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Condiciones de trabajo y el derecho laboral
en Cuba
Por Jerry Haar
Dentro del variado cuadro que presentan las condiciones de
trabajo y los derechos laborales en las Américas, no
hay país en el hemisferio en el que sean peores que
en Cuba. Una rápida revision de los indicadores laborales,
el cumplimiento con acuerdos internacionales, y la situación
de incluso los trabajadores más afortunados -los que
trabajan para empresas extranjeras- presentan un panorama
sombrío.
Aunque el gobierno cubano afirma que ha reducido el desempleo
de un 7.9% en 1995, a un 3.3% en 2002, el examen detallado
de las estadísticas sociales y laborales sugiere fuertemente
que la razón para este declive es el "desempleo
escondido": los que están desempleados, más
los trabajadores que han sido despedidos y que reciben compensación.
De hecho, la tasa de desempleo de 3.3% fue calculada tomando
como empleados al 94% de los 100,000 trabajadores azucareros
despedidos en 2002 que estaban estudiando, así como
a los 320,000 trabajadores agrícolas urbanos (por ejemplo,
aquellos que cultivan verduras a tiempo parcial). Excluyendo
estos dos grupos, el desempleo se aproxima al 12%. Para aquéllos
que están empleados, los salarios reales han disminuido
en un 50% desde 1989, y el salario promedio equivale a US$10
al mes. Los trabajos mejores son los de la industria del turismo,
hacia el que se orientan muchos profesionales y estudiantes
que han abandonado la Universidad.
Las medidas que se tomaron en 1990 para liberar parcialmente
la economía (por ejemplo, permitiendo a los granjeros
vender parte de su cosecha en el mercado abierto) han sido
reversadas desde 1996. Es más, a pesar del problema
de desempleo en Cuba, el gobierno ha tomado acción
contra el empleo por cuenta propia y las actividades privadas
relacionadas con él. Entre las medidas tomadas se incluye
elevar al triple el costo de las licencias, y subir las tarifas
a los empleados por cuenta propia en el equivalente a seis
veces la tarifa anterior; impuestos mensuales altos ($850)
por los comedores que operan en casas particulares (paladares)
y por las habitaciones alquiladas a turistas (con multas considerables
por violaciones); no emisión de nuevas licencias para
los paladares; el cierre de galerías de arte privadas;
y prohibiciones contra los servicios de taxi privados para
turistas. No es sorprendente que el número de trabajadores
por cuenta propia ha decaído en más de un 50%
desde 1995.
En la economía cubana, controlada por el Estado, el
gobierno es prácticamente la única fuente de
empleos, y ejercita un estricto control sobre los derechos
laborales. Las opiniones políticas de los trabajadores
inciden sobre las decisiones de contratación y despido.
Están prohibidas las agrupaciones independientes de
trabajadores, y quienes intentan constituirlas son acosados,
detenidos, amenazados con ser sometidos a juicio, o presionados
para abandonar el país. El control del gobierno cubano
sobre los derechos laborales se extiende también al
creciente sector de la inversión extranjera, donde
las compañías provenientes del exterior solo
pueden contratar o despedir empleados cubanos a través
de agencias de empleo controladas por el gobierno.
Cuba solo permite una confederación de sindicatos
controlados por el estado, la Central de Trabajadores de Cuba
-CTC-, cuyo mandato se orienta a abrazar "la lucha por
la defensa del socialismo y sus principios". Sin embargo,
las obligaciones de Cuba bajo la Declaración Universal
de Derechos Humanos requieren que garantice el derecho a constituir
sindicatos y a adherirse a ellos. En esencia, las leyes cubanas
y los modos de actuar no cumplen, en numerosos aspectos, con
los estándares laborales internacionales que Cuba se
ha comprometido a sostener, a pesar de que el gobierno cubano
ha ratificado multitud de tratados internacionales de protección
al trabajador.
Un repaso de la situación de los trabajadores empleados
por empresas extranjeras en Cuba ilustra la situación
de los trabajadores en Cuba, incluso en un ambiente de trabajo
altamente cotizado. Durante la década pasada, Cuba
ha ampliado sus esfuerzos para atraer a inversionistas extranjeros.
El gobierno señala que ha atraído $5,400 millones
en inversión extranjera desde 1990. (La inversión
real equivale a $2,650 millones, y una parte de esta cantidad
corresponde a créditos financiados por el gobierno
de Cuba). Los sectores principales son los de turismo, energía,
minería y telecomunicaciones, con España, Canadá,
Italia, Francia y México como principales fuentes de
capital de inversión.
Para cortejar a los inversiónistas internacionales,
Cuba ha adoptado varias leyes que controlan estrechamente
los derechos de los trabajadores en las empresas sostenidas
por inversión extranjera. El gobierno es el que tiene
en sus manos la selección, reclutamiento, pago y despido
de los trabajadores. Incluso en empresas extranjeras, está
prohibido constituir sindicato, discutir o negociar de forma
independiente derechos laborales, salarios y beneficios con
los empleadores. Estas restricciones de los derechos laborales
fueron creadas para atraer a los inversionistas extranjeros.
Se aplican asimismo en las Zonas Libres de Impuestos y en
los Parques Industriales (Ley 165). Sin embargo, como apunta
Human Rights Watch, el gobierno cubano se beneficia tambien
de este arreglo, no solo por el valor de la inversión
internacional a largo plazo, sino también por el pago,
convertible en moneda extranjera, que las agencias de empleo
controladas por el Estado reciben por todos los salarios de
los trabajadores.
Aunque el gobierno no ha revelado qué porcentaje de
los salarios de los trabajadores llega en último término
a manos de éstos, y qué porción es retenida
por el gobierno, algunos analistas independientes calculan
que las compañías pagan al estado cubano US$100
mensuales, de los cuales el estado remite al trabajador 100
pesos, y conserva el resto. En sustancia, el trabajador cubano
recibe el 3.8% del salario ganado, al cambio actual del peso
por el dólar (26 pesos cubanos = US$1). Como es de
esperar, las leyes que regulan la inversión extranjera
están en consonancia con las perniciosas prácticas
de derechos laborales en Cuba; y cualquier esfuerzo hecho
por los inversionistas extranjeros para mejorar las condiciones
de trabajo son rechazadas. Los extranjeros que violen estas
regulaciones, -por ejemplo, usar trabajadores que no están
empleados legalmente- reciben fuertes multas en moneda dura.
Al mismo tiempo, dadas las regulaciones actuales referidas
a los derechos laborales, la inversión extranjera lleva
consigo un alto riesgo de convertir a las compañías
extranjeras en cómplices de los abusos de los derechos
laborales llevados a cabo por el gobierno en Cuba. Como ocurrió
en el caso de las maquiladoras en Honduras, en el que Nike
tuvo que responder a citaciones, se trata de una publicidad
que las compañías y sus accionistas preferirían
no tener.
Incluso otra restricción relacionada con el trabajo
-no codificada por la ley, pero sutilmente practicada- se
refiere a la discriminación racial en la industria
turística. Aunque las leyes de trabajo cubanas la prohiben,
la gran mayoría de los cubanos empleados en operaciones
turísticas son de piel clara. Y como son las agencias
de empleo controladas por el gobierno quienes llevan a cabo
la contratación para la industria turística,
así como para todos los sectores de la economía,
puede deducirse que el régimen practica activamente
la discriminación racial. Claramente, el aumento de
la inversión extranjera en el sector turismo está
empeorando la situación laboral para los cubanos de
piel más oscura.
De acuerdo a cualquier parámetro, los indicadores
laborales y el ambiente de trabajo en Cuba están en
continuo declive, como lo están las condiciones sociales
en general. El gobierno ha sido citado por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), por Human Rights Watch y
por multitud de organizaciones gubernamentales y no-gubernamentales
en todo el mundo, por sus graves violaciones a los derechos
de los trabajadores. No hay sector de la economía cubana
que esté exento de estas violaciones. Aunque quienes
laboran en el sector turismo y otros trabajadores empleados
por empresas extranjeras, así como los que se ubican
en el sector informal de la economía tienen una mejor
situación que casi todos los demás, son una
pequeña minoría. El cuadro completo ofrece pocas
perspectivas de mejora, y la "supervivencia" sigue
siendo el objetivo diario del trabajador cubano.
Jerry Haar es Investigador Asociado y Director del Programa
Interamericano de Empresas y Trabajo en el Dante B. Fascell
North-South Center de la Universidad de Miami.
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