Autoridades impulsan la estevia como alternativa al azúcar, mientras persisten el colapso productivo, impagos agrícolas y dudas sobre su viabilidad.
La Habana (Sindical Press) – La mayoría de los cubanos observará con asombro el nombre de la planta que, según las autoridades, podría mitigar la escasez de azúcar de caña: un componente vital en la dieta de adultos, jóvenes y niños.
La estevia es el término que identifica a este pequeño arbusto, cuyo poder endulzante supera al de la caña.
Introducida en Cuba a inicios de la década de 2000 con carácter experimental, hoy se presenta como una alternativa prometedora.
Durante una reciente feria de negocios celebrada en la provincia de Artemisa, la planta fue exhibida como una posible solución al racionamiento, que induce a una escalada de precios en el mercado informal.
Sin embargo, el contexto no favorece el optimismo.
Conviene recordar que la producción de azúcar de caña en la provincia, y en el país, continúa en franco declive.
La única industria de este tipo que sobrevivió en Artemisa, tras el acelerado desmantelamiento de los 156 centrales existentes en el país por diversos factores —como la baja disponibilidad de insumos y combustible, el cese del apoyo soviético y la falta de fuerza laboral calificada— apenas produce hoy una fracción de los millones de toneladas métricas que se obtenían en las décadas de 1940 y 1950.
En la actualidad, la producción local apenas cubre el 40 % de lo planificado.
Las perspectivas de lograr producciones significativas de este edulcorante natural, originario de Paraguay, son inciertas.
Los obstáculos son múltiples: temporadas de lluvias copiosas, limitaciones tecnológicas y una estructura agrícola debilitada.
Pensar en una estrategia de cultivo extensivo es, por ahora, poco realista. Lo más probable es que el proyecto termine diluyéndose en discursos oficiales, artículos laudatorios y promesas recicladas.
A propósito de las suspicacias en torno a los objetivos de convertir a la provincia en uno de los lugares insignes en el cultivo de la estevia, se conocieron los impagos que enfrentan los campesinos de la provincia, ascendentes a cuatro millones de pesos, tras cumplir con las entregas acordadas con el Estado.
Con tales antecedentes, resulta legítimo preguntarse cuántos trabajadores estarían dispuestos a involucrarse en estas labores.
Sin capacidad económica para cubrir la demanda nacional mediante importaciones, y sin señales de una verdadera reactivación de la industria azucarera a partir de la caña —desmantelada desde 2002 bajo la llamada “Tarea Álvaro Reinoso”—, las insuficiencias parecen haber llegado para quedarse.
Con tantas promesas anteriores incumplidas, desde el vaso de leche prometido por Raúl Castro hasta el fracasado Cordón de La Habana de Fidel, que prometía suministrar café, frutas y vegetales a los capitalinos, el azúcar de estevia podría quedarse solo en titulares.