miércoles , 22 mayo 2024
Mercado estatal.

El castrismo siempre pierde las competencias

El Estado ha demostrado incapacidad de competir con los cuentapropistas, a pesar de poseer todos los recursos de la nación.

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – En la edición del pasado 13 de agosto del periódico oficialista Trabajadores aparece un artículo en la denominada “La columna del lunes” que denota la animadversión que sienten los dirigentes cubanos y sus incondicionales hacia la competencia entre las empresas y entidades.

Es una enemistad que trasciende el marco del artículo en cuestión, el cual se refería, entre otras cosas, al éxodo de trabajadores de empresas productivas y unidades presupuestadas hacia entidades del turismo y negocios privados, en búsqueda de mayores ingresos personales. Se informó, por ejemplo, que en una unidad empresarial de base de la provincia de Cienfuegos, más de 90 técnicos y obreros de alta calificación habían abandonado esa fábrica en pos de mejores salarios en otras entidades o en el emergente sector privado de la economía.

Cualquier observador medianamente informado comprende que semejante ojeriza gubernamental, en el fondo, responde a la evidencia de que el oficialismo no está hecho para competir, sino para imponerse por la fuerza. Sobran los ejemplos que muestran la incapacidad del Estado, a pesar de poseer todos los recursos de la nación, para competir con los trabajadores por cuenta propia.

Comencemos con el caso de las educadoras de círculos infantiles. Llegó un momento en que el gobierno suspendió la entrega de nuevas licencias para ejercer como Cuidadoras de Niños por cuenta propia, pues los círculos infantiles estatales perdían capacidades debido al éxodo de su personal hacia el cuentapropismo.

Algo parecido sucedió con los trabajadores por cuenta propia que se dedicaban a la venta de ropa extranjera y a operar los cines 3D. El público prefería adquirir esa ropa y no la ofertada en las tiendas estatales. En el caso del cine, los cinéfilos disfrutaban en las pequeñas instalaciones particulares de una tecnología inexistente en las salas cinematográficas gubernamentales. ¿Y cuál fue la respuesta estatal? Pues el cierre, de un plumazo, de ambos negocios privados.

Recordemos que el decano de los viceministros de Cultura, Fernando Rojas, dio la cara –o lo mandaron a hacerlo– para insistir en lo “inadecuado” del mensaje que los cines 3D estaban llevando al público cubano, y en especial a los jóvenes. A propósito, ¿será este “papel de malo” que con frecuencia desempeña Rojas, el causante de que no acabe de dar el salto a ministro de ese sector?…

No podía faltar, por supuesto, lo acontecido con los mercados agropecuarios. Porque desde la primera versión de la venta liberada de productos del agro, los famosos Mercados Libres Campesinos surgidos en 1981, se dijo que el Estado debía competir con los particulares para que de esa manera los precios no se elevaran demasiado. Sin embargo, no hubo tal competencia –o la hubo y el Estado la perdió–, y al final la decisión oficial fue cerrar esos mercados libres en el año 1986.

Más para acá en el tiempo, al comenzar la actualización del modelo económico, el discurso oficial apuntaba a fortalecer la red de mercados estatales, a precios topados, para hacer frente a la faena de los mercados agropecuarios de oferta-demanda.

La realidad, empero, indica que esos mercados estatales solo están abastecidos los días que siguen a su inauguración –a veces con televisión incluida–, y después se suman en el desabastecimiento. A pesar de eso, la política gubernamental ha sido la de ir eliminando gradualmente los mercados de oferta-demanda. Y después hablan de protección al consumidor.

Documentos partidistas como los Lineamientos y la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo Socialista establecen dos métodos de actuación sobre la economía: los mecanismos económicos y los administrativos. Precisamente, entre los primeros, la competencia estatal con otras formas de gestión asume un papel importante.

No obstante, en la práctica es como si solo existiesen los mecanismos administrativos, ya que los gobernantes cubanos solo conocen de prohibiciones, cierres y confiscaciones.