sábado , 25 mayo 2024
Grupo de supuestos "emprendedores" rumbo a Pinar del Río entre los que aparecen agentes de la Seguridad del Estado. (Daniel Abner Ramirez Rodríguez/Facebook/DDC)

¿Control o amenaza? El ‘romance’ del Gobierno cubano con las MIPYMES

En el caso de MIPYMES que no sean extensiones del poder, la ‘buena voluntad’ durará hasta que el castrismo estime.

La Habana (Rafaela Cruz, DDC) – Ahora que su mayor urgencia es evitar que la miseria sobrepase el umbral de tolerancia del pueblo cubano, el castrismo sigue dándole alas al sector privado para que contribuya a revertir la tendencia depresiva de la economía nacional. Pero, aunque esta urgencia haga improbable que actualmente el Estado arremeta contra las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), la duda no es si lo hará, sino cuándo.

Mientras dirigía una reunión de Gobierno sobre control económico, y después de subrayar «algunas distorsiones presentadas» en el sector privado, el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, anunció que se prepara «una norma que defina los mecanismos de control de estas figuras».

Es absurdo suponer que Cuba está cambiando como cambió China a partir de 1978. La cúpula castrista es una amalgama putrefacta de oportunistas, cobardes y mediocres incapaces de hacer verdadera revolución. Conscientes de que las condiciones objetivas de la Isla son muy diferentes a las asiáticas, egoístamente, para no arriesgar su poltrona, llevan 40 años evitando imitar un modelo evidentemente exitoso en lo económico.

La conclusión lógica es que los permisos —no derechos— concedidos al sector privado, son una táctica para reflotar ese sistema centralizado empobrecedor pero seguro, al cual el castrismo regresará tan pronto mejore la coyuntura económica, destruyendo en el ínterin a quienes se hayan enriquecido con la apertura, como mismo hizo con el plan maceta en los 90 y la ofensiva anticuentapropistas comenzada en 2016, que concluyó con la infame Tarea Ordenamiento. Si algo no ha escaseado jamás en la Cuba del Partido Comunista son pretextos para aplastar a quien prospere.

Como ha advertido Marrero Cruz, «la empresa estatal socialista es el actor fundamental, y los nuevos actores son su complemento». Siguiendo el ejemplo del terrible Procusto, el castrismo cercenará las piernas o la cabeza de todo aquel que sobresalga del molde.

En todo caso, de las casi 6.000 MIPYMES creadas durante el último año, pocas terminarán vivas el 2023. Un mercado signado por la improductividad, la escasez de recursos y mano de obra, y la inflación, es corrosivo para los negocios, más cuando hay tanta dependencia de la importación de insumos y bienes de capital partiendo de una moneda extremadamente débil.

Además, los emprendimientos reales tendrán que competir con esas MIPYMES conectadas a políticos, burócratas y militares, que ya florecen a la sombra de subvenciones encubiertas, acceso privilegiado al presupuesto estatal, concesiones ad hoc, favoritismo en contrataciones y demás ventajas de estar «apadrinadas». Ya es común que el principal, cuando no único cliente de muchas MIPYMES, sea el propio Estado, mediante sus dendritas provinciales o municipales, gubernamentales o empresariales: una nueva danza de los millones, extremadamente corrupta, está comenzando en la Isla.

Y es que el castrismo no aspira siquiera a desarrollar zonas de libre mercado (modelo chino), su propósito es multiplicar pequeñas y medianas empresas funcionalmente más eficientes que las actuales empresas estatales, y para ello está cediendo la titularidad a grupos privilegiados con permiso para enriquecerse, que serán quienes copen y controlen el mercado.

Frente al inevitable surgimiento en Cuba de una clase media-alta, abonada con las cenizas del extinto modelo fidelista, la estrategia del Gobierno es, según Alejandro Gil, ministro de Economía, «incorporar a los nuevos actores a las estrategias de desarrollo local, insertarlos en el ecosistema municipal, incluyendo los encadenamientos con la empresa estatal y el vínculo con el Gobierno»… en resumen, podrán ser privados, pero bien encadenados.

Una nota de color a tener en cuenta es que, aunque desde el Gobierno central insisten en que surjan MIPYMES estatales, hay una notable reticencia en los mandos intermedios a hacerlo; solo una de cada 90 MIPYMES abiertas es estatal, ¿será esto una rebelión encubierta de los poderes intermedios contra el alto mando castrista?

A los directores de empresas estatales y a los burócratas partidistas municipales y provinciales, más que MIPYMES estatales, les interesa insertarse en el sistema MIPYMES privadas bajo su «apadrinamiento», con las que mantendrán un vínculo parasitario aun cuando pierdan su actual cargo estatal.

En Cuba está bastante definida la familia real y la alta nobleza que detenta el poder, y ahora se está fraguando una burguesía que genere riquezas para financiar ese poder y sus lujos, explotando al resto como siervos de la gleba.

El objetivo económico del castrismo no es la prosperidad del país, sino la estabilidad del sistema, la que se logra mejor en un ambiente de escasez controlada donde el pueblo dependa del Estado, que en uno de rápido crecimiento económico donde la gente comience, aseguradas las necesidades básicas, a pensar en derechos y libertades.

El romance entre el Gobierno y las MIPYMES, al menos aquellas que no sean extensiones del poder, durará hasta que el castrismo estime que dejaron de serles útiles. Para ese entonces, ya tendrá preparadas las excusas y los «controles»; al fin y al cabo, el que hace la ley, hace la trampa.