sábado , 23 mayo 2026
Ceuentapropista en La Habana. (Perez/Reuters)

Plan económico de 2026: Más control, poco alivio

El ambicioso plan económico de Cuba para este año significa solo más control y poco alivio para trabajadores y emprendedores.

La Habana (Sindical Press) – El Gobierno cubano presentó su Programa Económico y Social para 2026, un detallado plan con 10 objetivos generales, 111 metas específicas, 505 acciones y 309 indicadores. Promovido como una “brújula” para superar la crisis, impulsar la producción, especialmente de alimentos, y estabilizar el sistema energético, el documento fue aprobado en abril tras consultar solo a sectores afines al oficialismo. A inicios de mayo, las autoridades reportaron 32 objetivos implementados y 65 acciones completadas.

Sin embargo, para el cubano de a pie —trabajadores estatales, sindicalistas independientes y pequeños empresarios— el documento resulta familiar: una ambiciosa planificación central que prioriza el control estatal por encima del alivio económico.

Los trabajadores, columna vertebral de una economía dominada por el Estado, ven poca esperanza de cambios significativos. Los datos oficiales muestran que el salario medio mensual subió a unos 6.930 pesos, unos 14 dólares, en 2025. En el papel parece un avance, pero, con una inflación del 13,4 % y una economía dolarizada, apenas equivale a entre 13 y 17 dólares al mes en el mercado informal. Los productos básicos suelen costar varios salarios. Los apagones, la escasez y la pérdida de poder adquisitivo continúan definiendo la vida diaria. El programa promete “trabajo digno” y protección social, pero muchos lo ven como parches que fomentan la dependencia en lugar del empoderamiento. El anunciado redimensionamiento de las abultadas plantillas estatales genera temor a la pérdida de empleos, con escaso apoyo para la transición.

Las voces laborales independientes son aún más escépticas y, sobre todo, permanecen excluidas. En la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) lo saben bien: enfrentan acoso, detenciones y descalificación oficial. La única central sindical permitida, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), está subordinada al Partido Comunista. No existe negociación colectiva real ni derecho efectivo a la huelga, a pesar del discurso oficial. Los críticos sostienen que el plan refuerza esta estructura sin ofrecer un camino hacia derechos laborales genuinos ni pluralismo sindical.

Los pequeños emprendedores, que aportan buena parte del escaso dinamismo económico reciente, también expresan profunda frustración. Aunque muchos mantienen cierto optimismo sobre sus propios negocios, la mayoría es pesimista respecto al futuro del país. Nuevas regulaciones, bancarización obligatoria, auditorías arbitrarias y el cierre de decenas de mipymes por supuestas deficiencias contables crean un clima de incertidumbre permanente. El programa mantiene a la empresa estatal socialista como “actor principal”, relegando al sector privado al papel de socio subordinado. Los emprendedores denuncian altos impuestos, acceso limitado a divisas, infraestructura deficiente y temor a controles arbitrarios o expropiaciones encubiertas. Muchos perciben que el sector privado es tolerado solo mientras sea útil y controlable.

En esencia, el Programa 2026 refleja más continuidad que transformación. Reconoce distorsiones internas, pero vuelve a enfatizar factores externos como el embargo estadounidense. Para trabajadores que luchan por sobrevivir, sindicalistas marginados y emprendedores atrapados entre la burocracia y la necesidad, representa otro ciclo de planes y metas, con pocas señales de que las penurias diarias vayan a aliviarse sin cambios estructurales profundos: derechos de propiedad claros, predictibilidad regulatoria, libertades laborales reales y espacio genuino para la iniciativa privada.

¿Este último sprint dará resultados o será otra promesa incumplida? Por ahora, muchos cubanos se reservan el juicio… y continúan huyendo.