miércoles , 19 junio 2024
Técnicos vietnamitas en Sancti Spíritus. (Granma/archivo)

Cansados de la ineficiencia cubana, los vietnamitas abandonan su exitoso proyecto del arroz

Sancti Spíritus (Mercedes García/14ymedio) – Los vecinos de La Sierpe, en Sancti Spíritus, pegaron este fin de semanas ojos y oídos a la televisión nacional mientras se daba la noticia de la visita oficial de altos funcionarios cubanos a Vietnam.

El tono de la nota difundida por el Ministerio de Relaciones Exteriores era exaltado. «Por Vietnam seguimos dispuestos a dar hasta nuestra sangre», llegó a decir en Ciudad Ho Chi Minh Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Partido Comunista y ex ministro de Salud Pública.

Lo que esperaban muchos residentes en La Sierpe era una mención que les devolviera la esperanza del regreso de los técnicos vietnamitas, que a mediados del año pasado rompieron su acuerdo de colaboración con la Isla para apoyar la producción de arroz en la zona e hicieron sus maletas para no volver.

«Con la salida de los vietnamitas todos perdimos», lamenta Diosdado, de 68 años y residente en las cercanías de la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro. «Llegaron hace 20 años pero se cansaron, porque esto era peor que arar en el mar, era arar en la ineficiencia», remacha el agricultor, uno de los productores del municipio que se benefició del acuerdo entre ambos países.

El proyecto de colaboración comenzó en 2002 y, además de proveer de equipamiento y maquinaria a los productores cubanos, durante este tiempo mantuvo a decenas de especialistas y técnicos vietnamitas en Cuba. La zona de La Sierpe fue la apuesta principal de esta colaboración y en su llanura se construyeron diques, limpiaron canales y se capacitó a especialistas locales.

Pero, con el paso de los años, el rendimiento de los campos arroceros no logró alcanzar las expectativas de los vietnamitas, que también tuvieron que lidiar con la torpe burocracia estatal, la falta de un suministro estable de combustible y la ineficiencia de la Empresa Agroindustrial. El puntillazo final a la relación ocurrió el año pasado, cuando la crisis de hidrocarburos se profundizó.

«Los técnicos vietnamitas exigieron una cuota de combustible para mantenerse trabajando, asesorando y conectados directamente con lo que pasaba en los campos», cuenta a 14ymedio Diosdado. «Pero casi nunca llegaba la cantidad que ellos necesitaban, hasta que les dijeron que tenían que ocuparse de autoabastecerse y que debían comprarlo en el extranjero y traerlo».

Al final, «la parte vietnamita no renovó el contrato cuando ya tocaba hacerlo, como se había hecho en años anteriores, y los técnicos se fueron», cuenta a este diario una empleada del área administrativa de la Empresa Agroindustrial. «Los jefes nos reunieron a inicios de este año para decirnos que los vietnamitas se iban, pero los del Partido Comunista nos advirtieron de que no se podía decir nada de lo que había sucedido».

Los empleados nacionales de la empresa se vieron ante un problema. «Había que mandarse a correr para buscar campesinos de la zona que quisiera pedir en usufructo parte de la zona de cultivo de arroz, para poder salvar la actual campaña, pero no se les podía decir por qué ya los vietnamitas no estaban», explica la trabajadora estatal.

«Pero la cosa no ha quedado ahí, ahora estamos en medio de un litigio con la parte extranjera porque dice que como el acuerdo no se renovó, se van a llevar a su país mucho del equipamiento que habían traído», cuenta. «Sin esas maquinarias se nos cae casi por completo la cosecha arrocera, retrocedemos en el tiempo».

En la cercana Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Mapos, que formaba parte también del proyecto, algunos productores afiliados sienten la partida de los vietnamitas como el preludio del derrumbe del sector en territorio espirituano. «Lo que se había logrado fue por la insistencia y la laboriosidad de ellos», reconoce un campesino local que prefiere el anonimato. «Era gente muy insistente, que desde que se levantaba estaba en el surco y conocedora de cada paso de este cultivo».

«Se logró mejorar mucho el rendimiento desde que ellos llegaron», reconoce el guajiro. «Ahora casi no se superan las tres toneladas de grano por hectárea pero cuando el proyecto con los vietnamitas estaba en su mejor momento, allá por el año 2015, se lograban sacar hasta cerca de cinco toneladas por hectárea. Parecía que el arroz no nos iba a faltar nunca en la provincia y cuesta creer la situación en la que estamos ahora».

En los mercados agrícolas espirituanos esta semana una libra del cereal se vendía en 160 pesos. «Y ni siquiera es un arroz bueno, tiene un porcentaje alto de granos partidos y los clientes lo compran porque no hay más nada, pero es un producto que más parece para alimentación animal que para poner en la mesa de una casa», puntualiza.

En el puerto de Nuevitas, Camagüey, otro empleado del departamento comercial confirma que «los vietnamitas sacaban buena parte del arroz que se cosechaba en La Sierpe por aquí para exportarlo, era parte del acuerdo: que ellos se quedaban con un porcentaje de la cosecha y lo vendían en el mercado internacional». Según esta fuente, los impagos de la parte cubana se debieron a toneladas del producto que se quedaron para el consumo nacional pero nunca se retribuyó el gasto a Vietnam.

En diciembre del año pasado, cuando ya se habían marchado los vietnamitas, la prensa oficial aludía a la debacle que estaba experimentando el sector y vaticinaba que para la campaña de frío se aspiraba a sembrar apenas unas 7.500 hectáreas de las hasta 13.000 a las que habían llegado con la colaboración vietnamita. Añadían que La Sierpe había sido «golpeada» por una «contracción de recursos que pone en peligro la subsistencia del escenario con mejor desarrollo en Cuba para el cultivo del cereal».

«De las 7.500 hectáreas previstas en el plan de siembra de frío hasta febrero, están protegidas con parte de los recursos alrededor de 2.600 hectáreas, para el resto no se dispone de insumos; los productores y las bases productivas se van a arriesgar a plantar el área con alternativas de medios biológicos», reconocía entonces Edemir Hernández Meneses, director técnico productivo de la Empresa Agroindustrial.

La realidad parece haber hundido aún más los malos pronósticos. «No nos llegaron a tiempo las semillas, no hay combustible para regar ni para mover a los trabajadores, ni hablar de los fertilizantes. Hubo campesinos que se arriesgaron a sembrar sin saber si iban a poder conseguir lo necesario para lograr la cosecha, pero la mayoría dijo que no, que así no se puede cultivar arroz», detalla Diosdado.

«La visita hoy al mercado Coop Mary y a la finca Smart N Green Joint Stock Company nos demuestra cuánto más podemos hacer en Cuba», publicó este lunes, con entusiasmo, Morales Ojeda desde Vietnam en su cuenta de Twitter. A miles de kilómetros de ahí, en las llanuras de Sancti Spíritus, los arroceros también saben qué hacer pero no tienen los recursos para lograrlo.