miércoles , 22 mayo 2024
Hotel Habana Ciudad, una obra de la Empresa de Proyectos de Obras de Arquitectura No. 2 (Emproy-2).

Los militares de GAESA también explotan a los trabajadores cubanos

Ha trascendido que no les pagan lo establecido a los proyectistas de las empresas constructoras que diseñan sus instalaciones hoteleras.

LA HABANA, Cuba (Orlando Freire Santana / CN) – Hasta ahora sabíamos de los tentáculos de los militares de la entidad GAESA para apoderarse de los ingresos que genera la actividad turística en Cuba, además del dominio que vienen ejerciendo, entre otras, sobre las empresas ETECSA y Habaguanex. Ahora bien, los trabajadores de estas empresas no están exentos de dicha manipulación.

Un reciente artículo aparecido en el semanario Tribuna de La Habana informa acerca de las relaciones de GAESA con una empresa perteneciente al Ministerio de la Construcción, dedicada a diseñar las instalaciones hoteleras que luego serán administradas por ese emporio castrense.

Nos referimos a la Empresa de Proyecto de Obras de Arquitectura no.2 (EMPROY-2), la cual, a pesar de los contratiempos que ocasionó la pandemia del coronavirus, obtuvo determinados logros productivos en el pasado año 2021.

Cerró el año con utilidades por encima de lo programado, una correlación positiva entre el salario medio y la productividad del trabajo, así como adecuados diseños en la Universidad de Ciencias Informáticas, las viviendas del Plan Malecón, el Residencial Flores, y los campismos Villa Kuka y Marbella.

Sin embargo, la EMPROY-2 está afrontando en los últimos tiempos un gran éxodo de personal calificado que pudiera dar al traste con su buen desempeño. Se trata de ingenieros, arquitectos, diseñadores y topógrafos que están moviéndose hacia otros sectores de la economía en busca de mejores horizontes.

Es verdad que la empresa ha enfrentado limitaciones con los medios de transporte encargados del traslado de su personal, además de la carencia de equipos e insumos que resultan muy importantes para la labor profesional de sus especialistas. Mas, casi existe consenso en el sentido de que la causa principal del mencionado éxodo son los salarios insuficientes que vienen percibiendo sus trabajadores, en especial los dedicados al diseño de las instalaciones hoteleras.

En el citado artículo de Tribuna de La Habana se expresa que “cuando de asumir el diseño de un hotel se trata, los contratos a firmar con la inmobiliaria Almest S.A., perteneciente al Grupo de Administración Empresarial S.A.-GAESA- resultan leoninos y pactan unos precios por habitación por debajo de las tarifas que hoy están establecidas”.

Es decir, que los militares de GAESA, a pesar de su gran poder económico al controlar varias de las ramas más lucrativas de la economía cubana, no se dignan a pagarles lo que les corresponde a los diseñadores de las instalaciones que conforman su ostentoso monopolio.

De esa manera se unen al engranaje castrista de explotación a los trabajadores cubanos. Trabajadores que, o no reciben los salarios que ameritan sus faenas productivas, o carecen de los medios adecuados para el desempeño de sus funciones. Y ni qué decir de los profesionales que cumplen misiones en el exterior, o los trabajadores que laboran en firmas extranjeras, quienes perciben sus salarios por intermedio de entidades gubernamentales cubanas.

No faltan voces que claman para que, amparada en la cacareada autonomía empresarial que el castrismo dice haber otorgado a las empresas estatales, la EMPROY-2 se lance a la búsqueda de nuevos clientes que satisfagan mejor sus expectativas, y les paguen lo suficiente para poder retribuir justamente a sus trabajadores. O sea, que se olvide de sus relaciones con GAESA.

Sin embargo, quienes así opinan olvidan que GAESA no es una empresa cualquiera en Cuba. Aunque les pague mal a sus contrapartes, aunque incumpla contratos, y aunque incurra en cualquier otro despropósito, siempre será defendida desde los niveles centrales de la economía. Por supuesto que nadie en el seno de la nomenclatura querrá buscarse un problema con el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja.