El llamado de Díaz-Canel a transformar el modelo económico repite el eco de propuestas y discursos que no han funcionado.
(Redacción Martí Noticias) – En lugar de enfocarse en una reforma estructural, el reciente llamado del gobernante Miguel Díaz-Canel a transformar el modelo económico de Cuba repite el eco de propuestas y discursos que no han funcionado en las más de seis décadas de gobierno socialista en la isla, señalan expertos.
En su intervención ante el Consejo de Ministros, Díaz-Canel hizo un recuento de las crisis económicas anteriores y propuso un grupo de medidas que mantienen intacto el modelo de planificación socialista centralizada y la propiedad estatal como base del sistema económico.
“Cuba tiene un serio problema y llegó al punto de no retorno. Ellos tienen que transformar la economía, ellos tienen que irse del país. Cuba necesita una reforma estructural de su economía. Mientras que se continúe con discursos que no resuelven realmente la problemática, están abocados a un estallido social de proporciones inciertas”, dijo a Martí Noticias el economista Joel Brito, director ejecutivo del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba.
Para el experto, el de Cuba es un modelo agotado en todos los aspectos: desde el punto de vista político, económico, social e ideológico.
“La población cubana lleva muchísimo tiempo ya en una situación social, en una situación económica, la salud pública es un desastre, la falta de electricidad, la situación de la alimentación…En los últimos años, los cubanos escapaban de la isla por diferentes vías irregulares hacia Estados Unidos. Esa válvula de escape se cerró. Nadie le otorga créditos a Cuba, las remesas han disminuido, no hay acceso al petróleo, las ocho termoeléctricas siempre tienen un problema diferente…”, enumeró Brito.
De acuerdo con un análisis compartido en la red social X por el economista Pedro Monreal, cuatro elementos afectan la credibilidad de la convocatoria realizada por el gobernante cubano: “no asumir la crisis estructural, reticencia a aceptar el término reforma, mantener líneas rojas de la conceptualización, y un “error de casting””.