miércoles , 22 mayo 2024
Artistas cubanos del Movimiento San Isidro.

Arte y civismo: dos caminos paralelos hacia un cambio en Cuba

El arte se ha convertido en un quebradero de cabeza para el régimen desde la aparición del Movimiento San Isidro

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – La mil veces proclamada continuidad del socialismo está en juego. El modelo económico que lo sustenta muestra evidentes signos de agotamiento y los miedos a expresar las insatisfacciones ceden ante el peso de los agobios existenciales que incluyen mayores niveles de racionamientos, auge de la inflación, merma sustancial del poder adquisitivo y escasez crónica.

Por otro lado, se multiplica el rechazo al inmovilismo oficial en el gremio de los artistas e intelectuales.

Están exhaustos de las falsas promesas, los obsoletos paradigmas ideológicos que moldean el funcionamiento de todas las instituciones del país y de una crisis generalizada cuyo origen, desarrollo y permanencia se deben a los caprichos de la clase gobernante, determinada a dirigir desde posiciones de fuerza y no mediante consensos y debidos niveles de racionalidad.  

El arte se ha convertido en un quebradero de cabeza para los mandamases criollos desde la irrupción en el panorama de la sociedad civil independiente del Movimiento San Isidro (MSI), una agrupación formada por reporteros, artistas, escritores e intelectuales que decidieron enfrentar sin medias tintas las leyes que limitan o prohíben la libertad creativa y otras que criminalizan la libertad de expresión.

Su comienzo en la lucha cívica estuvo marcado por la lucha contra el Decreto 349 –concebido para eliminar las manifestaciones artísticas independientes–, finalmente engavetado tras una sostenida campaña de protestas.

Tras un activo accionar desde su fundación en diciembre de 2018, acompañado de detenciones, amenazas y allanamientos, sobre todo contra Luis Manuel Otero Alcántara, uno de sus fundadores, el Movimiento San Isidro (MSI) se ha convertido en un referente en la lucha por un cambio que provea las bases para el establecimiento de un Estado de Derecho.

El arresto y posterior condena del rapero Denis Solís el pasado 9 de noviembre, por un supuesto delito de Desacato, la huelga de hambre protagonizada por varios activistas en la sede del MSI exigiendo su libertad y el violento desalojo que le siguió fueron los detonantes para que se gestara una presencia multitudinaria de artistas, actores, cineastas, escritores e intelectuales frente al Ministerio de Cultura el pasado 27 de noviembre.

Más de 400 jóvenes se apostaron allí exigiendo ser escuchados por el máximo representante de la entidad, Alpidio Alonso. Finalmente, tras más de 10 horas de espera, fueron recibidos por el viceministro, Fernando Rojas. Durante el encuentro de 3 horas, se fijaron acuerdos, la mayoría incumplidos y la continuación del diálogo –al parecer roto definitivamente luego de la agresiva campaña mediática y las descalificaciones del presidente designado Miguel Díaz-Canel.

El despliegue de tropas especiales en diferentes puntos de la capital después del desalojo de los 14 activistas apostados en la casa de Luis Manuel Otero y la subsiguiente jornada de insultos y acusaciones, incluida la de terroristas, en la prensa plana, la radio y la televisión, subraya la nula disposición de la élite gobernante a permitir el disenso.

Más allá de las demostraciones de fuerza y la habitual impunidad, el régimen enfrenta una delicada situación social y económica con posibilidades de que también alcance al espectro político a mediano plazo.

La dictadura fue retada al más alto nivel por un grupo de jóvenes hastiados del mismo discurso que sirve de tapadera a un desastre de incalculables proporciones. El país está literalmente en ruinas y abocado a un serio empeoramiento de las condiciones de vida en los próximos meses.

Lo ocurrido no es cualquier cosa en el espacio de una dictadura neoestalista.

No hay dudas de que más jóvenes estarán dispuestos a manifestar su rechazo a partir de este episodio que ha servido para abrirle otro hueco a la ripiada legitimidad del partido único. Acallarlos con palizas o a tiro limpio en las calles sería la antesala de un final que aún puede evitarse.

De cualquier forma, el cambio llegará. A estas alturas de la historia para nadie es un secreto que el socialismo solo funciona en las planas del diario Granma y en los noticieros.

En la vida real es una suma de catástrofes que no se han podido enmendar en sus casi 62 años de existencia.