miércoles , 22 mayo 2024

El pesado fardo del virus chino en Cuba

La Habana, Cuba | Cuba Sindical – Cuando una habanera se quejó por teléfono de la larga cola hecha para comprar carne de pollo, su prima en la oriental ciudad de manzanillo le corrigió presta. —Si hacen cola es que tienen algo que comprar. Aquí, ni eso. Ayer fui a comprar detergente y jabón, y la dependiente me dijo, ‘ya usted cogió pollo y aceite la semana pasada. Por eso, no se lo puedo despachar’.

Desde el 23 de marzo, cuándo se decretó oficialmente la parálisis del país para intentar controlar la epidemia creada por el “virus chino”, como se le dice popularmente al Covid-19, muchas cosas ocurrieron. Se clausuró la entrada de turistas extranjeros, el año lectivo, el transporte público y un largo etcétera, independiente de la poca propagación y baja mortalidad –2.100 enfermos y 85 fallecidos (de los cuales la mayoría eran personas mayores de 80 años, con enfermedades como hipertensión arterial, diabetes mellitus, cardiopatías isquémicas, además de cáncer del pulmón o garganta en fase terminal), lo cual hace pensar que más que víctimas de la pandemia son un dato agregado para mantener el estrés social.

Esteban Morales, un octogenario comunista disidente, comentó por teléfono desde su confinamiento sus sospechas de que la pandemia es utilizada por el “peor gobierno” de este país en muchos años para justificar su incompetencia y falta de liderazgo. “La epidemia justifica lo mal hecho y la falta de iniciativa para desarrollar nuevas propuestas en el plano económico y financiero”, dijo.

Martha Barreiro, una anciana del barrio La Curía, en Palma Soriano, comenta su pobreza: “Aquí no hay nada, mi’jo. Aquí no hay aceite, carne, ni vianda. No hay medicina. Tengo la diabetes en 27, imagínese, mi’jo. La situación es terrible. Y ni pensar en ir al pueblo”.

El barrio donde vive Martha está a unos 7 kilómetros de la cabecera municipal, y no hay cómo llegar. El transporte de personas es otro problema.

En Cuba, el 90 % de la población se mueve en medios públicos. Por eso, al cierre radical de este medio de comunicación interna, miles de ciudadanos quedaron aislados, y otros lejos de sus hogares, por razones hospitalarias, burocráticas o personales, sin opciones para regresar –y en medio del desabastecimiento generalizado y la falta de soportes financieros. 

El virus chino, con su tendencia al aislamiento internacional, fue un mazazo a la industria turística insular, la cual dejó de recibir miles de millones de dólares. Ahora, sin embargo, al desescalar la cuarentena, el gobierno decreta el regreso del apartheid turístico.

Una playa como Varadero, principal polo turístico nacional, tendrá una zona para cubanos y otra para extranjeros, viejo sueño de la dictadura, según nos dijo el especialista en turismo internacional Lázaro Kow: “Separar el nativo del extranjero es el sueño dorado del gobierno. Controla la economía alrededor del turista, evita la contaminación ideológica que traen los extranjeros, y mantiene leal la casta de trabajadores que laboran en esta área.  El virus chino es el argumento perfecto”.

Otra cosa que deja la pandemia es la presencia de Miguel Díaz-Canel en los medios de comunicación.  Sus intervenciones no calzan su actuación pública, todo lo contrario, provocan la burla de los ciudadanos, hastiados de palabrería inútil. En los últimos días, el presidente marcó el humor criollo cuando llamó al limón la base de todo, y la necesidad de que hubiera guarapo (jugo de caña de azúcar) para cubrir la dieta alimenticia. No está solo. Un conocido comandante de la revolución sugirió que se debiera comer carne de avestruz y jutía para paliar la falta de alimentos. A esa comparsa se une hace una semana Gerardo Hernández, el espía jefe de la red avispa, quien editó un tabloide donde invita a los cubanos a sembrar comida y criar conejos y gallinas en los patios de las casas. 

La persecución a los emprendedores y los pequeños negocios es otro ángulo del mismo fardo. Diariamente, en el noticiero estelar de la televisión se devela un caso donde fuerzas de seguridad allanan un almacén con cajas de cerveza, quintales de arroz o piezas de autos y motos importadas. No importa lo que sea, ni si es fruto de la inversión, del esfuerzo de una persona o su familia en el exilio. Todo es decomisado y el emprendedor llevado a juicio sumario, donde es condenado a años de cárcel. Según cifras no oficiales, son más de cuatro mil los casos de personas enjuiciadas durante la cuarentena, y se espera sean más. 

Por su parte, activistas democráticos denuncian las multas de hasta 120 dólares (el salario mensual promedio es de 20 USD) impuestas a informadores y youtubers por cubrir los problemas de la calle como las largas colas para comprar alimentos, la violencia y arbitrariedad policial, y otros incidentes a la orden del día. | julioaleaga@gmail.com