viernes , 12 abril 2024

Las zafras y la eficiencia que no llega

Como es costumbre, el sindicato oficialista se preocupa sólo de la productividad de los trabajadores a los que pretende representar.

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – En medio de una gran cobertura mediática por parte del oficialismo, se acaba de celebrar en La Habana la Segunda Conferencia Nacional del Sindicato de Trabajadores Azucareros.

De acuerdo con la información brindada acerca de este evento, dos asuntos descollaron en los debates. En primer término, y como ha venido sucediendo en todas las reuniones previas al XXI Congreso de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), a celebrarse en febrero de 2019, sobresalió el reclamo obrero por que se resuelva el problema del salario, que apenas alcanza para enfrentar la carestía de la vida.

El otro tema trascendente giró en torno a la eficiencia, ese peldaño cualitativo que parece haber desaparecido de los campos cañeros y de los centrales que muelen la gramínea. Veamos tres intervenciones que, de una manera u otra, se relacionaron con tal peliagudo aspecto.

El secretario general de la CTC, Ulises Guilarte de Nacimiento, abogó por un sindicato que funcione bien para alcanzar la eficiencia que precisa la rama agroindustrial azucarera. Claro, ya sabemos lo que significa el buen funcionamiento sindical para el mandamás de la CTC: que sea la correa de transmisión que sirva a las autoridades para que el mensaje político-ideológico llegue a los trabajadores.

Por otra parte, el segundo secretario del Partido Comunista, José Ramón Machado Ventura, devenido en un experto tecnólogo azucarero por obra y gracia del intrusismo económico alentado por el gobierno –muy distinta a la actitud gubernamental hacia el denominado “intrusismo profesional” en la cultura contenido en la repudiada Resolución 349–, pareció “descubrir el agua tibia” cuando afirmó que no se alcanzaba la eficiencia porque las cañas eran muy delgadas.

Correspondió al presidente del Grupo Empresarial Azcuba, Julio Andrés Pérez, interpretar el papel de malo de la película al advertir que si no se cumplía el plan de producción para la próxima zafra 2018-2019 –se piensa llegar a los 1 millón 750 mil toneladas de azúcar– no habría estímulos salariales en el sector. Sin embargo, aclaró que habría que producir con eficiencia.

Los que han seguido de cerca la trayectoria de la industria azucarera cubana durante los últimos tiempos saben perfectamente que la ineficiencia que caracteriza a ese sector no es un asunto privativo de las zafras más recientes. Tal vez habría que buscar la raíz del mal en la época en que Cuba era la suministradora del dulce a la Unión Soviética y las naciones que integraban el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Con ese mercado seguro, que además pagaba el azúcar de la isla a precios preferenciales, las autoridades cubanas no tenían por qué preocuparse en mejorar las variedades de caña y disminuir los costos de producción. No había competencia que los presionara. Mas, muy distinto se tornó el panorama una vez desaparecido el denominado “campo socialista”.

De pronto los cubanos comprendieron que su producción azucarera no era competitiva en los mercados internacionales. Entonces sobrevino la controversial decisión de Fidel Castro: cerrar la mitad de los centrales azucareros de la isla. Un cierre que dejó sin empleo a cientos de obreros del sector –algunos fueron enviados a “estudiar”–, y en el más total abandono a los bateyes de los centrales que se desactivaron. A propósito, si nos atenemos a lo publicado por la prensa oficialista, nada se discutió en esta Conferencia Nacional sobre la situación actual de esos obreros y bateyes.

En verdad no resulta fácil que el país cumpla con el referido plan de producción de azúcar en la próxima zafra. Informaciones recientes han señalado que algunos de los centrales que molerán no pudieron cumplir el programa de reparaciones que tenían asignado –un elemento a considerar, si tenemos en cuenta que la mayoría de las fábricas de azúcar tienen más de 100 años y su maquinaria agrícola posee 40 años de explotación. Además, se aprecia un éxodo de personal calificado que ha marchado a otros sectores en busca de mejoras económicas.

No obstante, tanto los sindicalistas oficialistas como la cúpula del poder seguirán soñando con una eficiencia que les sigue siendo esquiva.