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GAESA, los obreros extranjeros y el tráfico de influencias

LA HABANA, Cuba, agosto 23, 2016 | Paulino Alfonso (www.cubanet.org) – Hace unas semanas la agencia Reuters fotografió en la Habana Vieja a algunos de los 200 constructores de la India contratados para la reconversión de la Manzana de Gómez en un hotel de lujo para la empresa suiza Kempinski Hotels.

Muchos se asombraron de que el régimen haya permitido la contratación de trabajadores extranjeros por la compañía francesa encargada de la construcción de ese hotel.

Según Reuters, estos indios reciben 1 500 euros mensuales. Los constructores cubanos cobran 30 CUC al mes.

Dicen que los extranjeros trabajan con más eficiencia y calidad, pero, aún con los indios, hay retrasos en la construcción del hotel Manzana y se usan reclutas del ejército como obreros de la Unión de Construcciones Militares

En la Cuba republicana se realizó por años la importación de mano de obra extranjera, fundamentalmente haitianos y jamaicanos, para la zafra azucarera. Esa práctica, pero ahora con destino a la construcción, parece haber sido retomada luego de los cambios raulistas.

La constructora Bouygues Batiment trabaja hace 18 años para la hotelera Gaviota, perteneciente al Grupo de Administración Empresarial (GAE) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El primer hotel que construyó, en 1998, fue en Puerto Pesquero, Holguín. Hasta hoy ha construido 20 hoteles, los tres últimos en Cayo Santa María, Villa Clara.

Su primer partner fue el difunto general Julio Casas Regueiro, tutor del exyerno de Raúl Castro, Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, actual director del Grupo GAESA. De ahí que Bouygues mantenga buenas relaciones con esta última, donde siempre tiene preeminencia en la licitación sobre otras firmas

Si esto no es tráfico de influencia, ¿cómo se llama ahora?

El régimen siempre ha limitado la contratación de extranjeros a cargos administrativos y de dirección por las empresas extranjeras. Los indios, que son electricistas, carpinteros, plomeros y albañiles, no se ajustan a esa definición. Aunque hay un tecnicismo en la Ley de Inversión Extranjera que establece que sólo podrían contratarse de manera excepcional “otras categorías”.

Desde que Reuters publicó las fotos, se ha impedido el acceso a los indios, que son trasladados en ómnibus desde su alojamiento al este de la capital hasta el sitio de la construcción y viceversa.

Ante las preguntas de la prensa internacional, Bouygues Batiment respondió con un breve comunicado donde explicaba: “Hemos reclutado 100% localmente y se ha construido una escuela para entrenar a los trabajadores a pie de obra y más de 150 empleados han sido entrenados allí durante los últimos cinco años”.

Si en Cuba hay miles de trabajadores mal remunerados, a quienes solo les queda emigrar, arriesgando todo para tener una vida honorable para ellos y sus familiares, ¿por qué no los contratan?

Si durante 20 años se han construido más de 50 hoteles con cubanos, ¿por qué ahora se contratan extranjeros?

Existen varias razones. Hay déficit de constructores. Primero, y sobre todo, por los 10 000 constructores que desde hace tres años trabajan en Venezuela en los programas de construcción de viviendas del gobierno de Maduro. Segundo, por el éxodo de miles de constructores que se han ido al exterior. Y tercero, por la cantidad de constructores que se han ido hacia las nuevas cooperativas, donde reciben un mejor salario que los ridículos 30 CUC mensuales que les paga el Estado.

Ahora el régimen culpa a los emprendedores de “crear un drenaje de trabajadores” que obligó a la contratación de hindúes a través de la Hotelera Kempinski. .

A pesar de la “apertura” raulista, en la isla funcionan hace 22 años 13 agencias empleadoras estatales que funcionan como intermediarias entre los inversionistas extranjeros y el trabajador cubano.

Estas agencias empleadoras se justifican con el argumento de que estas mantienen expedientes de sus “mejores” trabajadores para que estén disponibles cuando los inversionistas los precisen.

En realidad, son simplemente intermediarias que reciben el total del salario convenido con el inversionista y entregan un porcentaje mínimo al trabajador cubano.

Entre 1995 y 1996 trabajé en la remodelación de la entonces Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana, donde los cubanos solo recibíamos el 20% del salario quincenal en dólares.

Esta práctica ha obligado a muchos extranjeros a pagar “compensaciones” por las que, una vez descubiertos, podrían ser acusados de corrupción y encarcelados como ocurrió al canadiense Cy Tokmakjian y el Grupo Internacional Coral y a decenas más.

Para atenuar estos escándalos, el régimen declaró que solo en el caso del Mariel, el estado retiene el 20 % del salario del trabajador.

En realidad, antes de cobrar, el banco les retiene un 45% del salario en depósito como reserva

¿Por qué si la Ley de Inversión Extranjera incluye una cláusula que permite la contratación directa excepcional de trabajadores, no la usan todos los inversionistas?

El gobierno de Obama ha suplicado sin éxito al régimen castrista que elimine las restricciones vigentes para la contratación libre de los empleados cubanos.

Lo cierto es que muchos inversionistas extranjeros lo piensan tres veces antes de arriesgar su dinero en obreros impuestos por el régimen cubano, que mal pagados, no van a rendir ni a garantizar calidad en su trabajo.

palfonso44es@gmail.com