sábado , 25 mayo 2024

Avanza el descrédito del castrismo, la OIT lo confirma

El informe señala sin rodeos las consecuencias que se derivan por el hecho de defender derechos eliminados hace medio siglo.

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – Las conclusiones emitidas por el Comité de Libertad Sindical de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a partir de los informes presentados por la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC), sobre las medidas punitivas de la policía política contra sus miembros, revelan una vez más la naturaleza represiva del régimen de La Habana contra las personas que cuestionan la supremacía del partido único y sus entidades afines, en este caso las del ámbito sindical y laboral.

Las detenciones arbitrarias, las condenas a privación de libertad, las amenazas, allanamientos, confiscaciones y órdenes que prohíben la salida temporal del país son, como se refleja en el documento, medidas que se repiten bajo un manto de ilegalidad, aunque los representantes del poder totalitario insistan en darle visos de legitimidad a sus acciones abiertamente violatorias de las libertades fundamentales.

Queda claro que no existe espacio alguno para el ejercicio de un sindicalismo con los necesarios márgenes de independencia para una funcionalidad real y efectiva.

En Cuba se impone el punto de vista de una élite compuesta por militares y burócratas que impiden, a toda costa, las posibilidades de organizarse al margen del Estado.

Quienes lo intentan, están condenados a sufrir los estigmas del odio de por vida, realidad que explica los cuantiosos daños físicos y psicológicos que soportan los protagonistas de estos actos a favor de un cambio desde las anquilosadas estructuras socioeconómicas y políticas amparadas por el férreo estatismo de raíz marxista-leninista hacia una democratización integral que provea los instrumentos para la instauración de la economía de mercado, el pluralismo político, las descentralización del mercado del trabajo y la creación de centrales sindicales, cuyo rol no esté condicionado a las decisiones de un grupo de poder hegemónico, como sucede desde la creación de la oficialista Central de la Trabajadores de Cuba, en los inicios de la tristemente célebre revolución socialista.

El informe provisional de la OIT recuerda en uno de sus acápites que el régimen cubano ha ratificado el Convenio 87 sobre libertad sindical y la protección del derecho de sindicación y el Convenio 98 sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, así como el Convenio 135 sobre los representantes de los trabajadores, hechos que evidencian el olvido de los firmantes.

En la práctica niegan esos compromisos con la sistematicidad del abuso institucional contra una variada representación de integrantes de la ASIC, sobre todo contra su secretario general, Iván Hernández Carrillo, quien fue condenado a 25 años de prisión, en la primavera de 2003, debido a sus actividades prodemocráticas vinculadas al ámbito sindical y a las denuncias de las flagrantes violaciones de los derechos humanos.

Por otro lado, es oportuno resaltar algunas de las recomendaciones del Comité de Libertad Sindical, que demuestran la credibilidad alcanzada por esta agrupación independiente, fundada en octubre de 2016.      

Y cito textualmente: “Remitiéndose a sus conclusiones anteriores, el Comité insta al Gobierno que garantice el reconocimiento de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC), así como su libre funcionamiento y ejercicio de actividades sindicales”.

Asimismo, también alude en otro de sus párrafos el asunto de los impedimentos para viajar al exterior de algunos de sus miembros, llamando al gobierno a abstenerse de “restringir indebidamente el derecho de los dirigentes y afiliados de la ASIC a organizar y ejercer libremente sus actividades sindicales, incluso cuando las mismas sean celebradas en el exterior del país”.

Los señalamientos mostrados cuentan, sin rodeos, las consecuencias que se derivan por el hecho de defender una serie de derechos eliminados, por decreto, hace más de medio siglo.

Cuba no es la tacita de oro que suelen promocionar en los noticiarios. Se trata de un país sometido a la voluntad de una élite corrupta y explotadora y, por si fuera poco, literalmente en ruinas, más allá de los oasis turísticos que construyen algunas empresas del primer mundo, aprovechándose de la mano de obra barata que ofrecen los capataces del socialismo criollo.

El informe redactado por la entidad perteneciente a la OIT ofrece la oportunidad de asomarse a la amarga realidad de Cuba sin los afeites de la propaganda que describe un sistema casi perfecto.