sábado , 15 junio 2024

Más ‘conciencia’ castrista, pero con MIPYMES para engañar a Biden

Lo que busca el régimen de Cuba con las MIPYMES es captar capital de EEUU amparado en la Ley Helms-Burton.

Los Ángeles (Roberto Álvarez Quiñones /DDC) – Cuando pasen muchos años y el castrismo sea solo materia de estudio de Historia de Cuba, los historiadores, al llegar al periodo final del régimen, recibirán probablemente la primera impresión de que los dirigentes de la cúpula dictatorial eran retardados mentales incapaces de darse cuenta de que el sistema económico comunista no funcionaba y que repetían una y otra vez las mismas cosas esperando tener resultados diferentes y magníficos.

Es casi seguro que así será, no sabemos cuándo. Pero en el presente los cubanos saben, por trágica experiencia, que esos gobernantes «revolucionarios» no son estúpidos, sino malas personas, crueles, que conforman una cofradía mafiosa que se ha hecho millonaria a costa de la explotación de la población, y engañando a media humanidad.

No obstante, la pregunta de los académicos del futuro es válida hoy también: ¿qué esperan los militares que usurpan el poder para hacer lo que de todas maneras habrá que hacer en Cuba, sea quien sea el relevo del dictador nonagenario, para acabar con el hambre y la miseria?

Porque lo más asombroso para los historiadores será cómo Castro II y sus compinches se empecinaron en ignorar que de los 35 países que «construían el socialismo» en el siglo XX, 33 de ellos (todos menos Cuba y Corea del Norte), lo tiraron a la basura por inservible. Y cómo en la propia cuna del comunismo, la Unión Soviética, un reformista (Gorbachov) quiso mejorar el sistema y lo que logró fue desmantelarlo y darle sepultura, pues no tiene arreglo posible. Y que en China tan pronto murió Mao Tse Tung adoptaron «la mano invisible» de Adam Smith, con parches estatales, pero capitalismo al fin.

Elevar la «conciencia» para que haya gran abundancia de todo

¿Y en Cuba qué? A elevar la «conciencia revolucionaria» para que haya abundancia de todo. Crease o no, así es, cual deja vu demencial. Hace unos días en La Habana tuvo lugar la II Jornada Económico-Productiva, Y allí, con el país en ruinas y la gente pasando hambre, sin transporte ni medicinas, apagones interminables, la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich, aseguró que lo que hay que hacer es mejorar las formas de gestión estatales para «garantizar el desarrollo y bienestar de los cubanos».

¿Y cómo hacer para garantizar el bienestar de los cubanos? La fórmula inédita, novedosa, genial, la dio el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Alejandro Gil: exhortó a conquistar un «alto grado de conciencia» revolucionaria en los directores, trabajadores, funcionarios estatales para que haya abundancia de todo.

Poco antes había admitido en la Asamblea Nacional que en 2021 más de 500 empresas estatales tuvieron pérdidas en cada mes del año. Y que en enero y febrero de 2022 ya unas 480 empresas estaban reportando pérdidas por 3.238 millones de pesos (135 millones de dólares). Para lo cual es necesario elevar la «conciencia revolucionaria», y asunto resuelto.

Pero al mismo tiempo que la mafia gobernante se burla de los cubanos, se apura en crear «empresas privadas» de mentiritas, y se vanaglorian de las más de 3.300 pequeñas y medianas empresas y cooperativas no agropecuarias, denominadas MIPYMES, que se han creado. Falso, es toda una gran tomadura de pelo, pues en rigor no son propiedad privada. Están acogotadas y férreamente controladas por el Gobierno. No tienen autonomía, ni libertad de acción, ni la capacidad para generar y acumular riqueza.

Se trata de una maqueta bien montada, no tanto para engañar a los cubanos, que no se tragan ese cuento, sino a la Administración del flojo presidente Joe Biden y sus asesores y funcionarios escorados a babor (izquierda) y hasta procastristas.

Sin duda las MIPYMES fueron creadas por la dictadura castrista con un doble objetivo: 1) desplazar y arruinar al cuentapropismo y a los pequeños negocios, de manera que no se pueda conformar en la Isla un gran sector privado pujante e independiente que le haga competencia al entramado empresarial transnacional militar GAESA; y 2) como disfraz de empresas privadas capitalistas independientes para engañar al Gobierno de Joe Biden, sobre todo a la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC).

«Tumbarle la plata» a EEUU

Lejos de posibilitar el crecimiento, empuje y éxito de los emprendedores cubanos, lo que busca la dictadura con las MIPYMES es captar la inversión de capital estadounidense en Cuba, al amparo de la propia Ley Helms-Burton que permite esas inversiones de EEUU en el sector privado de Cuba. Dicho en otras palabras, Castro II se propone con las MIPYMES «tumbarle la plata» a EEUU.

Y ya de entrada se anotó el primer gol. En mayo la OFAC autorizó por primera vez en 61 años una inversión en un «negocio privado» en Cuba, a cargo del empresario John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba, quien se ha negado a dar detalles de la inversión ni qué MIPYME será la receptora del codiciado (por GAESA) dinero fresco estadounidense.

Kavulich solo ha dicho que no es pura casualidad que a él le aprobaron hacer su inversión el 10 de mayo de 2022, y seis días después el Gobierno de Biden  anunció un relajamiento de las limitaciones a las remesas y de los vuelos a Cuba. «Si uno más uno es igual a dos, en este caso no cabe duda de que no es una coincidencia», aseguró el hombre de negocios estadounidense.

Parece que con Biden en la Casa Blanca es muy fácil engañar a la OFAC, le entidad oficial encargada de aplicar las sanciones a otros países. Y el equipo mafioso dirigido por el general López-Callejas y su ayudante Díaz-Canel está creando supuestas empresas privadas independientes que en realidad son estatales, o negocios de familiares e incondicionales de la cúpula dictatorial.

Burlarse de la Ley Helms-Burton, ese es el propósito primario del régimen, incluso por encima de aplastar al sector privado cubano. Y por eso arma lo que en inglés se conoce como decoys (muñecos) disfrazados de MIPYMES privadas, que en verdad son estatales o propiedad de la crápula que tiraniza a los cubanos desde mediados del siglo XX.

Hay que aclarar que en Occidente no hay MIPYMES estatales, por cuanto se trata de un concepto empresarial típicamente capitalista y liberal para ayudar al crecimiento económico y el bienestar social. Son todos negocios pequeños o medianos que todos los estados apoyan, y no al revés para utilizarlos como comodín para llenar huecos, competir con él y asfixiarlo con impuestos, enriquecer a los gobernantes, o suprimirlos con un simple decreto.

Además, las MIPYMES no pueden aumentar el PIB cubano si no hay una multimillonaria inversión de capital extranjero. Y ahí está el detalle. La descapitalizada Cuba necesita desesperadamente miles de millones de dólares de inversión extranjera, incluyendo tecnología, maquinaria, infraestructura, y know-how. Y nada mejor que engañar a la Administración Biden con señuelos capitalistas y obtener inversiones y créditos bancarios de EEUU.

Volviendo al principio, en el futuro los historiadores luego de creer inicialmente de que quienes dirigían la economía castrista eran idiotas, pronto se percatarán de no lo eran, sino que conformaban una cofradía de vividores militares y civiles abusadores, corruptos, criminales y mafiosos que odiaban a los cubanos y se hacían multimillonarios a costa de la pobreza y el hambre del pueblo.

Y en el dramático presente, a los cubanos de a pie lo que les importa es que el modelo socialista los hambrea y empobrece cada vez más y que, en vez de ser desmantelado de raíz, el dictador Castro II llega al colmo de disfrazarlo ahora de reformista, con falsas empresas capitalistas, a la vez que para consumo interno de la plebe explotada, repite las mismas comunistas arengas idiotas que lanzaba el dueto Fidel Castro-Che Guevara hace 61 años: elevar la «conciencia revolucionaria». Le zumba el mango.

¿Resucitarán también la «emulación socialista» y el «hombre nuevo», al tiempo que se enriquecen descaradamente con el «enemigo imperialista»?