lunes , 5 octubre 2026
Personas caminan por una calle oscura durante un apagón mientras un hotel permanece iluminado de fondo en La Habana, Cuba, 16 de septiembre de 2026. (Ricardo Arduengo / REUTERS)

El dogma y la escasez

Díaz-Canel descarta un regreso al capitalismo mientras la crisis económica vuelve a enfrentar las promesas oficiales con la escasez cotidiana.

La Habana (Sindical Press) – Miguel Díaz-Canel ha vuelto a insistir en que en Cuba no habrá espacio para un regreso al capitalismo, una declaración que reafirma la voluntad del Gobierno de preservar los fundamentos de un modelo económico que no ha logrado revertir el deterioro de las condiciones de vida de la población.

Aunque el mandatario recurra una vez más a un viejo mantra instalado en el imaginario político vigente en la Isla desde la proclamación del carácter socialista de la Revolución, el 16 de abril de 1961, su insistencia en blindar el modelo socialista frente a eventuales transformaciones revela los límites que el poder está dispuesto a imponer a cualquier proceso de reforma.

En ese contexto, resulta difícil esperar soluciones para problemas como la escasez de alimentos, los apagones, la falta de agua y otras carencias que forman parte de la cotidianidad.

Por tanto, el paquete de transformaciones anunciado no constituye en sí mismo una apertura hacia una economía de mercado. Se trata, más bien, de un reajuste del modelo económico socialista, presentado como una vía para dinamizar una economía con serias dificultades para generar riqueza y satisfacer las necesidades básicas.

“La respuesta es clara, rotunda, sin rodeo. No hay regreso al capitalismo”, enfatizó Díaz-Canel durante el estreno de su programa radial Criterio Compartido, transmitido por Radio Rebelde.

Persistir en el atrincheramiento ideológico frente a circunstancias que demandan cambios estructurales, sobre todo económicos, anula las esperanzas de un progreso material.

Sin un cambio político de fondo, resulta difícil esperar la articulación de una economía verdaderamente funcional.

En cambio, no faltarán las narrativas destinadas a proyectar la ilusión de soluciones mediante artificios retóricos y un pragmatismo limitado por las propias líneas rojas del sistema.

El objetivo de la clase dirigente continúa siendo salvaguardar el legado político de Fidel Castro y preservar un modelo que históricamente ha rechazado una economía de mercado como principio rector, así como el pluripartidismo político.

Díaz-Canel y el resto de los dirigentes se resisten a reconocer los resultados de casi siete décadas de un sistema político y económico que no ha conseguido garantizar prosperidad sostenida.

Sin una estrategia capaz de atacar las causas estructurales de la crisis, el Gobierno se empeña en ganar tiempo en una carrera cada vez más difícil de sostener.

“Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”, proclamó Fidel Castro el 16 de abril de 1961. Más de seis décadas después, aquella promesa contrasta con una realidad marcada por la escasez y el deterioro económico.

Una de las iniciativas promovidas ante la insuficiente producción de alimentos es “Desde el barrio, cultiva tu pedacito”, impulsada por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que alienta a las familias a aprovechar patios, parcelas y otros espacios disponibles para producir viandas, hortalizas, granos, frutas y condimentos.

La iniciativa puede contribuir al autoconsumo de determinadas familias y comunidades, pero difícilmente puede sustituir las transformaciones que necesita un sistema agrícola lastrado por la baja productividad, la falta de incentivos y recursos, y problemas de gestión.

Al ritmo que avanzan las dificultades, y con el Gobierno decidido a mantener las fronteras ideológicas que acaba de reafirmar Díaz-Canel, el deterioro económico amenaza con profundizarse.

La pregunta, entonces, ya no es únicamente cuánto más puede resistir la población, sino cuánto tiempo puede sostenerse un modelo incapaz de resolver las carencias que promete superar.

¿Sobrevivirá el socialismo cubano a su propia crisis?