viernes , 1 mayo 2026
CTC

1ro de mayo: la estafa del esfuerzo

La paradoja es evidente: se celebra al trabajador exigiéndole más trabajo sin salario, negando derechos laborales y dignidad en empleo.

La Habana (Sindical Press) – Hay una palabra que en la política comunista lo aguanta todo: “voluntario”. Es el comodín perfecto. Suena bien, parece inocente y cubre con barniz moral lo que en otros contextos se llamaría de forma precisa. En Cuba, “voluntario” no significa libre elección, sino participación dentro de un guion.

El Primero de Mayo debería ser sencillo. El día del trabajador. Un recordatorio de derechos laborales, salario justo y dignidad en el empleo. Pero aquí es otra cosa: mezcla de celebración política, demostración de fuerza simbólica, movilización militarizada. Siempre me pregunto: ¿si somos tan musicales, por qué no cantamos ese día?

Osnay Colina, no elegido, pero ya designado secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, convocó a los trabajadores a participar en marchas y actividades que se presentan como expresión de unidad nacional y defensa del trabajo.

Hasta aquí, el relato podría encajar en cualquier conmemoración sindical del mundo. El problema es que lo hizo desde un “trabajo voluntario” en un organopónico en Cojímar. En todas las provincias, los “mayorales” de la CTC hicieron otro tanto. Ahí el trabajo deja de ser lo que se celebra… y se convierte en lo que se exige.

Junto a la marcha, la consigna y la coreografía política perfectamente ordenada, aparecen jornadas laborales sin remuneración, presentadas como “aportes voluntarios”. Trabajo, en definitiva, sin salario. Y el trabajo sin salario es un pasatiempo, entretenimiento, recreo, fiesta.

Según Wiki, “el trabajo o labor (del lat. labōris, ‘esfuerzo’) es la ejecución de tareas que implican un esfuerzo físico o mental, y que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para satisfacer los deseos humanos. El trabajo es, por tanto, la actividad a través de la cual el ser humano obtiene sus medios de subsistencia, por lo que tiene que trabajar para vivir”.

La paradoja es evidente: se celebra el día del trabajador pidiéndole más trabajo, pero sin retribución. Se homenajea el esfuerzo… exigiendo su gratuidad. Y todo ello bajo una palabra que lo “suaviza”: voluntario.

El modelo no nace en Cuba, sino en Rusia. Tras la revolución de 1917 surgieron los subbotniks: jornadas de trabajo no pagado presentadas como gesto revolucionario. Impulsadas y celebradas por el poder soviético, se institucionalizaron como parte del deber cívico del nuevo ciudadano. La lógica es la misma: el trabajo no es solo salario, es moral. Y si es moral, puede exigirse sin llamarlo exigencia.

Así llegó a Cuba después de 1959. Su principal promotor fue un filibustero suramericano que defendía la noción del “hombre nuevo”: un individuo que trabaja por conciencia, no por incentivo. Una idea “simpática” en teoría, peligrosa en su aplicación.

Lo de voluntario sirve para mostrar que la obesocracia está al mismo nivel que los obreros. Incluso se unen en el surco para hacerse fotos. Pero no hay que olvidar que la casta regresa en su auto con matrícula estatal, mientras el trabajador vuelve caminando.

El resultado es un sistema donde la participación no siempre se impone por decreto, sino por entorno. Donde no acudir puede no ser ilegal, pero sí inconveniente. Y donde el lenguaje oficial insiste en que todo es voluntario, incluso cuando la estructura sugiere otra cosa.

El Primero de Mayo, en este contexto, deja de ser una celebración. Es un espejo. Y no refleja orgullo laboral, sino la tensión permanente entre discurso y realidad. Entre la proclama y la expectativa.

Al final, si la palabra debe repetirse para ser creíble, quizá el problema no sea la palabra, sino lo que oculta.