidad a escala regional, puesto que no se aplica a las redacciones centrales de los grandes periódicos, de las principales cadenas radiales y de los canales de televisión, que no se autocensuran por causa de un clima de intimidación y amenazas. Este, como ya se dijo, afecta sobre todo a los comunicadores que viven y trabajan en las zonas de conflicto y no gozan del respaldo o protección de los grandes medios de comunicación.

Otro factor que está atentando contra la libertad de prensa y se ha convertido en una creciente forma de intimidación son las demandas judiciales contra periodistas. En los últimos nueve meses del 2005 se presentaron más de 100 demandas contra medios de comunicación y periodistas. Se han hecho, además, reiterados intentos de introducir legislación tendiente a restringir el derecho a la información.

* * * * Tema aparte, que recuerda el clima de terror que vivió la prensa colombiana en los años 80 y comienzos de los 90 por los ataques del narcotráfico, es la situación que hoy padecen los periodistas de la frontera norte de México, sometidos al acoso de los poderosos carteles de la droga de su país. Lo sucedido ayer en la ciudad de Nuevo Laredo -donde dos hombres armados con fusiles automáticos entraron disparando a la redacción de El Mañana, lanzaron una granada e hirieron gravemente a un periodista- es un impresionante ejemplo de los niveles de violencia a los que el narcotráfico puede conducir a una nación y de cómo no se detiene ante nada para acallar a quienes intentan poner al descubierto sus desmanes.

Hace nueve meses, los principales editores del norte de México firmaron en Hermosillo un pacto para resistir conjuntamente la ofensiva de los narcos. Preocupa que el director de El Mañana haya dicho ahora que dejará de cubrir el tema, pues ello significa que estos criminales estarían logrando su objetivo de silenciar a la prensa por la vía del plomo y el asesinato. El presidente Vicente Fox anunció el año pasado, ante una delegación de la Sociedad Interamericana de Prensa, que lanzaría una ofensiva contra los carteles y que Nuevo Laredo sería la prueba de fuego en la batalla contra los narcos. Lo sucedido ayer indica que no la está ganando.

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