sábado , 25 mayo 2024
Liniero cubano (Foto del autor/CubaNet)

Las desdichas de los linieros eléctricos en Cuba

“El sindicato no nos ayuda y sinceramente no tenemos donde acudir. Es bueno que la prensa independiente publique nuestros problemas”.

HOLGUÍN, Cuba (Fernando Donate Ochoa/CN) – Desde la altura Vicente arregla un fallo eléctrico. Trabaja en “caliente” (línea energizada). De él depende el servicio eléctrico en una zona priorizada. Está contra el reloj y al mismo tiempo debe cumplir las medidas de seguridad: un descuido le costaría la vida.

“Es un trabajo estresante y peligroso. Estamos siempre bajo presión”, dice Vicente, que así se identificó para hablar con CubaNet.

El descanso lo considera un lujo. “Yo salgo de mi casa a las seis de la mañana y casi siempre regreso por la noche. Tengo cansancio acumulado y eso me perjudica”.

Su ocupación le impide dedicarle tiempo a su familia y a los compromisos hogareños. Quiere dejar el trabajo antes que finalice el año, “mi esposa y mis hijos me lo han pedido”. El suegro se encarga de las compras. “Yo no puedo estar largas horas haciendo cola en el mercado. Mi trabajo no me lo permite”, confiesa Vicente.

La importancia de su labor y los riesgos constantes a los que está expuesto no son recompensados económicamente. “El salario básico y los pagos adicionales por peligrosidad, nocturnidad y horas extras no alcanzan para los gastos de la casa. Todo está muy caro y los precios siguen subiendo”, dice Vicente.

Esta es una de las causas del déficit progresivo de linieros eléctricos. “Es un trabajo duro y mal pagado. Muchos se van y pocos entran. Hay plazas de linieros vacantes y los que estamos aquí asumimos toda la responsabilidad”.

A eso se une el incremento de las roturas por envejecimiento de las tecnologías y los aditamentos. Los deterioros más frecuentes se ven en los transformadores de distribución eléctrica. “La mayoría de los transformadores tienen muchos años de uso. Por su importancia esta es una de las roturas que tienen prioridad para resolver”, dice Vicente.

Los linieros eléctricos y los instaladores de postes eléctricos y telefónicos están entre las profesiones más difíciles y arriesgadas. Lidian con innumerables dificultades provocadas por la escasez de materiales y las piezas de repuesto. Están expuestos a un peligro con riesgo para la vida. Sin embargo, su salario no cubre las necesidades básicas. Esto ha provocado un déficit de mano de obra que complejiza aún más el desempeño de los que todavía trabajan en esta importante labor.

Los inconvenientes no han sido reflejados por la prensa oficialista cubana que solo se limitó a publicar hace diez años una queja por el retraso del pago, las pésimas condiciones de trabajo y la mala alimentación de una brigada de linieros pertenecientes a la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Empresa Eléctrica en Buey Arriba, en la provincia Granma.

“El sindicato no nos ayuda y sinceramente no tenemos donde acudir. Es bueno que la prensa independiente publique nuestros problemas”, agradece Vicente.

Manuel trabaja en una brigada que instala y sustituye postes eléctricos. “No tenemos respiro. La mayoría de los postes están deteriorados y ya muchos cumplieron los 25 años de su vida útil”, dice.

Casi dos años sin producir postes eléctricos en el país influyó en la acumulación de los problemas. “Tenemos que cambiar muchos postes, pero la plantilla de trabajadores no está completa. Demasiado trabajo y poco dinero a cambio”, resume Manuel la vivencia junto a sus compañeros.

Pablo es otro liniero eléctrico que decidió contar su experiencia bajo seudónimo a CubaNet. “Diariamente hacemos trabajos complejos con peligro para la vida”, confiesa.

“Tenemos que escalar un poste, trabajar en la línea y hacerlo bajo un sol intenso o bajo la lluvia, y hasta por la madrugada”, dice Pablo, que asegura que su salario no cubre el sacrificio. “Nos pagan 3 500 pesos mensuales más un por ciento por los riesgos y la nocturnidad. En muy pocas ocasiones cobramos casi 7 000 pesos al mes, que es muy poco si lo medimos con nuestro sacrificio”, comenta Pablo, quien confiesa que tampoco puede satisfacer las necesidades urgentes de su familia.

“Los zapatos para la escuela de mi hija me costaron 5 000 pesos, la mochila 2 500. Mi casa tiene techo de tejas y, cuando llueve, en algunas partes caen goteras por el deterioro del techo. También hay salideros en las tuberías. No he podido arreglarlos porque los materiales de la construcción están muy caros. Un saco de cemento cuesta 1 600 pesos. Mi salario y el de mi esposa apenas nos alcanza para comer”, detalla Pablo y menciona que la libra de cerdo está a 230 pesos, la libra de arroz a 60, el plátano a 10 pesos la unidad y el litro de leche a 55.

“La carga de trabajo nos hace sentir muy agotados y eso es peligroso para esta labor donde se necesita mucha concentración porque de ello depende tu vida”.