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México: dolor y rabia en la
mina
ORIT/CIOSL, 22
de febrero de 2006.
México.- Los esfuerzos por rescatar a los atrapados no cesan.
A medida que pasa el tiempo y sigue sin dilucidarse la suerte de
los hombres atrapados en la mina Pasta de Conchos, en esta remota
localidad del norte del país, la tensión y la ansiedad
que sus familiares han mantenido contenidas durante casi setenta
y dos horas, comienzan a dar paso a la rabia y la frustración.
Los días se hacen cada vez más intensos para quienes
permanecen en la entrada de la mina desde el mismo domingo que ocurrió
el incidente. Este martes, la presencia de autoridades federales
como el director general de protección civil, Arturo Vilchez,
dieron rienda suelta a la ira que sienten los familiares de los
mineros, por lo que denuncian como una falta de información
precisa sobre lo que pasa con sus seres queridos, y de negligencia
por la falta de seguridad laboral en la mina.
"Estamos a la espera de que salga la brigada de rescatistas
para tener información fresca. Parece que están en
una ruta adecuada, el trabajo que se está haciendo es adecuado",
dijo Vilchez durante una improvisada conferencia de prensa, que
muy pronto dio paso a una confrontación verbal entre los
familiares y el funcionario gubernamental, quien prácticamente
se vio interpelado por ellos.
Detalles
La gente no quería escuchar declaraciones abstractas, exigían
detalles específicos de la operación de rescate que
se lleva a cabo, información que sienten no se les ha proporcionado
de forma veraz. "¿Ya saben dónde está
el punto donde se produjo la explosión?", preguntó
uno de los familiares al funcionario oficial, quien contestó
con una lacónica negativa.
La espera se hace intolerable a veces. Las preguntas y las recriminaciones
de los familiares no daban tregua al directivo. La gente le seguía
dirigiendo sus interrogantes y comentarios. "Las informaciones
que nos dan son las mismas del domingo, cuando cayeron nuestros
hombres", gritó una mujer que se encontraba dentro de
la multitud que rodeaba a Vilchez. "Usted no sabe de minas,
señor. No sabe nada", comentó otra persona.
La frustración de la gente aquí se hace mayor cuando
los voceros que ofrecen los reportes sobre las labores de rescate,
no les dicen lo que quieren escuchar. Aquí no interesan los
detalles técnicos, lo que los familiares desean saber es
cuándo van a localizar y sacar de la mina a sus seres queridos.
Y hay ciertas declaraciones que no dan muchas esperanzas.
"Conforme nos acercamos al lugar, se hace más peligroso
y más riesgoso el ambiente, se tienen que extremar más
condiciones, más medidas de seguridad. En base a eso se modificó
ya el número de rescatistas y las horas de trabajo",
dijo Rubén Escudero, gerente de la mina y vocero de la empresa
Industria Minera México S.A de C.V.
Crece la angustia
En este operativo trabajan 66 mineros por cada turno de ocho horas,
entre ellos trabajadores de otras minas de la zona, que se han presentado
como voluntarios. Los turnos laborales normales en estas minas de
carbón son de seis horas.
Ya uno no tiene lágrimas que derramar. Yo ya no quiero ni
ver a mis hijos, porque están desesperados, preguntando por
su papi
Esposa de uno de los mineros atrapados
Algunos familiares piden que dejen participar en el rescate a ex-mineros
experimentados, muchos de ellos padres de los trabajadores atrapados,
quienes conocen muy bien el interior de esta mina.
"Aquí están estos señores, compañeros
padres de familia, que tienen también sus hijos abajo y conocen
la mina, ¿por qué no los dejan entrar?", gritó
llorando la joven esposa de uno de los mineros atrapados. "Ya
uno no tiene lágrimas que derramar. Yo ya no quiero ni ver
a mis hijos, porque están desesperados, preguntando por su
papi", agregó.
Los angustiados familiares de los mineros, que ya van para tres
noches sin moverse de la entrada principal de la mina, exigen a
las autoridades locales y a los dueños de la empresa que
los dejen hablar con algunos de los rescatistas involucrados en
el operativo, para que sean ellos mismos los que les digan lo que
han visto y han hecho cada vez que han bajado a buscar a sus compañeros
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